El diario plural del Zulia

Rixio G. Portillo | Goebbels los premiaría

La receta de la propaganda nazis no desapareció en 1945 con el fin de la guerra, al contrario, cada vez son más los que intentan repetir la fórmula, mucho más en tiempo de redes sociales y comunicación digital.

El punto es que Goebbels, el artífice de la propaganda infame del nacismo, premiaría a quienes repiten sus prácticas, aprenden su lección y hacen del mundo y del país un lugar menos humano.

Es que si fuese un bingo se llevarían el premio del horror en tabla llena. Por eso, un recorrido paso a paso por esas leyes del nazismo que han calcado la casta de poder a pulso.

La primera: ley de la simplificación y la declaración de un enemigo único. Y vaya que lo han hecho, la reducción del debate en un solo personaje. Hoy tirios y troyanos concuerdan en el ataque al personaje único - ella -, que no cabe en el cálculo corrupto de las prebendas.

Segundo, el principio del contagio, la reducción en etiquetas. Esto no es nuevo, tuvieron un antecesor exitoso en poner etiquetas: escuálidos, p*ndejos, y pare usted de contar. La cultura del insulto como primicia. Se alimentaron de eso.

La regla de la transposición: Cargar sobre el adversario los propios errores. Es que las excusas se pueden sacar de cualquier parte, y se proyecta la responsabilidad propia, achacando la culpa al otro. Argumento desgastado después de casi tres décadas.

Ni hablar de la regla de exageración, que sirvió mucho antes del 3 de enero. Es que no hubo Vietnam, solo un grupito acomodándose al status quo.

El principio de vulgarización, que consiste en proponer narrativas menos inteligentes. No creo que esto necesite explicación. Nos creen tontos, y ni siquiera la tragedia de un doble sismo les hizo recapacitar. Eso de culpar a la gente por los tanques de agua en el interior de las casas, merece una mención especial en los premios Goebbels.

La muy famosa fórmula de repetir una mentira hasta que se convierta en verdad, lastimosamente, es el pan nuestro de cada día, aunque la emergencia humanitaria compleja, y el éxodo de ocho millones hablen por sí solo.

El silencio del adversario, en forma de bloqueo a páginas en internet, incluso hoy en esta Nueva etapa no deja de ser una realidad, una fragmentación editorial con la simple intención de imponer una versión desgastada y ya poco creíble.

Por último, un nacionalismo enfermo contra los demás, el problema es que alimentaron por décadas que los otros eran enemigos y ahora por esa actitud camaleónica quien antes era aliado ahora es traidor, y quien antes era traidor, ahora es un aliado.

El tema de fondo es la ética y la moral, y sé que más de uno se reirá de este diagnóstico.

Una opinadora “neutral” de la tragedia venezolana, de esos que ahora se multiplican, posteó que en vez analizar desde el deber ser hay que abordar la realidad desde lo que es.

Pero es que precisamente el renunciar al deber ser, a la ética, a la moral, al civismo llegamos a dónde estamos, llenando el álbum de baratija de Goebbels y dibujando a quien se merece su medalla de primer lugar en los premios del terror.

Rixio G Portillo
Profesor de ética y comunicación.

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