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Maduro emula a Fidel y apuesta por inmolarse ante los EE.UU.

Alejandra Martínez, historiadora y directora del Área de América Latina de la Fundación Libertad y Desarrollo, explica que Trump tiene el tiempo en contra y el líder del oficialismo lo sabe y actúa en consecuencia. “Este dilema se le presentó a Fidel Castro en 1962 y supo sortear la amenaza nuclear poniéndose justamente en el centro de la mirilla del gatillo, sacrificando a la isla entera ‘por la lucha contra el imperialismo”, advierte

Aunque, la vía diplomática comienza a sumar fuerza para la resolución de la crisis entre Venezuela y Estados Unidos, la más reciente presentación pública de Nicolás Maduro, muestra la posición de Miraflores en torno de las amenazas de Donald Trump de activar protocolos militares por tierra: “Si toca alzarnos en armas lo haremos y tendríamos y tendríamos un destino de triunfo y dignidad”.

La realidad es que en el tablero de ajedrez la Casa Blanca no termina de posicionarse para un jaque mate y el costo político para el presidente estadounidense -quien apostó principalmente a operaciones psicológicas con una veintena de bombardeos a embarcaciones con supuestos alijos de droga- aumenta a más de 100 días de instalar en el Mar Caribe a más de 4000 efectivos militares.

Alejandra Martínez, licenciada en Historia y directora del Área de América Latina de la Fundación Libertad y Desarrollo, recuerda que el Comando Sur suma hoy 15.000 hombres, barcos destructores, submarinos y aviones bombarderos, en un despliegue equivalente al 20% de la fuerza naval de Estados Unidos.

Martínez explica que, con cada hito que se anuncia, Trump busca incrementar la intensidad política para intentar detonar acciones internas que desestabilicen a la cúpula revolucionaria venezolana.

“La metáfora sería la de un desfibrilador que lanza descargas eléctricas, esperando que el corazón del paciente se reanime: cada ‘ultimátum’ que se lanza es como una descarga que busca la anhelada reacción que desencadene un cambio. Pero esta estrategia plantea cuatro problemas”, enumera en un artículo de opinión.

El primero, cómo subir la intensidad para seguir manteniéndose creíbles. El segundo, contrarrestar la pérdida progresiva de consenso dentro de Estados Unidos sobre un eventual cambio de gobierno en Venezuela. El tercero, la improbabilidad de lograr un levantamiento popular tras el impacto de la represión, y la cuarta, la posición de Maduro, quien a todas luces tomó la determinación de trasladar la decisión de comenzar el conflicto a Estados Unidos.

Estrategia equivocada

En palabras de Martínez, cada día salen por lo menos cinco o más notas de distintos medios de comunicación, en su mayoría estadounidenses, con supuesta información interna de la administración, fuentes anónimas, opiniones de expertos en seguridad y defensa que plantean todo tipo de hipótesis y aventuran escenarios.

Resalta que incertidumbre parece estar a la orden del día.

Y en ese sentido, detalla que si bien el objetivo de Estados Unidos es probablemente un cambio de gobierno en Venezuela, no pretenden hacerlo por vías directas con acciones de fuerza en territorio venezolano sino por vías indirectas como lo han hecho históricamente en el continente: con disuasión.

La analista venezolana plantea que este tipo de estrategias más indirectas de desestabilización: sanciones, operaciones psicológicas, propaganda, disuasión, funciona en gobiernos descentralizados donde el grupo gobernante no tiene control total de las instituciones del Estado y donde todavía existen ciertos contrapesos, así como oposición política. El cual no es el caso de Venezuela.
Y Maduro y su cúpula lo saben.
Para la historiadora, el conflicto está planteado en Miraflores como un juego de “brinkmanship” o “chickengame”.

“Este es un tipo de juego donde se plantea llegar hasta la última consecuencia posible: los dos jugadores están frente a frente y aprietan el acelerador, buscando una colisión fatal, hasta que uno de los jugadores termine frenando o desviándose por miedo a colisionar. Al contrario de varios análisis que se han planteado, este juego no lo gana quien tenga el carro más rápido o más grande (mayor poder), sino el que asume el costo de perderlo todo, bien porque sabe en el fondo que el otro jugador está haciendo bluff y no cumplirá la amenaza de estrellarse, o bien porque no teme al peor desenlace y prefiere, antes que retirarse, no quedar en una posición más desventajosa que en la que está ahora; aunque esa decisión le cueste la vida”.

El ejemplo de Cuba

Martínez se pregunta ‘¿Es esa una decisión racional?’ Y recuerda que este mismo dilema se le presentó a Fidel Castro en 1962 y supo sortear la amenaza nuclear de Estados Unidos, poniéndose justamente en el centro de la mirilla del gatillo sacrificando a la isla entera ‘por la lucha contra el imperialismo’.

De hecho, señala que la historia política no es ajena a este tipo de situaciones: relata Maquiavelo en sus Discorsi…, que en pleno Renacimiento italiano, la condesa de Forlì, Catalina Sforza, no le importó escapar dejando a sus hijos como rehenes en prenda a sus secuestradores y ante la amenaza de matarlos, les respondió a los asesinos ‘que tenía con qué hacer otros’.
La clave entonces para ganar este juego, sostiene la historiadora, es no subestimar hasta dónde tu enemigo es capaz de llegar.

“¿Donald Trump hizo todo esto para nada?”, se pregunta y asegura que la mayoría de los analistas se hacen la misma interrogante para convencerse de que, llegados a este punto y con tanto en juego, una acción de fuerza por parte de Estados Unidos tendría que ser inminente.

La Directora del Área de América Latina de la Fundación Libertad y Desarrollo explica la intención de Donald Trump nunca fue entrar en Venezuela con una acción de fuerza, sino que, bajo el expertise del Secretario de Estado y Consejero de Seguridad Nacional, Marco Rubio, lo que se buscaba era plantear el escenario más extremo esperando, o bien una traición interna o una rebelión popular, y por consiguiente, un eventual quiebre.

“Esto no es más que la estrategia del fake it till you make it, tan común en el mundo de los negocios, donde el performance puede ser mucho más costoso que el trato que se quiere conseguir momentáneamente, hasta obtener el premio gordo o el big break. El problema es que esta estrategia no siempre es trasladable al mundo de lo político, que opera bajo otros presupuestos y leyes internas a su propia esencia. Amarga lección”.

Salida honrosa

Martínez detalla que como una apuesta así es muy difícil de mantener en el tiempo, es probable que por eso desde hace dos semanas hemos escuchado declaraciones del presidente Trump sobre posibles conversaciones con Maduro. “Dado este escenario y con el reloj en contra ¿qué le queda a Trump? Buscar una salida honrosa con alguna ganancia que ya veremos en los próximos días o semanas cuál será”.

En todo caso, reafirma la historiadora, el propio gobierno estadounidense, ante este probable desenlace, se cubrió las espaldas con su propio ticket de salida: nunca hablaron de regime change en Venezuela, sino de controlar el narcotráfico y la migración ilegal. “Lo demás ‘fueron inventos del mainstream media”.

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