Luz Neira Parra | Grilletes digitales: ¿Libertad bajo control?
“Hemos echado al mar los grillos de los pies.
Ahora vayamos a las escuelas a quitarle a nuestro pueblo
los grillos de la cabeza, porque la ignorancia es el camino
de la tiranía. Hemos echado al mar los grillos.
Y maldito sea el hombre que intente fabricarlos de nuevo
y poner una argolla de hierro en la carne de un hijo de Venezuela”.
Andrés Eloy Blanco
Los grillos eran, en su sentido más brutal, instrumentos de castigo físico y humillación política. Pesadas argollas de hierro cerradas sobre los tobillos, unidas por cadenas que obligaban al preso a arrastrar el sonido de su condena en cada paso.
En La Rotunda y en otros presidios de la dictadura gomecista, el grillete no era solo un mecanismo de sujeción: era un mensaje. El cuerpo del disidente debía ser marcado. La piel debía recordar quién mandaba.
Aquellos grillos dejaban cicatrices. No eran metáfora: eran heridas abiertas, carne lacerada, marcas que acompañaban al preso incluso después de recuperar la libertad. Pero la señal más profunda no estaba en la piel sino en la conciencia colectiva.
El régimen buscaba algo más que inmovilizar piernas; pretendía inmovilizar voluntades.
Por eso el gesto de 1936 — arrojar los grillos al mar tras la muerte de Gómez — tuvo una potencia simbólica extraordinaria. Que llega hasta nuestros días.No era únicamente desechar un objeto de tortura. Era declarar, ante la historia, que la nación, que Venezuela no aceptaría más argollas sobre sus hijos. Nuestro gran poeta cumanes Andres.Eloy Blanco, si el mismo que escribió el hermoso poema Pintame Angelitos Negros, entendió que la verdadera libertad no consistía solo en romper el hierro de los tobillos, sino en desmontar el hierro mental que permite la tiranía.
Del hierro al chip: el grillete electrónico
Hoy, en la Venezuela contemporánea, el debate sobre los presos políticos vuelve a colocar la palabra “grillete” en el centro de la escena pública. No se trata ya de hierro oxidado ni de cadenas visibles, sino de dispositivos electrónicos ajustados al tobillo: tobilleras con sistemas de geolocalización que monitorean cada desplazamiento del portador.
En los recientes procesos de excarcelación, varios dirigentes opositores han salido de prisión bajo medidas cautelares que incluyen arresto domiciliario y el uso obligatorio de estos dispositivos. Entre ellos se encuentran Juan Pablo Guanipa, Perkins Rocha y Freddy Superlano. Formalmente están fuera de la cárcel; materialmente continúan bajo control.
El argumento oficial presenta estas medidas como parte de un procedimiento judicial, como fórmulas legales dentro de un "sistema penal moderno". Sin embargo, cuando quienes las portan son lideras políticos, dirigentes que representan opciones de poder distintas al "régimen de transición chavista" la dimensión del asunto trasciende lo jurídico. Se convierte en un problema eminentemente político y ético también.
La tobillera electrónica no desgarra la piel, pero delimita el movimiento y envia un mensaje de terror. No deja cicatriz visible, pero impone un perímetro. No suena al caminar, pero registra cada paso. La casa se transforma en espacio vigilado; la libertad se convierte en coordenada monitoreada.
Organizaciones venezolanas de derechos humanos han insistido en que la excarcelación bajo condiciones restrictivas no equivale a libertad plena. Subrayan que mientras existan limitaciones severas de movilidad, prohibiciones de reunión o amenazas de revocatoria inmediata de la medida, la persona continúa bajo un régimen de presión. La cárcel cambia de forma, de lugar, pero no desaparece del todo.
¿Libertad condicional o libertad vigilada?
Aquí emerge la pregunta central: ¿Qué clase de libertad es aquella que depende de un dispositivo atado al cuerpo? ¿Puede hablarse de "régimen de transición" hacia un estadio de" reconciliación y paz" cuando el disenso político se ejerce bajo supervisión tecnológica?
El grillete de hierro buscaba humillar y someter. El grillete digital busca controlar y disuadir. Ambos comparten un mismo trasfondo: el miedo como herramienta de gobierno. El mensaje no solo alcanza al portador del dispositivo; se proyecta hacia el país entero .
Advierte que la disidencia puede ser castigada, que la libertad puede ser dosificada, que el margen de acción está condicionado. Mucho cuidado dice el señor Cabello que nadie se confunda sobre "quienes ejercen el control".
La diferencia entre la libertad formal y la libertad sustantiva se vuelve entonces evidente. Formalmente, el excarcelado no está tras las rejas. Sustantivamente, su capacidad de actuar, movilizarse y expresarse esta restringida.
En ese contraste, la advertencia histórica cobra nueva vigencia. Los grillos de antaño dejaron marcas en la carne de los presos políticos de la dictadura gomecista. Los grillos digitales chavistas dejan marcas en la cultura cívica de una nación que normaliza la vigilancia como condición para la participación política.
La pregunta final no es solo sobre tres nombres propios —Guanipa, Rocha, Superlano— sino sobre el destino del país, el clima de incertidumbre total que se vive. Vamos realmente a una transición DEMOCRÁTICA? o de qué tipo ? Una sociedad que acepta la libertad de sus principales líderes políticos de oposición al régimen bajo monitoreo permanente, corre el riesgo de mantenerse silenciada.
Y cuando la libertad necesita autorización electrónica, y silencio, la promesa de haber arrojado los grillos al mar comienza a resquebrajarse.
