El diario plural del Zulia

NYT: Rotación de camas y celulares, Maduro planea sobrevivir a Donald Trump

De acuerdo con estos testimonios, el presidente ha buscado protegerse frente a un posible ataque de precisión o una incursión de fuerzas especiales cambiando de celular y de lugar para pernoctar. Estas precauciones se habrían intensificado desde septiembre, cuando Estados Unidos incrementó su presencia militar en el Caribe y atacó embarcaciones que, según la administración Trump, llevaban drogas desde Venezuela

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, ha reforzado sus medidas de seguridad personal —incluido el cambio frecuente de lugares de descanso— y ha recurrido más estrechamente al apoyo de Cuba, su principal aliado, ante el temor creciente de una intervención militar estadounidense en el país, según confirmaron varias fuentes cercanas al gobierno.

Las fuentes describieron un clima de tensión dentro del círculo más cercano al mandatario, asegurando que Maduro confía en mantener el control y superar lo que consideran la amenaza más seria a sus 12 años en el poder.

De acuerdo con estos testimonios, el presidente ha buscado protegerse frente a un posible ataque de precisión o una incursión de fuerzas especiales cambiando de celular y de lugar para pernoctar. Estas precauciones se habrían intensificado desde septiembre, cuando Estados Unidos incrementó su presencia militar en el Caribe y atacó embarcaciones que, según la administración Trump, llevaban drogas desde Venezuela, informa The New York Times.

Para disminuir el riesgo de traiciones, Maduro habría ampliado la participación de guardaespaldas cubanos en su seguridad personal y sumado más oficiales de contrainteligencia de la isla al ejército venezolano, según relató una de las personas consultadas.

No obstante, en sus apariciones públicas Maduro ha buscado proyectar calma. Ha improvisado asistencias a eventos, bailado en actos oficiales y difundido videos en TikTok, intentando minimizar la amenaza de Washington.

Las siete personas vinculadas al gobierno venezolano entrevistadas para este reportaje hablaron bajo condición de anonimato por temor a represalias o por no estar autorizadas para declarar. El Ministerio de Comunicación, responsable de las consultas de prensa oficiales, no respondió a las solicitudes enviadas para este artículo.

El gobierno de Trump acusa a Maduro de liderar un “cártel narcoterrorista” que envía drogas a Estados Unidos y sostiene que el despliegue militar estadounidense busca facilitar un cambio de gobierno. Sin embargo, Trump ha alternado estas amenazas con señales de apertura diplomática; el mes pasado incluso conversó telefónicamente con Maduro sobre una posible reunión.

El New York Times ya había revelado que, a inicios de año, Maduro y enviados de Trump discutieron las condiciones bajo las cuales el mandatario venezolano podría abandonar el poder. Las conversaciones no avanzaron, lo que llevó a Washington a redoblar la presión militar.

Con el aumento de las tensiones, Maduro se ha dirigido casi a diario a los venezolanos, manteniendo la frenética estrategia comunicacional que ha caracterizado su mandato. Sin embargo, ha reducido sus eventos programados y transmisiones en vivo, sustituyéndolos por apariciones sorpresivas y mensajes pregrabados.

Lunes: fiesta; martes: fiesta; miércoles, jueves, viernes: doble fiesta; sábado: triple fiesta; domingo: fiesta relajada”, dijo el lunes durante una aparición no anunciada en un mitin en Caracas, modificando su agenda a última hora.

¡Fiesta hasta que el cuerpo aguante!”, añadió antes de ponerse a bailar música electrónica. “No a la guerra; paz”, repetía su voz en un bucle sobre un ritmo de bajo.

Un alto costo

Para Maduro, de 63 años, el enfrentamiento con la armada estadounidense representa un desafío más en una larga lista. Exactivista comunista, conductor de autobús, dirigente sindical y canciller, ha sorteado múltiples crisis —muchas creadas por su propio gobierno— desde que asumió la presidencia en 2013 tras la muerte de Hugo Chávez.

Opositores y analistas predecían entonces que el sucesor de Chávez no duraría en el poder. Su estilo rígido y origen civil, afirmaban, lo hacían un reemplazo débil para el carismático líder militar que dominó la política venezolana por más de una década.

