Análisis: La CEV nos debe una enmienda
En el cierre de un año marcado por tensiones geopolíticas y una crisis interna persistente, el mensaje navideño emitido por la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) generó desconcierto.
“Llamado a la paz y la fraternidad”, ese fue el título escogido. Las críticas surgieron sin demoras por parte de la sociedad civil por querer ungir como un bálsamo de sanación el texto dedicado a los venezolanos.
El analista y ex parlamentario Johnny Diaz Apitz, subraya las complejidades de la Iglesia católica en un contexto polarizado como el venezolano, donde palabras como "paz" y "diálogo" han sido instrumentalizadas por el poder.
Para Apitz la indignación radica en la percepción de que el mensaje episcopal describe un país idealizado, ajeno a la realidad cotidiana de represión y desigualdad y argumenta que el comunicado actúa como una "manta de consuelo" que oculta heridas profundas en lugar de exponerlas.
Históricamente, la CEV ha mantenido una postura crítica hacia el régimen, como se evidenció en las denuncias del cardenal Baltazar Porras desde el Vaticano, donde fue objeto de ataques verbales por señalar la grave situación humanitaria y política.
Sin embargo, el mensaje navideño de 2025 parece desviarse de esa línea, evitando referencias directas a presos políticos, secuestros estatales o terrorismo de Estado, lo que para los críticos equivale a una omisión moralmente irresponsable.
Uno de los puntos más cuestionados es el uso de la frase "somos gente de paz", presentada sin contexto alguno.
En un país donde el miedo a la disidencia –a hablar, protestar o incluso opinar– es una constante, esta afirmación suena hueca, según Diaz Apitz.
Una interpretación que se soporta con reportes de organizaciones internacionales como Amnistía Internacional, que documentan miles de detenciones arbitrarias en Venezuela durante las últimas décadas. Al día de hoy hay más de 850 presos políticos.
Pero es que además el comunicado advierte que las acciones de militares en el Caribe están “ensombreciendo” la vida del pueblo.
Diaz Apitz invierte esta narrativa: la verdadera "guerra" es interna, declarada por el Estado contra su ciudadanía a través de represión, hambre, exilio y destrucción institucional. Al priorizar lo externo sobre lo interno, el comunicado parece desequilibrado, minimizando la violencia cotidiana –desde la persecución política hasta el colapso económico– que ha forzado a millones a emigrar, casi 9 millones ya según reportes de ONU y ONGs dedicadas al tema migratorio.
En 2025, con un salario mínimo pulverizado y una inflación galopante, esta omisión se interpreta como una desconexión de la realidad social.
Para Apitz la Conferencia Episcopal Venezolana ha sido, durante más de dos décadas, “una referencia moral y cívica frente a un poder que ha gobernado con autoritarismo, represión y desprecio por los derechos humanos”.
Y plantea que aún, con diferencias internas de enfoques, se convirtió en el contrapeso ético para defender a la sociedad civil toda frente a los abusos de Miraflores.
“Han sido muchos los obispos y prelados que, con valentía, asumieron posiciones firmes frente al chavismo y luego frente al madurismo, aun pagando costos personales e institucionales. Además de monseñor Baltazar Porras, deben mencionarse figuras como: Cardenal Rosalio José Castillo Lara, quien fue duramente atacado por Chávez y nunca claudicó en su defensa de la dignidad humana y la democracia. Monseñor Ignacio Velasco, Arzobispo de Caracas, claro y frontal en sus denuncias durante los primeros años del régimen. Monseñor Jorge Urosa Savino, cuya voz fue constante y valiente frente a los abusos del poder.
Monseñor Roberto Lückert, obispo de Coro, firme y directo en sus críticas al autoritarismo. Monseñor Diego Padrón, expresidente de la CEV, defensor del diálogo auténtico y de la institucionalidad democrática.
Monseñor Mario Moronta, quien en distintos momentos alzó su voz frente a las desviaciones del poder. Monseñor Víctor Hugo Basabe, hoy una de las voces más claras y contundentes en defensa de los derechos humanos. Monseñor Ovidio Pérez Morales y Monseñor Felipe González González, entre otros pastores que no guardaron silencio ante la injusticia”, comentó a Versión Final.
Elizabeth Sánchez Vega, de la International Solidarity for Human Rights (ISHR) y educadora venezolana experta en DDHH, afirma que la carta de la CEV es un "velo que oculta la agonía de un pueblo" y advierte que se lee más como una traición por omitir el “fraude electoral” del 28 de julio de 2024, los presos políticos y la represión.
Sánchez también señaló a la CEV de reducir la paz a una "caricatura diplomática".
Víctor Maldonado, analista y catedrático se ha sumado a las olas de críticas contra el comunicado y señaló a la Conferencia por "ignorar olímpicamente la causa eficiente de la situación venezolana", considerándolo "moralmente cuestionable y con razonamiento insuficiente".
