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Trump retoma las sanciones contra Irán ante el estancamiento de la guerra

La administración Trump busca aumentar la presión financiera sobre Teherán para forzar concesiones en las negociaciones. Washington pretende que Irán abandone su programa nuclear y garantice la reapertura del estrecho de Ormuz. Teherán rechaza que las nuevas sanciones puedan obligarlo a ceder y acusa a EE. UU. de recurrir nuevamente a la presión económica

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a colocar las sanciones económicas en el centro de su estrategia frente a Irán, mientras los esfuerzos para alcanzar una salida negociada al conflicto permanecen estancados.

De acuerdo con información citada por Reuters, la administración estadounidense considera que los meses de ataques militares han debilitado significativamente la economía iraní y que un mayor cerco financiero podría aumentar la presión sobre el Gobierno de Teherán.

Washington busca que Irán acepte dos condiciones principales: el abandono de su programa nuclear y la reapertura total del estrecho de Ormuz al tránsito de buques petroleros y gasíferos.

Trump afirmó el lunes que Irán no debería esperar compensaciones en un eventual acuerdo de paz sin que Estados Unidos también reciba algo a cambio. El mandatario sostuvo además que la economía iraní se encuentra en una situación crítica.

“Están quebrados”, afirmó Trump ante periodistas al referirse a la situación financiera de Irán.

Washington aumenta la presión económica

La Casa Blanca denomina “Operación Furia Económica” a la campaña de presión financiera que mantiene contra Irán desde abril. Como parte de esta estrategia, el Departamento del Tesoro evalúa nuevas sanciones contra países y entidades que compren petróleo iraní o mantengan relaciones financieras con Teherán.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha comparado estas medidas con el efecto financiero de la campaña militar.

Sin embargo, especialistas advierten que las sanciones pueden tardar más tiempo en producir resultados. Richard Nephew, investigador de la Universidad de Columbia y antiguo responsable de la estrategia de sanciones contra Irán durante la administración de Barack Obama, cuestionó además que Washington haya definido con precisión el objetivo final del conflicto.

Entre los objetivos planteados por la administración Trump figuran impedir que Irán desarrolle un arma nuclear, garantizar la navegación por el estrecho de Ormuz y limitar las capacidades iraníes de misiles balísticos.

El estrecho de Ormuz mantiene la tensión

La guerra también ha generado repercusiones sobre el mercado energético internacional. El estrecho de Ormuz, por donde circulaba aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial antes del conflicto, permanece prácticamente cerrado.

La interrupción del tránsito por esta vía estratégica ha elevado la preocupación sobre el suministro internacional de petróleo, gasolina, combustible para aviación y gas natural.

Los precios del crudo aumentaron el lunes después de que los mercados interpretaran las declaraciones de Trump como una señal de que las restricciones al transporte marítimo podrían prolongarse.

Desde Irán, el portavoz de la Cancillería, Esmaeil Baqaei, rechazó que las nuevas sanciones puedan obligar a Teherán a modificar su posición y acusó a Washington de recurrir nuevamente a la presión económica ante la falta de avances diplomáticos.

La economía iraní enfrenta un fuerte deterioro

El conflicto ha profundizado las dificultades económicas de Irán. El Fondo Monetario Internacional estima una contracción de 5,4 % de la economía, mientras que el Gobierno iraní ha reportado una inflación anual de 88,6 %.

El Departamento del Tesoro estadounidense sostiene además que las exportaciones de petróleo iraní disminuyeron desde unos 1,8 millones de barriles diarios antes de la guerra hasta menos de 500.000 barriles diarios durante el último mes.

Washington considera que las sanciones y el bloqueo naval de puertos iraníes le proporcionan herramientas adicionales para incrementar la presión durante las próximas semanas.

La administración Trump apuesta así por combinar presión militar, restricciones al transporte marítimo y sanciones financieras para intentar modificar la posición de Teherán, aunque todavía no está claro si esta estrategia permitirá destrabar las negociaciones y conducir a un acuerdo que ponga fin al conflicto.

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