El diario plural del Zulia

Ramón Guillermo Aveledo | En defensa de la función policial

Respeto la función policial, esencial en una sociedad, por eso he pensado mucho antes de escribir esta nota que publico por interés y deber ciudadano de colaboración ante un problema que nos afecta a todos. No sé si en las regiones ocurre igual, pero en el área metropolitana de Caracas se ha convertido en un dato de la cotidianidad.

Cuando una moto con dos PNB se detiene al lado del vehículo, uno debería sentirse tranquilo y protegido, pero no es así. Sobre todo los adultos mayores y los jóvenes temen lo que frecuentemente ocurre, que te hagan seña para detenerte a la orilla. Principalmente en viernes o fines de semana, no en horas pico y sí en avenidas importantes.

Soy conductor cuidadoso y me ha ocurrido en los últimos dos años cerca de una docena de veces. Lo mismo me han contado personas que conozco. Siempre preparo los papeles (cédula, licencia, carnet de circulación, RCV, certificado médico, incluso trimestres que nunca lo piden) pero mientras lo revisan con evidente frustración por conseguir todo en orden, empiezan a señalarme una infracción inventada: comerse una luz detectado por un “semáforo inteligente”, que el carro tiene una multa no pagada, realizar una maniobra indebida o cosas inverosímiles como atravesarse a una caravana invisible, una vez del “viceministro”, pregunté de cual y se me respondió “del de la Defensa”, a lo que comenté mi extrañeza porque la escolta fuera policial y no militar. Otra vez, en la Avenida Andrés Bello, la caravana que habría interrumpido era la “presidencial”, nada menos. Imposible de toda imposibilidad, no sólo por la cantidad de vehículos y motorizados que ella implica sino porque había cadena de radio y el Presidente hablaba desde Fuerte Tiuna. Descubierto, el agente subió la voz y me reclamó que lo llamara “mentiroso”.

Después vienen amenazas más o menos veladas como si uno viene apurado o está nervioso, que la multa es muy elevada, que deberé recibir una charla o que pueden retener el carro o ir al comando. Invariablemente respondo que no hay problema, que no he cometido esa infracción pero que me ponga la multa y la pagaré donde deba y que iré a donde se me indique. Nunca he pagado ni ofrecido pagar y cuando me lo han planteado, advierto que no lo haré, sólo acataré la sanción correspondiente. Una tarde, en la Libertador, una agente me propuso que lo hiciera por pagomóvil.

Una mañana de diciembre, un agente que me venía “cazando” desde la Cota Mil, me paró en La Castellana. Llevaba el regalo de Navidad para mi barbero, una botella de licor. Tras buscar un motivo vio la botella en el piso y me dijo que venía bebiendo, lo cual era imposible a menos que fuera por ósmosis porque la botella estaba sin abrir, me ordenó seguirlo al “comando” pero de repente arrancó despavorido. Acto seguido, desde una camioneta vinotinto un señor que se identificó como comisario jefe se detuvo y me preguntó si me estaban pidiendo plata. Le dije que no todavía pero que me estaban preparando y le conté. Entendí la razón de la súbita huída del joven agente.

Recuerdo el proceso de creación de la Policía Nacional Bolivariana. En su momento, me dio la impresión de tratarse de una decisión bien pensada, lo cual no puede decirse que haya sido una característica de la denominada “revolución bolivariana”. Recuerdo a la doctora Soraya El Achkar quien explicaba con un profesionalismo que me generó esperanzas.

¿Qué quedó de todo eso? ¿Qué ha pasado? Como he dicho, me consta que hay en el cuerpo oficiales superiores con buena intención. El problema a veces se aplaca, pero sigue ahí y de pronto rebrota con fuerza. Puede ser baja remuneración, como alguna vez me dijo uno de los jóvenes funcionarios que me ha parado sin motivo, o acaso de decadencia en la formación o que el presupuesto y los programas han sido desbordados por los volúmenes de reclutamiento. En todo caso, las autoridades del Ejecutivo y la Asamblea Nacional, en su función de control del gobierno y la administración pública nacional (187.3 CRBV) deben tomar cartas en el asunto.

Y hablando de Constitución, tal vez sea desviación profesional o tema que debería estar al principio del artículo. La “…circulación y ordenación del tránsito de vehículos y personas en las vías municipales” es competencia del Municipio (178.2 CRBV) y la PNB es Nacional no municipal. Pero claro, un rasgo del subdesarrollo es que el gobierno, de arriba a abajo, cree que “La Constitución soy yo”, como titula Gaona, constitucionalista colombiano, su libro.

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