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Dejar de fumar activa la recuperación del organismo en pocos minutos

El cuerpo comienza a recuperar funciones cardiovasculares y respiratorias poco después de apagar el último cigarrillo. Los beneficios se extienden al corazón, los pulmones y otros órganos, mientras disminuye progresivamente el riesgo de cáncer. La abstinencia suele ser más intensa durante la primera semana, pero sus síntomas disminuyen con el paso de las semanas

Apagar el último cigarrillo pone en marcha casi de inmediato un proceso de recuperación en el organismo. Aunque algunos daños provocados por el tabaco pueden ser irreversibles, abandonar el hábito mejora la función del corazón y los pulmones y reduce progresivamente el riesgo de distintas enfermedades.

El neumólogo Pablo Rubinstein, jefe del Servicio de Neumología del Hospital Universitario El Pilar de Barcelona, explicó que los primeros cambios aparecen pocos minutos después de dejar de fumar. El organismo deja de recibir monóxido de carbono, nicotina y otras sustancias irritantes, mientras el pulso y la presión arterial comienzan a normalizarse.

También mejora gradualmente la oxigenación de la sangre y disminuye la sobrecarga sobre el corazón y los vasos sanguíneos. De esta manera, se reduce progresivamente el riesgo de infarto y otras enfermedades cardiovasculares.

Los pulmones también comienzan a beneficiarse. Al abandonar el tabaco disminuye la inflamación de los bronquios, se reduce la producción de moco y pueden mejorar la tos, la falta de aire y la capacidad de las vías respiratorias para eliminar sustancias dañinas.

En personas con enfermedades como enfisema o EPOC, el daño irreversible no desaparece por completo, pero dejar de fumar puede frenar su progresión, reducir las exacerbaciones y mejorar la calidad de vida.

El abandono del tabaco también disminuye con el tiempo el riesgo de desarrollar varios tipos de cáncer, entre ellos los de pulmón, boca, laringe, esófago, vejiga, riñón y páncreas. Cuanto antes se abandone el hábito, mayor será la protección acumulada.

Los beneficios alcanzan además a otras áreas del organismo. La piel, los dientes y las encías, el sistema inmunitario, la fertilidad, la salud sexual y la cicatrización pueden mejorar, mientras disminuye el riesgo de infecciones respiratorias y otros problemas asociados al tabaquismo.

Sin embargo, dejar la nicotina puede provocar síntomas de abstinencia como ansiedad, irritabilidad, nerviosismo, tristeza, dificultad para concentrarse, insomnio, dolor de cabeza, estreñimiento, aumento del apetito y deseos intensos de fumar.

Estos síntomas suelen ser más fuertes durante los primeros tres a siete días. Posteriormente comienzan a disminuir y, en muchas personas, mejoran de manera considerable a partir de la segunda semana. Habitualmente, el síndrome de abstinencia dura entre tres y cuatro semanas.

Las ganas de fumar pueden reaparecer posteriormente en situaciones asociadas al hábito, como después de comer, al consumir alcohol, durante momentos de estrés o al tomar café. No obstante, estos impulsos suelen durar pocos minutos.

La dependencia también puede presentarse al abandonar un cigarrillo electrónico que contenga nicotina. En esos casos pueden aparecer ansiedad, irritabilidad, insomnio, dificultad para concentrarse y deseos intensos de volver a vapear.

Rubinstein destaca que dejar de fumar no elimina necesariamente todo el daño acumulado, pero sí permite frenar su progresión y reducir los riesgos futuros. Por ello, sostiene que abandonar el tabaco siempre representa un beneficio para la salud, incluso en personas que ya presentan enfermedades relacionadas con el consumo.

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