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Vicepresidente de Economía rechaza la dolarización y defiende al bolívar como moneda nacional

Calixto Ortega, vicepresidente de Economía, defiende el bolívar como la verdadera solución económica del país. Asegura que la moneda nacional volverá a dominar el 100% de la economía local a mediano plazo, en medio de un contexto de alta inflación

En un momento donde la inflación azota sin piedad, el vicepresidente de Economía de Venezuela, Calixto Ortega, se alza con una declaración contundente: "La dolarización no es la respuesta adecuada para el país". Durante su intervención en Bangkok, en el marco de las reuniones del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, Ortega aboga por el fortalecimiento del bolívar, asegurando que este volverá a cubrir el 100% de la economía local en el mediano plazo.

El funcionario, quien también representa a Venezuela ante el FMI, enfatiza que "el crecimiento y la estabilidad se verán reflejados en el fortalecimiento del bolívar". Sin embargo, estas afirmaciones chocan con la dura realidad que enfrenta el país: el FMI proyecta una inflación alarmante del 467,9% para Venezuela al cierre de 2026, lo que hace que la confianza en la moneda nacional parezca un sueño lejano.

Ortega también presentó la hoja de ruta económica del Gobierno, centrada en el crecimiento de las industrias extractivas, en especial la petrolera y la minera. Asegura que los ingresos generados por estos sectores son cruciales para financiar otras áreas de la economía, incluyendo el suministro de agua y electricidad.

En su perspectiva, la recuperación de la producción petrolera y minera no solo debe contribuir a la actividad económica, sino también a desarrollar la capacidad industrial del país. Delcy Rodríguez, presidenta encargada, respalda esta visión al afirmar que Venezuela ha acumulado 22 trimestres consecutivos de crecimiento económico.

Por otro lado, el FMI prevé un crecimiento del 5% en el producto interno bruto (PIB) venezolano para 2026 y un 7% para 2027, cifras que, aunque optimistas, parecen distantes de la realidad cotidiana de los ciudadanos. En un país donde el bolívar lucha por recuperar su lugar, la declaración de Ortega resuena como un llamado a la esperanza o, quizás, como un eco de la resistencia ante la adversidad.

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