El diario plural del Zulia

El camarón sabe a opacidad en el deteriorado lago de Maracaibo

La expansión de la industria camaronera en el Zulia ocurre sobre un lago que ya enfrenta contaminación petrolera, aguas residuales y pérdida de ecosistemas, mientras la falta de monitoreo y datos públicos dificulta conocer cuánto aporta esta actividad al deterioro ambiental

“Antes uno pensaba en los derrames petroleros en el lago; pero había otro negocio millonario manejado por empresas, que se fortalece con camarones y de eso casi nadie habla, porque su sabor es opaco”, recordó Rosana Hernández desde La Cañada de Urdaneta.

El lago de Maracaibo no enfrenta una sola amenaza. El informe “Negligencia ambiental en el lago de Maracaibo”, elaborado por FundaRedes en 2023, advirtió que los derrames de hidrocarburos, las aguas residuales, los residuos y la falta de respuesta institucional habían convertido la contaminación del lago en una amenaza estructural y que se seguirá deteriorando por las futuras actividades comerciales. 

En el caso de la industria camaronera en el Zulia, hay una concentración de unas 14 500 hectáreas de piscinas, que representa el 76 % de la superficie nacional dedicada a esta actividad, según la Fundación Caribe Sur (FCS). Allí se cultiva principalmente el camarón blanco del Pacífico (Litopenaeus vannamei), una especie que crece en piscinas que dependen del agua del lago. 

El oceanógrafo José Delgado, de la FCS, aseguró que este modelo desplazó progresivamente parte de la pesca comercial del camarón blanco nativo (Litopenaeus schmitti) y convirtió a la camaronicultura en uno de los principales sectores de exportación no petrolera del país. Las estimaciones del sector ubican la producción nacional en unas 65 000 toneladas anuales, más de 90 % destinadas a mercados internacionales.

Cuando los nutrientes regresan al lago 

Las piscinas de cultivo del camarón blanco del Pacífico (Litopenaeus vannamei) requieren intercambio de agua con el lago de Maracaibo. Durante ese proceso, residuos de alimento, materia orgánica y nutrientes generados por el cultivo pueden regresar al ecosistema.

Según el oceanógrafo Juan José Cárdenas, también integrante de la FCS, el principal punto de atención está relacionado con los compuestos que permanecen en el agua después del cultivo.

“Las granjas reciben agua del lago, pero los alimentos no consumidos y las excretas de los camarones regresan al sistema si no reciben tratamiento previo. Eso incrementa el aporte de nitrógeno y fósforo”, expresó.

El exceso de estos nutrientes puede favorecer la eutrofización, un proceso que estimula la proliferación de algas y cianobacterias. Cuando estas mueren y se descomponen, consumen el oxígeno disponible en el agua, lo que puede generar condiciones adversas para peces, crustáceos y otros organismos acuáticos. Si el bajo nivel de oxígeno se mantiene, también puede alterar la composición de las comunidades que dependen de esas aguas.

El estudio “Variaciones espaciales de materia orgánica, nitrógeno y fósforo en sedimentos costeros del Lago de Maracaibo, estado Zulia, Venezuela” identificó diferencias en la acumulación de estos elementos asociadas a actividades humanas desarrolladas en la franja costera además de advertir que el incremento de nitrógeno, fósforo y materia orgánica puede favorecer procesos de eutrofización y acelerar cambios en las condiciones ambientales del lago.

Otro artículo titulado “Fauna macrobentónica en lagunas de cultivo de camarón blanco Litopenaeus vannamei en el lago de Maracaibo, estado Zulia”, analizó organismos presentes en los sedimentos de las piscinas de cultivo. Los investigadores encontraron especies que pueden afectar el manejo sanitario y productivo de las camaroneras y señalaron que el monitoreo de los sedimentos permite identificar cambios en las condiciones ambientales de los estanques.

La bióloga ambiental independiente Cristina Fiol sostiene que el mayor riesgo aparece cuando distintas fuentes de contaminación actúan sobre un mismo ecosistema.

“Cuando un lago recibe de forma continua aportes de nutrientes, materia orgánica y otros contaminantes, aumenta el riesgo de procesos de eutrofización. Esto favorece floraciones de algas y cianobacterias que, al descomponerse, consumen el oxígeno del agua y generan zonas con muy poco oxígeno o incluso sin él”, subrayó.

Las consecuencias de este deterioro también plantean interrogantes sobre la seguridad del producto destinado al consumo humano. Otros expertos consultados de universidades venezolanas, que prefirieron mantener su identidad en reserva, advirtieron que el contacto con agua contaminada puede exponer a los trabajadores a microorganismos capaces de causar infecciones, mientras que el consumo de camarones contaminados puede provocar diarreas y gastroenteritis. Aunque sin análisis del agua y de los animales cultivados en el Zulia, no es posible determinar si estos riesgos están presentes en los productos comercializados.

