El diario plural del Zulia

Peter Magyar, el hombre que admiraba a Orbán y acabó con él

¿Quién es Peter Magyar, el vencedor de Orbán en las elecciones de Hungría? Hábil comunicador, tanto en redes sociales como en campaña, el conservador de 45 años promete cambio, desmantelando "ladrillo a ladrillo" todo el sistema político de Orbán. Quienes conocen a Magyar dicen que es un perfeccionista que exige lo mejor de todos, es temperamental pero acepta disculparse

Hubo un tiempo no muy lejano, hasta que la ofensiva militar sin fin de Netanyahu y los atroces crímenes cometidos en Gaza entre otras consecuencias rompieron políticamente a Europa, en el que el Festival de Eurovisión, más allá de su carácter festivo y de su naturaleza de programa de televisión, era sinónimo de los mismos valores que están en el acervo comunitario. Diversidad, tolerancia, libertad o respeto a las minorías han sido durante algunas décadas esencia del certamen, un acontecimiento que va mucho más allá de lo musical. Hoy el Festival atraviesa una crisis existencial, justamente cuando se cumple su 70º aniversario, marcada por la presencia de Israel y el boicot de varios países fundamentales en el concurso, España incluida. Y es en estas circunstancias cuando cobra más relevancia que Eurovisión, al menos en lo que llevamos de siglo XXI, se hubiera convertido en el Festival que tanto ofende a nuestros tiranos y a los líderes de la deriva iliberal y antieuropea, luego trumpiana, con el ahora derrotado Viktor Orbán a la cabeza.

Tan es así que el flamante ganador de las elecciones legislativas en Hungría y próximo primer ministro, Peter Magyar, hizo oír su voz el pasado verano para reclamar que su país regresara al certamen. "Eurovisión es una plataforma europea que permite mostrar nuestra cultura y talento musical al mundo. Hungría necesita volver a estar presente en ese escenario y aprovechar su potencial artístico", destacó un Magyar que ya entonces empezaba a cabalgar sobre la ola de cambio que se respiraba en Budapest y otras ciudades de la nación. Cómo no recordar, en este sentido, la multitudinaria manifestación del Orgullo LGTBi que se celebró en la capital a finales de junio, en lo que supuso un simbólico e inequívoco desafío ciudadano al autoritario Orban, cuyo Gobierno había vetado la marcha tras endurecer las aberrantes leyes contra la "promoción" de la homosexualidad.

Magyar exigía el retorno de Hungría a Eurovisión, del que está ausente desde el año 2019, cuando su último abanderado, Joci Pápai, participó en la edición celebrada en Tel Aviv.

Nunca hubo una explicación oficial por parte de la televisión pública húngara MTVA del por qué del abandono del certamen. Sin embargo, era vox populi que se trató de una exigencia del Ejecutivo de Orban, que ordenó la retirada justamente por considerar que el Festival era un escaparate de los valores que él ha tratado de combatir como un Atila. En especial, al líder de Fidesz le provocaban sarpullidos los innumerables guiños del concurso a la comunidad LGTBi.

Magyar subrayó que la presencia de Hungría en el Festival "mejoraría la imagen exterior del país, fomentaría un mayor sentido de unidad nacional y estrecharía su relación con la Unión Europea". Justo lo contrario de lo que pretendía Orbán, claro. "El Festival de Eurovisión no solo es una competencia musical, sino también una oportunidad para expresar nuestra identidad y valores culturales en Europa", añadía el ahora ganador de las legislativas, que tenía bien claro el asunto: "Es un error no participar y no deberíamos habernos retirado".

Además, en claro contraste con Orbán, Magyar también se mojaba para aplaudir la decisión de la UER en 2022 de expulsar del certamen a Rusia y Bielorrusia, tras el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania. "Estoy de acuerdo con la exclusión de Rusia; no deberíamos permitir que ningún criminal de guerra participe", afirmó en verano el dirigente que lideraba la oposición húngara.

