Editorial | María Corina Machado, entre adulación y realismo
16 meses ha sido el tiempo transcurrido desde las elecciones de julio de 2024. El mundo exigió actas que nunca se mostraron y Nicolás Maduro se afianzó en el poder.
María Corina Machado, quién es reconocida como la gran articuladora de una oposición real, sigue sin poder concretar un avance medible y efectivo hacia una transición.
No es cosa fácil lograrlo tampoco, pero ella ha logrado un efecto esperanzador masivo, que, sin embargo, se diluye por cada minuto que pasa.
Hay que aceptarlo, pese al despliegue militar de EEUU en el Caribe, el bombardeo de narcolanchas y la muerte de 67 hombres en altamar, el venezolano en las ciudades se concentra en sus urgencias y cada vez presta menos atención al ramillete de amenazas de Washington contra Miraflores.
SE PIERDE FUERZA
Todo se configura ahora para que el objetivo de la transición pierda fuerza.
Tenemos por un lado la dura campaña del Gobierno de Maduro para sumar apoyos. Pusieron a pronunciarse incluso a la Unión Europea, han logrado que China y Rusia, que en las primeras de semanas de tensión se mantuvieron en un silencio incómodo para la élite de chavismo, asumieran una posición más combativa en contra Trump y amenaza sobre Venezuela.
Esto aderezado con la narrativa ambigua y desconcertante de la Casa Blanca que ahora se sitúa en contra de las políticas de “cambios de gobierno”.
O que el propio Trump afirmara que no conocía a María Corina Machado poco después de que ésta ganará el Nobel de Paz que él tanto ansiaba.
Hay más ingredientes…. El cierre del Gobierno de Estados Unidos, Milei desde Argentina, asumiendo como “muy complejo que Maduro abandone el poder”, o el desespero de los medios norteamericanos que afirman un ataque inminente contra estructuras del Gobierno de Maduro que no terminan de ocurrir aún.
El Papa León XIV, como era de esperar, ya pidió acabar con la amenaza militar del Caribe.
Y ahí volvemos a María Corina…
LA RESPONSABILIDAD
Así como aglutinó un sentimiento para rescatar las libertades, una democracia efectiva y el cambio del Gobierno tras más de 27 años, ella tiene la responsabilidad como líder, no solo de dibujar las nuevas expectativas que se templaron a su alrededor, sino también de plantear estrategias que den resultados definitivos.
Su liderazgo no debería basarse mucho menos en sostener una imagen de lucha, si no de concretar una política eficaz para hallar el cambio.
Ella es conciente de los errores caudillistas y mesiánicos que hicieron y hacen retroceder al país y más aún de las falsas esperanzas tejidas con la desesperación de una sociedad que parece haberse acostumbrado a la frustración.
Si el despliegue militar de EEUU en el Caribe no consigue mover ficha en Miraflores y se retira, ella puede recibir un coletazo irreversible de esa frustración.
LA REVISIÓN
Se le antoja ahora mismo una revisión como líder de oposición y Premio Nobel.
Desde esta casa editorial, que hemos visto cómo se forjan líderes de oposición que se desmoronan o normalizan la convivencia con Miraflores, como un Manuel Rosales, un Henrique Capriles, un Tomás Guanipa o Gerardo Blyde, o los caudillos partidistas como Leopoldo López, Julio Borges o Henry Ramos Allup, creemos necesario que María Corina debe reinventar su política para protegerse de no caer en el mismo saco donde estarían los anteriormente nombrados.
El análisis apunta a que ella debe abrir un espacio para ampliar alianzas locales.
¿Por qué?
Porque se va notando que se queda sola. Le hacen un anillo, primero para aislarla, y luego confirmarla como la única voz autorizada de una oposición real a Maduro.
Y eso, como medio analítico, debemos apuntar que no es una verdad absoluta.
EVITAR LA ADULACIÓN AFIANZAR LA AUTENTICIDAD
María Corina debe hacerse a un lado de las tendencias pasadas al estilo de los “Guaidolovers”, aquellos anillos no aceptaban críticas al interinato de Juan Guaidó y cualquiera que expresara diferencias era calificado de aliado de Maduro y un traidor a la democracia.
Eso es exactamente la política de Miraflores.
Y lo peor es que esas narrativas terminan de permear hacia la propia sociedad que se resume en la misma matriz de opinión.
Recomponer una oposición real y efectiva no va de sectarismos, y va más allá de partidos políticos.
Es el momento oportuno de hacer una pesquisa de lo que ofrecen los venezolanos honestos y trabajadores, independientes, a los gremios, a la sociedad civil organizada de todo el país.
Ahí debe estar el encuentro alrededor de un proyecto que debe ser nacional y en compañía de todos.
El peor enemigo que hoy tiene el liderazgo de María Corina es el circo de aduladores que la mantienen aislada del realismo político y de ciudadanos con clara autenticidad en sus posiciones que pueden coincidir en la macropolitica y tener matices de diferencia en la forma.
Un estadista, a diferencia de un líder político, sabe que ante la grave crisis del país, es necesario escuchar y motivar el debate reflexivo por sobre la vocería de un solo partido.
Aquí, más allá de lograr una transición que logre reinsertar al país en una ruta de coexistencia social y política, es hacer posible la sostenibilidad a ese escenario.
Limitarse a un solo movimiento partidista es asumir un alto riesgo.
Hay que vacunarse para no caer en la adulación que muchos políticos en el pasado han caído.
EL JUEGO DE TRUMP
Washington tiene en su ajedrez a Venezuela como una Reina.
Pero no por la importancia de la libertad y el retorno a la democracia para un pueblo, sino por su valor geopolítico y energético.
Es igual para China y Rusia.
En esos tableros se juega con amplitud de negociaciones globales. Quién crea saber a qué juega Trump, Putin y Xi, es un bocazas.
Maria Corina Machado, como política, sabe que es así, y aún con esa medida, se coge del clavo ardiente que es Donald Trump, como un único agente de liberación.
Pero Trump es un negociador.
¿Puede ser el despliegue y la guerra al narco en el Caribe una jugada para negociar con Putin aspectos de la guerra de Ucrania, o para diseñar nuevas ventajas en las guerras comerciales con China?
¿Puede Trump estar moviendo sus fichas como un mero amago, muy potente eso sí, para ganar algo que aún no se ve a simple vista?.
Claramente sí.
En la escena también destaca el secretario de Estado Marco Rubio que también juega para afianzar su capital político concentrado en el lobby cubano-americano de la Florida que es sumamente grande y poderoso.
Él es claramente un aspirante a la Presidencia de EEUU así Trump se incline por el actual vicepresidente J.D Vance.
María Corina Machado debe entender en qué parte del tablero está.
Carlos Alaimo
Presidente- editor