Un lago que ya venía con décadas de contaminación

La presión ambiental sobre el lago de Maracaibo no comenzó con la expansión de la industria camaronera. Durante décadas, el ecosistema ha recibido impactos asociados a derrames petroleros, descargas de aguas residuales, residuos sólidos y transformación de sus zonas costeras.

En 2009 ya se documentaban problemas de permisología e impactos de sus efluentes sobre el lago de Maracaibo. En 2023, el Instituto Municipal de Ambiente (IMA) tenía entre sus funciones la protección y conservación ambiental y la ejecución del Plan de Recuperación, Conservación y Desarrollo Sostenible de la Cuenca del Lago de Maracaibo y, en 2026, el Concejo Municipal amplió sus atribuciones de vigilancia y control ambiental.

Sin embargo, la acumulación de problemas dificulta determinar cuánto corresponde específicamente a una actividad económica y cuánto responde al deterioro general de la cuenca. La camaronicultura forma parte de un sistema donde distintas actividades aportan presiones sobre el mismo ecosistema.

Ernesto González, profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y responsable del Laboratorio de Limnología del Instituto de Biología Experimental, resume que la actividad camaronera puede convivir con el ecosistema siempre que exista un manejo adecuado de sus descargas y un monitoreo permanente.

“Las granjas están en tierra, junto a la costa, construidas como sistemas de piscinas; toman agua del lago mediante canales o bombas para llenar y renovar los estanques, pero los alimentos no consumidos y las excretas de los camarones regresan al sistema si no reciben tratamiento previo. Eso incrementa el aporte de nitrógeno y fósforo, nutrientes que alimentan el proceso de eutrofización que hace que el lago se convierta en una caja de resonancia de todo lo que ocurre en su cuenca”, explicó.

Esa fragilidad ambiental también ha sido documentada en las zonas de manglar y humedales. La investigación “Manglares amenazados por ecosistemas urbanos: caso la ciudad de Maracaibo, estado Zulia, Venezuela” registró el deterioro de áreas como Punta Capitán Chico y la laguna Las Peonías debido a la expansión urbana, acumulación de desechos sólidos, descargas de aguas servidas y otras actividades humanas.

No obstante, la contaminación petrolera es otra de las presiones históricas. Una auditoría realizada por PDVSA Occidente en 2017 sobre el proceso de saneamiento y remediación ambiental de la cuenca del lago de Maracaibo señaló que ocho unidades operacionales concentraban 86 % del petróleo derramado en Occidente durante 2016, equivalente a 80 099 barriles asociados a contaminación ambiental.

En inspecciones de campo, los auditores observaron contaminación con hidrocarburos en canales de entrada de agua y manglares cercanos a la camaronera Majagual. Esta granja de 49 lagunas pertenece al Grupo Inpromar —un consorcio de la familia Rangel Parra con un modesto portafolio de 7 empresas frente a las más de 60 que acaparaba el gigante competidor Grupo Lamar— y milagrosamente sigue activa en la carretera Potreritos del municipio La Cañada de Urdaneta desde 2004 debido a que sus barreras de contención evitaron que el petróleo ingresara a las piscinas de cultivo, salvándose de un desastre ecológico mientras opera bajo un hermético manto de "información confidencial" que borra cualquier rastro de sus movimientos.

Pero el camarón también arrastra una historia: Grupo Lamar no solo llegó a concentrar buena parte del negocio camaronero venezolano; sino que, desde siempre, sus operaciones se han desarrollado sobre un ecosistema del que las granjas captan agua para sus piscinas y al que pueden devolver materia orgánica y nutrientes, además de que la intervención estatal del conglomerado en noviembre de 2024, que terminó con el “rey del camarón” preso, junto con la llegada de operadores vinculados con capital turco y el intento de redistribuir las fincas entre privados añadieron una disputa política a un problema ambiental que también afectó a quienes viven de la pesca.

Entre la pesca artesanal y la producción industrial

Pedro Arias, expescador del lago de Maracaibo, recuerda que durante años distintas actividades podían coexistir en las zonas de trabajo. En su caso, la venta de camarones podía dejarle alrededor de 20 dólares en una temporada normal y alcanzar unos 40 dólares durante los meses de mayor demanda, entre agosto y diciembre, aunque el precio variaba según la cantidad y el momento de la venta.

“Antes podíamos trabajar en conjunto, cada quien hacía su actividad. Ahora ya no. El lago viene arrastrando problemas desde hace años y las máquinas de las grandes empresas se llevan lo poco que se puede rescatar”, relató.