Erdogan y "las personas normales"

No es el país centroeuropeo una excepción en el asunto que nos ocupa. Turquía abandonó en 2012 el Festival, que generaba audiencias millonarias entre sus espectadores, cuando Erdogan, en la deriva autoritaria e islamista que emprendió ya como primer ministro, consideró que su proyecto político era incompatible con las libertades que exudaba Eurovisión. Nunca se ha curado el mandatario turco de sus freudianas obsesiones eurovisivas. "Eurovisión supone una amenaza para los valores de la familia tradicional", soltó a modo de titular en 2024. A partir de ahí, se explayó diciendo que los participantes en el concurso son "caballos de Troya de la corrupción social" (sic) y que en el evento "se ha vuelto imposible encontrarse con una persona normal". Y eso que los turcos hacía ya muchos años que tenían que recurrir al pirateo o a enlaces digitales para poder seguir viendo el concurso, sin representantes nacionales.

También en Turquía, cómo no, la vuelta al concurso se ha convertido en un anhelo de la asediada oposición, dado que es tanto como volver a abrazar el acervo comunitario, hoy aplastado por un régimen personalista casi autocrático. El candidato opositor Kemal Klçdarolu -quien al frente de una amplia coalición intentó en 2023 arrebatarle la Presidencia a Erdogan- denunció la "decisión vergonzosa" de retirarse del Eurofestival. Klçdarolu cargó contra el Gobierno de Ankara por impedir a los artistas turcos participar en el concurso musical más seguido en el mundo y, sobre todo, por vetar a los ciudadanos su visionado..

La victoria aplastante en las urnas de Magyar promete reencaminar a Budapest hacia la senda comunitaria. Y, si cumple su promesa, uno de los gestos simbólicos más visibles de que Hungría vuelve a la casa común europea se vivirá ya en 2027 con el esperado regreso al Festival, mucho más que un concurso de canciones, como no deja de demostrarnos la geopolítica.

El abogado húngaro ha movilizado a una mayoría social de ideología diversa que apostó por él como única herramienta disponible para derrumbar el sistema desde dentro.

Peter Magyar admiraba a Viktor Orbán. En su habitación en Budapest, cuando era joven, tenía un póster del primer ministro ultraconservador húngaro. Más tarde se forjó social y políticamente en Fidesz, el partido de Orbán. Pero hace dos años dio un portazo, ventiló secretos de la cúpula y comenzó su meteorítica carrera política. Este domingo, una mayoría social, en buena parte opuesta a él ideológicamente, ha elegido a este abogado de 45 años para derrumbar el búnker construido durante 16 años por el dirigente nacionalpopulista, su antiguo líder.

Magyar es élite. Su padre era abogado, su madre tuvo cargos destacados en el Tribunal Supremo y su hermana es jueza. Ferenc Mádl, presidente de Hungría entre 2000 y 2005, era hermano de su abuela. Y su abuelo fue Pál Eross, un conocido presentador que daba asesoramiento jurídico en la televisión.

En una estancia en Alemania en sus años de estudiante de derecho trabó una estrecha amistad con Gergely Gulyás. Hoy Gulyás es el jefe de gabinete de Orbán. Cuando estaba en la universidad empezó a salir con Judit Varga. Se casaron en 2006 y vivieron en Bruselas: ella como eurodiputada de Fidesz, él en la representación permanente de Hungría ante la UE. Magyar tuvo varios cargos intermedios en organismos controlados por Fidesz, pero nunca alcanzó la cúpula.

Orbán nombró a Varga ministra de la UE en 2018, y entre 2019 y 2023 ella ocupó la cartera de Justicia. En su mandato, la madre de Magyar fue nombrada vicepresidenta del poder judicial.

“Un poco de nepotismo”, comenta con ironía una persona que compartió tres años de formación en los juzgados con Magyar y que prefiere mantener el anonimato. “Le gustaba discutir con los jueces veteranos, pero no tenía nada especial; nunca habría pensado que pudiese llegar tan lejos”, añade.

Que sea un producto de Fidesz ha dado a Magyar credibilidad entre los votantes para enfrentarse a Orbán. Conoce las estrategias, las trampas y los trapos sucios de la cúpula que ha gobernado el país con mano de hierro durante 16 años. Magyar funciona de modo parecido. Es estratégico, es controlador y mide cada paso que dan él y los suyos.

