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“Lo del Caribe es el equivalente de dar un martillazo cuando se necesita usar un bisturí”

Mientras algunos gobiernos celebran la ofensiva de Washington contra el narcotráfico y declaran terroristas a los cárteles, otros denuncian una injerencia que busca debilitar a Maduro. John D. Feeley, exembajador estadounidense en Panamá, sostiene en entrevista con La Nación que la magnitud del despliegue es desproporcionada

La presencia militar de Estados Unidos en el Caribe acrecienta las tensiones en América Latina y reavivado las divisiones ideológicas en la región. El envío de buques de guerra, aeronaves y submarinos por parte de Washington, bajo el argumento de reforzar la lucha contra el narcotráfico, genera reacciones encontradas entre los gobiernos latinoamericanos: mientras algunos celebran la ofensiva contra los cárteles, otros denuncian un intento de presión para debilitar a Nicolás Maduro.

“Es el equivalente de dar un martillazo cuando se necesita usar un bisturí”, advirtió John D. Feeley, exembajador de Estados Unidos en Panamá, en entrevista con La Nación.

Para el diplomático, la magnitud del despliegue resulta desproporcionada frente al objetivo declarado, aunque considera improbable una intervención directa en Venezuela.

“Esto puede ser un intento de amedrentar a Maduro, porque la flota desplegada es muy potente, pero no es capaz de llevar a cabo una invasión del tipo Panamá (1989), Irak (2003) o Afganistán (2001)”, explicó.

La operación militar, cuyo alcance y próximos pasos aún no están claros, polariza a la región de forma similar a lo ocurrido en 2019, cuando el entonces presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, se autoproclamó presidente interino. Los alineamientos, como entonces, responden en gran medida a la orientación ideológica de cada gobierno.

Entre los principales opositores al despliegue se encuentra el presidente colombiano, Gustavo Petro, quien criticó abiertamente la estrategia de Washington.

“Si hay una agresión violenta contra Venezuela, lo que vemos en Siria e Irak será la realidad de toda la región grancolombiana”, publicó en su cuenta de X.

En paralelo, Petro ordenó la movilización de 25.000 soldados en la región del Catatumbo, en la frontera con Venezuela, para reforzar el combate al narcotráfico en coordinación con el gobierno de Maduro, gesto que el mandatario venezolano agradeció.

Brasil también mostró señales de distanciamiento. Aunque el presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha evitado pronunciarse directamente, su ministro de Defensa, José Múcio, canceló dos operaciones militares conjuntas con Estados Unidos, previstas para septiembre y octubre, alegando razones presupuestarias.

La decisión coincide con un clima de tensión creciente entre Lula y Donald Trump, agravado por la reciente imposición de aranceles del 50 % a productos brasileños y por la disputa política en torno al expresidente Jair Bolsonaro, aliado cercano del mandatario estadounidense.

“La relación entre Brasil y Estados Unidos no tiene cómo empeorar, porque ya no hay relación”, afirmó Mónica Hirst, investigadora del Instituto de Estudios Sociales y Políticos de la Universidad de Río de Janeiro.

Según la experta, el gobierno de Lula busca preservar los canales comerciales con Washington, aunque sin ceder en su rechazo a una política exterior que considera intervencionista.

Mientras tanto, la estrategia de “diplomacia del garrote” impulsada por Trump sigue dividiendo a la región. Para algunos gobiernos, representa una oportunidad de reforzar la lucha contra los cárteles; para otros, una amenaza directa a la soberanía regional y un potencial factor de desestabilización.

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