Asdrubal Oliveros | Un país que no se rinde
Esta ha sido una semana particularmente intensa de trabajo, pero también de esas que me permiten reafirmar algunas de las razones por las que sigo creyendo en las posibilidades de Venezuela. El miércoles estuve en Caracas, participando en el Pet Summit, un encuentro dedicado a un mercado que está creciendo y transformándose, como es el de las mascotas. El jueves viajé a Barinas, donde tuve la oportunidad de conversar con casi 300 empresarios, emprendedores y comerciantes interesados en comprender mejor la dinámica económica del país y las oportunidades que pueden surgir. Hoy estoy en San Cristóbal, donde mañana participaré en un encuentro dedicado al turismo, un sector con un enorme potencial y muchos desafíos por delante.
Más allá de las conferencias, las cifras y las presentaciones, lo que más me llevo de estos encuentros es la gente. Personas que, a pesar de las enormes dificultades que todavía existen en Venezuela, siguen apostando por sus negocios, buscando oportunidades, invirtiendo, haciendo preguntas y pensando en cómo crecer. Empresarios que no se han rendido, emprendedores que están construyendo propuestas y comerciantes que, después de años particularmente duros, mantienen la disposición de seguir adelante. Y eso, en un país como el nuestro, tiene un valor extraordinario.
A veces, cuando analizamos la economía venezolana, nos concentramos tanto en los grandes indicadores, en la inflación, el tipo de cambio, el crecimiento o las restricciones que enfrentan las empresas, que corremos el riesgo de perder de vista lo que está ocurriendo en el terreno. Y lo que veo en estos recorridos es un sector privado que, con todas sus limitaciones, sigue siendo una de las principales reservas de energía, iniciativa y capacidad de transformación que tiene Venezuela. No se trata de romantizar las dificultades ni de desconocer los problemas. Los conozco, los estudio y los señalo constantemente. Se trata de reconocer que, incluso en circunstancias muy adversas, hay personas que están haciendo su parte para construir un país distinto.
Venezuela necesita muchas cosas para recuperarse: estabilidad macroeconómica, instituciones sólidas, seguridad jurídica, financiamiento, mejores servicios públicos y reglas claras. Nada de eso puede sustituirse únicamente con entusiasmo o voluntad individual. Pero también necesita preservar y fortalecer esa capacidad de emprender, producir, arriesgar y generar empleo que encuentro cada vez que recorro el país.
Regreso de estos encuentros con muchas inquietudes, nuevas ideas y, sobre todo, con la convicción de que hay una Venezuela que no está esperando pasivamente a que las cosas cambien. Está trabajando para que cambien. Y creo que tenemos que hablar mucho más de ella, sin ingenuidad, pero también sin ese pesimismo que a veces nos impide reconocer nuestras propias fortalezas.
Porque si algo me deja esta semana es la certeza de que, a pesar de todo, hay un sector privado venezolano que no se rinde. Y eso merece ser reconocido, acompañado y, sobre todo, tomado muy en serio cuando hablamos del futuro del país.
Tomado del Substack