Un episodio de esto ocurrió en agosto de 2024, año en el que trabajadores vinculados a la pesca denunciaron afectaciones económicas relacionadas con la proliferación de cianobacterias y reclamaron respuestas institucionales ante el deterioro de las zonas donde desarrollan sus labores junto a la expansión de Grupo Lamar. 

El economista Óscar Torrealba, del Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga (ICP), explica que la aparición de nuevos modelos productivos suele transformar actividades anteriores, pero advierte que sus efectos dependen de cómo se distribuyen los beneficios y costos. “Cuando una empresa ofrece empleo, optimiza procesos, abarata costos y entrega un producto de mejor calidad, todo esto sin alterar el medioambiente, eso implica el desplazamiento de sectores más tradicionales”, señaló.

Para Torrealba, en el Zulia, la transformación ocurre sobre un territorio especialmente rentable para la acuicultura: tierras extensas, temperaturas altas y aguas con nutrientes que favorecen el cultivo. Esa ventaja convirtió al camarón en una actividad capaz de atraer capital y generar divisas, pero también de reordenar quién produce, quién exporta y quién conserva su lugar en la economía del lago.

El desafío de saber qué ocurre dentro del lago

La Constitución establece el deber del Estado de proteger el ambiente y garantizar un equilibrio ecológico, mientras que la Ley Orgánica del Ambiente obliga a prevenir, controlar y reducir daños ambientales; la Ley de Aguas promueve mecanismos para proteger los recursos hídricos; y por último, la Ley de Pesca y Acuicultura  regula el desarrollo de la actividad acuícola y su relación con otros usuarios del espacio acuático. Y por si fuera poco, esta “normativa” también creó mecanismos de organización para el sector pesquero, como los Consejos de Pescadores, Pescadoras y Acuicultores (CONPPA), concebidos como “espacios de participación comunitaria en la gestión de la actividad”, pero que al final no pasan del papel ante el descontrol que existe.

Víctor Rujano, abogado ambiental y trabajador de Youth Congress for Sustainable Americas (YCSA), lo resume así: “Se deben implementar sistemas de tratamiento eficientes para no verter cargas orgánicas, nutrientes o químicos a las aguas y tampoco se cuenta con una data pública que permita analizar la situación del cumplimiento o no de estas obligaciones por parte de las empresas que hacen vida en las costas del lago”, argumentó.

Rujano señaló que existen mecanismos legales para exigir responsabilidades cuando una actividad genera daños ambientales, desde denuncias ante organismos como el Ministerio Público hasta procedimientos administrativos que pueden derivar en sanciones o revocatorias de permisos, pero considera que la ausencia de datos accesibles limita la capacidad de evaluar el cumplimiento de esas obligaciones.

Para organizaciones ambientales, la falta de monitoreo constante impide conocer cómo evoluciona la relación entre una industria en crecimiento y un ecosistema deteriorado y aunque el Centro de Documentación Ambiental del Lago de Maracaibo, impulsado por la Asociación Civil para la Conservación de la Cuenca del Lago de Maracaibo (ACLAMA), ha trabajado en recopilar información científica sobre la cuenca sus esfuerzos no sustituyen la obligación del Estado de tener políticas públicas permanentes de vigilancia, recuperación y acceso a la información ambiental, especialmente si tiene control empresarial de alto consumo.

"El problema con el lago es multifactorial, incluso desde Colombia también llega la contaminación a través del Catatumbo, y éste siempre va a buscar la forma de degradar y utilizar esos compuestos, pero eso implica un cambio en su equilibrio. Podemos reducir la cantidad de nutrientes que son vertidos al lago, pero volver a su estado original es muy difícil por los posibles cambios en la diversidad microbiana y alteraciones de fauna microscópica", subrayó Randi Guerrero, ecólogo acuático y profesor de la Universidad del Zulia (LUZ).

Guerrero señaló que el deterioro del lago de Maracaibo no puede atribuirse a una sola actividad y que factores como el crecimiento poblacional, las distintas industrias, entre ellas la camaronera junto con la alteración climática deben analizarse de manera conjunta para reducir la incertidumbre.

El 26 de julio de 2026 se solicitó por correo electrónico al Ministerio del Poder Popular de Pesca y Acuicultura (MinPesca) y al Instituto Socialista de la Pesca y Acuicultura (INSOPESCA) información sobre producción, empleo, permisos, regulación, supervisión ambiental, ubicación de las operaciones y situación actual del sector camaronero, pero hasta el cierre de esta publicación, no hubo respuesta.

A falta de certezas sobre su actual estructura, la revisión documental permitió seguir el rastro de 37 operaciones camaroneras en Venezuela, con énfasis en el Zulia, a partir de su ubicación, superficie reportada, año del dato, estatus, fuentes y observaciones de verificación.

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