Francia refuerza seguridad ante nuevas protestas y disturbios
La tensión social en Francia ha alcanzado niveles alarmantes. Ante "numerosos llamados en redes sociales a cometer abusos" y "saqueos", el gobierno ha decidido desplegar a 70.000 policías y gendarmes para evitar nuevos disturbios durante las protestas programadas para el sábado. Este movimiento se produce tras uno de los episodios de violencia urbana más significativos en años, a solo seis meses de las elecciones presidenciales que decidirán el futuro del país.
Las manifestaciones comenzaron a finales de septiembre, impulsadas por estudiantes de secundaria que exigían mejoras en las condiciones educativas. Sin embargo, pronto se transformaron en un movimiento nacional, alimentado por la creciente indignación ante el aumento del costo de vida. En lugar de ser un espacio de diálogo, las calles se convirtieron en escenarios de violencia y saqueos.
El sindicato estudiantil Renouveau lycéen, representado por Nathanaël Combary, expresó su descontento tras una reunión con el presidente Emmanuel Macron, instando a mantener "el pulso" con el gobierno mientras esperan anuncios de medidas el lunes. Sin embargo, el margen de maniobra del gobierno es escaso, dado que es una minoría en el Parlamento y se enfrenta a la presión de aprobar un ajuste fiscal para reducir la elevada deuda pública.
La situación económica ya es precaria: el rendimiento de los bonos soberanos a 10 años ha superado el 5%, un nivel no visto desde 2002, lo que refleja el temor de los inversores sobre la capacidad del Estado para manejar su deuda. A pesar de esto, la agencia de calificación Moody's decidió mantener su calificación de Francia en Aa3 con perspectiva negativa.
El ministro del Interior, Laurent Núñez, ha señalado que muchos de los disturbios son atribuibles a "grupúsculos de ultraizquierda" —como antifascistas y anarquistas— que se han unido a "delincuentes oportunistas", en su mayoría jóvenes de los suburbios, para llevar a cabo saqueos. En este contexto, el primer ministro Sébastien Lecornu advirtió que "el nivel de amenaza sigue siendo elevado", con un enfoque particular en la "ultraizquierda" y "la delincuencia".
La situación se complica aún más con un ataque "terrorista" y presuntamente "racista" ocurrido cerca de París, que dejó un muerto y varios heridos, lo que añade presión a las autoridades sobre la seguridad pública. En respuesta a los disturbios, el gobierno ha descartado imponer el estado de emergencia, optando por medidas como toques de queda parciales y prohibiciones de manifestaciones no autorizadas.
Con la nueva jornada de protestas en el horizonte, muchos comerciantes en París han decidido proteger sus negocios con tablones de madera, mientras que otros consideran no abrir sus puertas. "He visto bates de béisbol, barras de hierro y escopetas de caza", advirtió el presidente de las Cámaras de Comercio e Industria de Francia, instando a los comerciantes a "bajar la persiana" y dejar actuar a la policía.
Los museos más emblemáticos de París, como el Louvre y el Orsay, permanecerán cerrados el sábado, reflejando la gravedad de la situación y la preocupación por la seguridad en la capital francesa.
