La estrategia de desgaste de Irán desafía la seguridad en el Medio Oriente
Los analistas podrían haber subestimado la resiliencia de Irán y su "eje de resistencia". En un lapso breve, dos frentes del conflicto en el Medio Oriente revelan más sobre la estrategia de desgaste a largo plazo de Teherán que cualquier victoria militar inmediata.
Las fuerzas hutíes, alineadas con Irán, culminaron una ofensiva que les otorga control efectivo sobre toda la costa del mar Rojo de Yemen, incluyendo el estratégico estrecho de Bab el-Mandeb. Este punto es crucial, ya que permite el tránsito marítimo de una porción significativa del comercio global, similar a lo que representa el estrecho de Ormuz para el petróleo iraní.
Simultáneamente, drones lanzados aparentemente desde Irak atacaron la tubería Este-Oeste de Arabia Saudita, que transporta crudo hacia el terminal del mar Rojo en Yanbu. Este ataque, que las milicias pro-Irán negaron, forzó el cierre de una arteria vital para el suministro energético del reino.
Este contexto es fundamental, pues semanas atrás, ataques aéreos conjuntos de Estados Unidos y Arabia Saudita habían resultado en la muerte de 20 miembros de las Fuerzas de Movilización Popular de Irak, quienes prometieron represalias. Así, el cierre de la tubería Este-Oeste, construida para reducir la dependencia del estrecho de Ormuz, se convierte en un golpe más en la prolongada campaña de desgaste de Irán.
La dinámica de este conflicto no se limita a victorias en el campo de batalla, sino que se entrelaza con el calendario político en Washington. A medida que Hormuz sigue siendo un punto de crónica interrupción para el flujo de petróleo y gas, el control hutí sobre Bab el-Mandeb eleva el costo de alinear a Riyadh con Estados Unidos, enviando un mensaje claro: el precio de la cooperación con Washington ha aumentado.
Los hutíes, por su parte, han intentado calmar las tensiones asegurando que el comercio marítimo no se verá amenazado, salvo para los barcos saudíes. Pero este es un mensaje dirigido más a Arabia Saudita que a la comunidad naviera global, subrayando el costo de su alineación con Estados Unidos.
La respuesta de Arabia Saudita ha sido notablemente contenida. El gobierno iraquí pidió públicamente a Riad que no respondiera al ataque, y por ahora, el reino ha optado por la calma. Esta decisión refleja una incertidumbre sobre si desea escalar el conflicto en Irak o Yemen, arriesgándose a una guerra en múltiples frentes.
Irán, aunque no puede ganar esta guerra en un sentido convencional, está apostando a que no necesita hacerlo; simplemente debe agotar la paciencia de la política interna de sus adversarios. La importancia del estrecho de Bab el-Mandeb no es menor: transporta aproximadamente el 10% del comercio global y un tercio del tráfico de contenedores, lo que incluye un flujo considerable de crudo y gas natural.
Con el aumento de los ataques hutíes, se prevé que el tráfico de petróleo a través del estrecho caiga drásticamente. Antes de los ataques, la línea Este-Oeste había alcanzado un récord de siete millones de barriles por día, pero ahora se enfrenta a un riesgo significativo de interrupción, lo que podría poner en peligro cientos de millones de dólares en ingresos por exportaciones.
El cierre de la tubería por Aramco fue una medida de precaución, aunque el daño físico a las estaciones de bombeo aún no ha sido verificado. Esta situación no refleja un Irán capaz de igualar el poder convencional de Estados Unidos o Israel, pero sí muestra su capacidad para incrementar los costos de la guerra a través de proxies.
La estrategia de Teherán no busca una victoria militar directa, sino que intenta hacer que el costo de la guerra, en términos de precios de energía y desvíos comerciales, se vuelva insostenible para una administración estadounidense que debe responder a un electorado cada vez más inquieto.
Con el precio del petróleo alcanzando recientemente los 108 dólares por barril, la Casa Blanca tiene incentivos para gestionar el conflicto en lugar de buscar una victoria decisiva. La pregunta que queda es cómo esta estrategia de desgaste afectará las políticas de seguridad en el Golfo en el futuro.
Arabia Saudita, al absorber un ataque directo sin represalias inmediatas, muestra una evolución en su postura, lo que podría indicar un cambio en la dinámica regional. A medida que la guerra se prolonga sin una victoria clara, la posibilidad de que actores regionales busquen acomodaciones mutuas se vuelve más plausible.
La reciente firma del acuerdo de Meca podría ser un paso en esta dirección, aunque su efectividad dependerá de cómo se desarrollen los acontecimientos en el futuro. La capacidad de Irán para prolongar este conflicto y afectar la política estadounidense será clave para determinar el rumbo de la región.