En un vídeo de campaña compartió un plan con ecos maquiavélicos para acorralar en el hemiciclo del Parlamento Europeo, en 2024 a Viktor Orbán y su equipo más cercano, sus antiguos colegas. Quería obligar al primer ministro a hacer algo que nunca ha hecho con miembros de la oposición: darle la mano. Lo logró. La cara de sorpresa Orbán era evidente.

Magyar ha expresado desdén hacia los partidos de la oposición tradicional. Prefirió montar una nueva formación que sumarse a alguno de ellos. Prácticamente la totalidad de la constelación de pequeñas formaciones que en las elecciones de 2022 se unieron para enfrentarse al sistema electoral de Orbán, consciente de su debilidad por separado, se ha retirado para allanarle el camino al candidato.

Tisza (acrónimo de Partido del Respeto y la Libertad, y a la vez, el nombre del segundo río más importante de Hungría) está formado por militantes de todo el espectro político. Magyar ha reunido un equipo de especialistas a su alrededor, con figuras reconocidas como la experta en política exterior Anita Orbán (sin relación con el primer ministro) y el exdirectivo de Shell István Kapitány.

Ideológicamente, el ganador de este domingo se parece más a Fidesz que a sus propios votantes. A diferencia de la oposición tradicional, se ha reapropiado de símbolos patriotas y ultraconservadores que Orbán había monopolizado, como la bandera nacional, el himno y el lema Dios, patria y familia. Su apellido, que significa Húngaro, encaja con su perfil nacionalista.

Ha evitado activamente pronunciarse sobre temas como los derechos de las personas LGTB, pero es poco probable que dé un giro de 180º respecto a Fidesz. Tampoco en asuntos como la inmigración. Es proeuropeo pero soberanista. No es anti-Ucrania, aunque tampoco la apoyará activamente. No es pro putin y, sin embargo, no cortará relaciones con Rusia.

Solo el 11% de sus seguidores se identifican como conservadores. El 43% se declara liberal y un tercio, de izquierda y verdes. Orbán es más popular que su partido entre su base. Con Magyar pasa al revés. Muchos de quienes le han votado este domingo rechazan su personalidad, su pasado, el machismo violento del que le acusó su exesposa y su forma de relacionarse. No les convence su agresividad, su ideología, el control que ejerce sobre el partido y sus reacciones ante las críticas. Pero a la vez, consideran que esas cualidades son precisamente las que hacían falta para vencer a Orbán.

Ese objetivo ya lo ha conseguido. Pueblo a pueblo, en una campaña infatigable con hasta seis mítines diarios, ha logrado que los húngaros le confíen su apoyo para desmontar el sistema de Orbán. No era sencillo. El sistema electoral está diseñado al milímetro para favorecer a Fidesz.

Ahora tendrá que emplear sus dotes de jurista para deshacer un sistema corrupto que blinda el poder capilar del partido de Orbán en las instituciones, los medios y la economía. Cómo gobernará el país y su partido, Tisza, alguien que se ha forjado en Fidesz genera dudas razonables en algunos analistas.

Selección de estos analisis de la victoria arrolladora de este político poco conocido en Europa. Veamos ahora quién es Peter Magyar, el vencedor de Orbán (y de Trump) en las elecciones de Hungría. Es un hábil comunicador, tanto en redes sociales como en campaña, el conservador de 45 años promete cambio, desmantelando "ladrillo a ladrillo" todo el sistema político de Orbán. Quienes conocen a Peter Magyar dicen que es un perfeccionista, que exige lo mejor de todos, es temperamental pero acepta disculparse.

La selección de estos elementos de opinión aparecidos en la prensa escrita de Europa durante na noche de ayer y la mañana de hoy ha sido realizada por los editores de los papeles del CREM.

Fuentes: Times of London. El Mundo,La Vanguardia y El País de España. Il Corriere della Sera di Milano, Italia.

Editado por los Papeles del CREM el 14 de abril del año 2026. Responsable de la edición: Raúl Ochoa Cuenca. [email protected]

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