Ángel Montiel | Luis Caldera: ¡Cállate!
El desplome eléctrico del Zulia dejó al descubierto la ineptitud del gobernador Luis Caldera. Mientras las familias padecen racionamientos crueles e inhumanos, en la propia cuna del petróleo, voceros como Caldera intentan maquillar este desastre humanitario que viven los zulianos con falsas promesas. Ante las repetidas mentiras de los gobernantes y la complicidad mediática, los ciudadanos exigimos una sola acción inmediata: que se callen la boca hasta que la luz regrese a los hogares. No tienen respuesta ante la necesidad de la gente.
El silencio también es una estrategia política, pero algunos prefieren el ruido de declaraciones vacías y sin contenido, como una mala imitación de Cantinflas. Luis Caldera personifica hoy a ese cómico mejicano cuando se empeña en hablar sin decir nada. En un momento donde el país exige respuestas claras, concretas y soluciones reales, su discurso fatiga. El zuliano ya no consume sus promesas gastadas.
La realidad de los venezolanos camina por senderos de urgencias económicas y sociales. Los ciudadanos miden la gestión pública por la calidad de los servicios y no por la estridencia de los micrófonos. Cada declaración de Caldera profundiza la brecha entre la retórica oficial y la cotidianidad de la gente.
Aquí radica la gran contradicción del discurso oficial, que pretende maquillar la realidad con la propaganda. Que alguien me explique por qué razón un estado generador de energía y baluarte de la industria petrolera carece de electricidad. El Zulia, que con sus recursos financió el desarrollo de todo el país, hoy se detiene a diario entre apagones y racionamientos inhumanos de seis, doce y hasta catorce horas diarias. Esta tragedia se agudiza ante la flagrante inutilidad de Corpoelec, una corporación estatal convertida en un cascaron vacío, incapaz de ofrecer un mantenimiento preventivo y diseñar una estrategia técnica seria para el estado.
El subsuelo zuliano produce la riqueza del petróleo que mueve los motores en otros países, mientras el Zulia colapsa por la negligencia. Seamos claros: no hay ninguna razón que justifique el deterioro estructural eléctrico del Zulia. Culpar a factores externos o al pasado ya no funciona frente a décadas de descarada corrupción, abandono e improvisación. La inoperancia de Corpoelec es el reflejo fiel de un centralismo ineficiente que destruyó el sistema eléctrico regional.
Resulta un contrasentido inmoral que las autoridades condenen a las comunidades a racionamientos severos mientras desbordan de luces las avenidas 5 de Julio y Bella Vista de Maracaibo. El oficialismo ampara este derroche bajo el absurdo argumento de “la tradición del encendido de las luces”. Es un absoluto cinismo anteponer el adorno político por encima del derecho humano elemental de tener electricidad en el hogar.
Cuando estos gobernantes hablan del tema eléctrico tratan de justificar lo injustificable. Repiten los anuncios de que Termozulia “volverá a renacer”, aun sabiendo que solo aplican pañitos calientes que no remedian la crisis eléctrica.
Anunciar soluciones ficticias cuando no hay resultados efectivos es la peor cara de la política. El pueblo zuliano no necesita campañas publicitarias ni propaganda barata, necesita kilovatios estables en sus hogares. Cállense la boca y, cuando la solución real esté lista y funcionando, entonces tendrán derecho a hablar.
Lo que hace Luis Caldera al intentar engañar con falsas expectativas es pura politiquería de la más baja calaña. Hablar de un sistema eléctrico en recuperación mientras la realidad destruye la salud mental y física es una falta total de respeto. La demagogia no enciende bombillos ni reactiva el aparato productivo de la región.
Resulta lamentable y triste ver como algunos colegas periodistas se prestan para este penoso sainete propagandístico. El periodismo debe fiscalizar al poder, no lavarle la cara a la ineficacia gubernamental.
Convertir las ruedas de prensa que no aportan nada nuevo en grandes titulares, traiciona la ética profesional y no ayuda en nada al sufrimiento del pueblo zuliano.
El Zulia reclama una gerencia eficiente, transparente y seria. Los tiempos de la propaganda terminaron y abrieron paso a la era de la exigencia de resultados. Si un vocero del régimen interino no tiene soluciones tangibles que ofrecer, por el respeto al ciudadano, debe dar un paso al costado del debate mediático.
Por eso, el reclamo es directo y sin intermediarios. La madurez política de la sociedad actual no tolera más distracciones ante una oscuridad planificada. Frente a la ineficacia, las falsas promesas y la verborrea estéril, la respuesta colectiva es una sola: Luis Caldera, por respeto a los zulianos, ¡cállate!.
