Trabajadores denuncian presunto acoso policial en alrededores de Sidor
La Siderúrgica del Orinoco (Sidor) vive una crisis profunda. Trabajadores de la Planta de Pellas han decidido paralizar operaciones en un acto de protesta por las malas condiciones laborales y la suspensión de beneficios contractuales, como el pago de utilidades. En un contexto de represión, los empleados aseguran que la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) vigila constantemente las áreas operativas, creando un ambiente de miedo y silencio.
En entrevistas realizadas por Correo del Caroní, cinco trabajadores, que pidieron mantener su identidad en reserva, relataron cómo la presencia de este cuerpo de seguridad se ha convertido en una estrategia de amedrentamiento. “La amenaza de despido está siempre presente. Si hablas en contra, estás fuera”, declaró Isidro*, uno de los trabajadores, quien asegura que la prohibición del uso de teléfonos móviles durante la jornada es parte de un intento por silenciar las condiciones deplorables del lugar.
Los testimonios revelan que los trabajadores son obligados a dejar sus teléfonos en la sala de control para evitar que la información sobre el estado de la planta se filtre al exterior. “Nos prohibieron tomar fotografías, y el Dgcim está constantemente encima de nosotros. Trabajamos en condiciones inhumanas”, afirmó Isidro, quien también destacó que la empresa intenta presentar una imagen de productividad en redes sociales, a pesar de la realidad.
La situación se agrava al constatar que de una nómina de aproximadamente 12.600 trabajadores, solo 300 permanecen activos, ya que actualmente solo la Planta de Pellas está operativa. “La falta de insumos y una alimentación adecuada son evidentes. No podemos señalar a quienes hacen estas cosas”, comentó Ernesto*, otro trabajador de esta área.
El ciclo siderúrgico, que debería producir pellas —esferas de mineral de hierro que son materia prima para la industria—, se encuentra truncado. “Apenas se producen algunas pellas que se venden al mejor postor, principalmente a empresas de India o España”, explicaron los trabajadores, quienes también denunciaron la falta de información sobre los convenios comerciales que se establecen.
La crisis industrial se complementa con el colapso del transporte interno: solo tres autobuses están operativos para trasladar al personal esencial, mientras que el resto es enviado a casa sin almuerzo. En cuanto a los salarios, los trabajadores coincidieron en que no superan los 100 dólares quincenales, y que la mayoría de sus ingresos provienen de bonificaciones. “El salario es pírrico, y no recibimos equipos de protección personal adecuados”, puntualizó Héctor*, otro de los trabajadores.
En promedio, un empleado de Sidor percibe entre 300 y 320 dólares mensuales, una cifra que apenas cubre el 60% de la canasta básica alimentaria. Además, la situación del hospital de la empresa es alarmante. “Lo llaman la morgue. Los compañeros que llegan con patologías graves no salen”, afirmó Isidro, quien citó el caso de un trabajador con 44 años de servicio que fue despedido a pesar de su enfermedad.
Frente a esta crisis, los trabajadores exigen inversión y una administración responsable. “Tenemos el conocimiento y la voluntad, solo necesitamos que el Gobierno nacional ponga una dirección que realmente se preocupe por la industria y su gente”, concluyó Isidro, dejando claro que el futuro de Sidor depende de una verdadera voluntad de cambio.
