Luz Neira Parra | La gran celebración: Venezuela amaneció hoy oficialmente feliz
Y no es una frase exagerada. Es literal.
El país ganó por primera vez en su historia el Clásico Mundial de Béisbol. Nunca lo habíamos ganado desde que el torneo existe. Nunca. Y lo hicimos nada menos que derrotando a Estados Unidos en la final, en Miami, en su casa y en su propio deporte.
Después de eliminar al campeón Japón y a una Italia dirigida, irónicamente, por un venezolano.
Si esto fuera un guion de cine, alguien diría que el libreto es demasiado perfecto.
Por eso el gobierno decretó día no laborable. Para celebrar.
Nada mal para un país que llevaba años sin poder celebrar casi nada.
La escena fue desbordante. Calles llenas. Plazas llenas de mujeres, jóvenes, niños y hombres abrazándose, mucha gente ! Muchísima ! Motorizados tocando cornetas. Banderas sobre los hombros. Lágrimas cuando escuchamos nuestro Gloria al Bravo Pueblo ! Cohetes.
Y sí, todos lo celebramos!
Porque el béisbol, esa vieja religión civil venezolana, acababa de producir el milagro: Venezuela campeona del mundo.
Pero mientras veía las celebraciones había algo más en el aire.
Algo que flotaba como una música que nadie terminaba de decir en voz alta.
Porque sí: los venezolanos celebrabamos el campeonato también se celebraba otra cosa.
Era como si el país entero se hubiera quitado de encima una mochila cargada de años difíciles, de derrotas, de rabia acumulada, de malas noticias.
Como si de pronto se hubiera levantado una sombra que llevaba demasiado tiempo sobre la vida venezolana.
La alegría tenía un tono diferente, extraño, demasiado intenso para ser solo béisbol.
No era únicamente la victoria de un equipo.
Era la sensación de que algo se había movido en la historia.
La gente gritaba “¡campeones!”, pero en realidad parecía gritar algo más profundo:
“¡Al fin!”
Al fin una noticia que no era tragedia.
Al fin una emoción colectiva que no venía de la rabia ni del miedo.
Al fin un motivo para salir a la calle que no fuera protestar.
Y en ese grito también estaba el mío.
Porque después de tantos años viendo a Venezuela sobrevivir entre malas noticias, derrotas y despedidas, un campeonato de béisbol puede parecer poca cosa… pero no lo es.!!!
De modo que el decreto oficial dice que hoy celebramos el béisbol.
Y está bien.
Que quede así escrito en el papel.
Pero en las avenidas, en las plazas, en las motos que recorren el país y en las puertas y carros llenos de banderas, la celebración tiene un pequeño secreto.
Los venezolanos estamos celebrando dos victorias al mismo tiempo.
La del noveno inning.
Y la de una historia que, quién sabe, tal vez empieza lentamente a cambiar de marcador, Inning a Inning .
Porque a veces los países también necesitan lo mismo que un equipo de béisbol:
Un buen noveno inning para recordar que el juego todavía no ha terminado. 



