Luis González del Castillo | Venezuela: la guerra sin bombas
La guerra que se ha dado sin bombas en Venezuela comenzó aquel 15 de diciembre de 1999. Cuando ocurrió el deslave de Vargas, en lugar de enfrentar la tragedia con la prioridad fundamental de salvar vidas, atender heridos y socorrer damnificados, se prefirió politizar. Se le dio prioridad a la politiquería que Fidel Castro le indicó a Hugo Chávez Frías: lo más importante era no dejar que los Estados Unidos de América ayudara a los hermanos venezolanos.
El costo de esa decisión se midió en vidas: la Tragedia de Vargas dejó entre 10,000 y 30,000 muertos, con cifras de la Cruz Roja Internacional que llegaron a estimar 50,000 fallecidos. Fue el mayor número de víctimas mortales por un alud de barro registrado en el mundo.
Con los terremotos de 7.2 y 7.5 en la escala de Richter del 24 de junio de este año 2026, todos hemos presenciado un Estado absolutamente colapsado. Faltó un lineamiento claro para atender una tragedia que exigía que, en las primeras horas, el Estado venezolano pusiera todos sus servicios y capacidades para salvar vidas, socorrer heridos, atender huérfanos y sacar personas de los escombros.
El balance oficial del 8 de julio de 2026 reconoce más de tres mil fallecidos ya contabilizados, con 16,740 heridos y 17,907 personas sin vivienda. Pero las proyecciones y la tendencia, de acuerdo a la magnitud del desastre, indican que puede ser diez veces esta cantidad, lo que haría este desastre asimilable en número de víctimas al deslave de 1999.
¿Quién atendió eso? Una sociedad que tiene años luchando para que se respete su soberanía y su decisión de vivir en libertad y democracia.
Hoy, cuando ya nos aproximamos a tres semanas de la tragedia y vamos camino al 24 de julio, fecha en que nace el Libertador Simón Bolívar, los venezolanos de bien —los que recuerdan una historia de lucha para conquistar la libertad, la soberanía, la independencia y luego la democracia— nos damos cuenta de que llegó la hora.
Es una Venezuela cuya historia está signada por caudillos en búsqueda de un poder personalista para saciar sus apetencias y deseos de lujuria personal. Ha llegado la hora de conquistar la libertad y la democracia. Al lado de nuestro aliado fundamental que ha cumplido doscientos cincuenta años de historia de independencia y lucha democrática: los Estados Unidos de América, su capacidad organizativa, su desarrollo tecnológico y su capacidad institucional al servicio no solo de Venezuela sino de toda América.
Los venezolanos estamos listos para seguir las líneas maestras que nos indique nuestro gran aliado, junto a una Junta de Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional. No se puede esperar más. No hay credibilidad en ese pacto hecho con quienes pudieron haber sido eficaces en desmantelar las bombas que se colocaron en un campo minado, precisamente para obstaculizar la llegada de un nuevo equipo directivo.
La reconstrucción nacional tendrá que venir producto de la limpieza e identificación clara del terreno; de la demolición de obstáculos; de instituciones aberradas, completamente decadentes y pervertidas, que den paso a que la propia sociedad —como sacó de los escombros la vida de niñas y niños, como generó salvación a pesar de amputaciones y dolores— renazca.
Es el momento de renacer a través, simple y llanamente, de la definición de una Junta de Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional que tiene que ser nombrada de inmediato. Solo así Venezuela comenzará ese proceso de renacimiento que espera toda la nación, y será un ejemplo para América.
El presidente Donald J. Trump acompañará seguramente esa definición. Y todo el que se considere parte de un liderazgo nuevo, renovado y renaciente, también acompañará este mandato.
Ing. Luis González del Castillo,; Ph.D.
🇻🇪🇺🇸González del Castillo Estudios avanzados en Gobierno y Administración Pública.
Experto en Alianza del Sector Público y Privado.PPP.
Plan Maestro de Concesiones en Infraestructuras y Servicios Públicos Nacionales.