Los críticos se burlaban llamándolo “Maburro”. Entre sus tropiezos más recordados figuran comer una empanada escondida en su escritorio en plena crisis alimentaria; recibir un mangazo en un acto público, episodio bautizado como el “Mangocidio”; y leer en vivo un mensaje que decía: “Nicolás Maduro, chúpate esa”.

Pero tras esos momentos virales siempre hubo un instinto político implacable. Maduro ha sobrevivido al colapso del 70% del PIB per cápita, repetidas protestas masivas, conspiraciones, intentos de golpe y derrotas electorales.

También resistió la primera ofensiva de Trump para sacarlo del poder en 2019, cuando la Casa Blanca reconoció a un líder opositor como presidente interino y aplicó sanciones severas a la economía venezolana en busca del apoyo de votantes latinos en Florida.

Para mantenerse en el poder, Maduro ha recurrido a la represión, la cooptación política, la manipulación institucional y un entendimiento profundo del funcionamiento del poder, una cualidad reconocida incluso por sus detractores.

Tras la muerte de Chávez, utilizó métodos de corte estalinista para consolidar el control sobre el movimiento chavista. Primero se alineó con la facción más radical para desplazar a dirigentes moderados que proponían flexibilizar controles económicos. Años después aplicó esas mismas medidas, usando las sanciones estadounidenses como justificación, mientras marginaba a la vieja guardia chavista.

Su supervivencia política ha tenido un alto costo para la democracia venezolana: ha acelerado el desmantelamiento del sistema democrático, acabando con medios independientes, criminalizando a la sociedad civil y bloqueando a rivales políticos. Sus cuerpos de seguridad han profundizado la represión, con operaciones letales en zonas populares y detenciones sistemáticas de manifestantes.

El año pasado cruzó la última línea roja: ignoró los resultados de unas elecciones que perdió por casi 40 puntos, reitera The New York Times.

Su pasado como dirigente sindical del transporte le ha dado habilidad para negociar apoyos y construir alianzas basadas en favores e intereses compartidos, según personas que lo conocieron.

Es un operador político compulsivo”, dijo Andrés Izarra, exministro de Chávez y de Maduro, hoy en el exilio. “Juega con reglas duras, de política callejera y sindical corrupta, similares a las de una mafia”.

Maduro también ha compensado su débil ascendencia castrense entregando a los militares el control de áreas estratégicas de la economía, como minas de oro, empresas petroleras y firmas de importación. Esa política ha implicado tolerar actividades de narcotráfico entre algunos oficiales, según expertos, aunque no existen pruebas de la existencia de un cartel centralizado bajo su mando, como sostiene la administración Trump.

En las últimas semanas, Trump ha mezclado mensajes de confrontación con insinuaciones de que estaría dispuesto a negociar con Maduro.

Durante conversaciones en primavera, representantes de ambos gobiernos discutieron la posibilidad de que Maduro cediera el poder a un aliado antes de que finalice el mandato de Trump en 2029, según cuatro fuentes familiarizadas con el proceso.

Una propuesta planteaba convocar un referéndum revocatorio en 2027 o posteriormente. Si Maduro perdía —resultado que consideran probable— transferiría el mando a su vicepresidente, quien llamaría a nuevas elecciones.

Estas conversaciones, que incluían la apertura económica hacia inversiones estadounidenses, no concretaron ningún acuerdo. Y aun si avanzaran, advierten las fuentes, podrían fracasar fácilmente: Maduro ya bloqueó un revocatorio en 2016 utilizando su control sobre el Tribunal Supremo y el Consejo Electoral.

Un acuerdo reduciría la presión inmediata sobre el mandatario, pero no resolvería su crisis de legitimidad derivada del fraude electoral del año pasado, agregaron.

La magnitud de aquella derrota destruyó cualquier aspiración de Maduro a recuperar respaldo popular, dijeron.

Su mayor crisis es la de legitimidad”, afirmó Izarra. “Niegan completamente que el país los rechaza”.

Según estas fuentes, esa crisis persistirá incluso si los buques de guerra estadounidenses abandonan el Caribe.

Lea también
Comentarios
Cargando...