“Jugar con expectativa de libertad es una forma de tortura psicológica”, señala esposa de Rafael Tudares
Mariana González de Tudares, esposa del preso político Rafael Tudares Bracho e hija del dirigente opositor Edmundo González, advirtió sobre el profundo daño psicológico que genera en las personas privadas de libertad y en sus familias la difusión de excarcelaciones que no se concretan para todos los detenidos arbitrariamente.
En un pronunciamiento público mediante X, González señaló que los presos políticos son conscientes de que se están produciendo liberaciones, pero subrayó que, para quienes permanecen incomunicados y aislados durante largos períodos, esa información no representa alivio alguno mientras no se materialice. Por el contrario, aseguró que se convierte en una carga emocional “devastadora”.
“Para mi esposo, Rafael Tudares Bracho, tras más de un año en una inhumana situación de desaparición forzada y 376 días de detención arbitraria, esta expectativa lo mantiene en un estado permanente de ansiedad”, expresó. Según explicó, la posibilidad de recuperar la libertad, combinada con la incertidumbre de no saber cuándo ocurrirá, afecta gravemente la estabilidad emocional de quienes siguen encarcelados.
González destacó que el hecho de saber que otros detenidos son excarcelados mientras algunos continúan presos profundiza la zozobra y la angustia. “Es una espera que no descansa, que mantiene al ser humano suspendido entre la esperanza y el temor”, afirmó, al referirse al impacto del aislamiento prolongado y al desgaste físico, mental y espiritual que padecen los presos políticos.
La denunciante subrayó que esta situación no afecta únicamente a quienes están tras las rejas. Aseguró que las familias también sufren una forma de castigo constante, marcada por la espera, la incertidumbre y la angustia. “Para quienes estamos afuera, contando las horas y aferrados a cada noticia, cada rumor o cada silencio, esta expectativa es igualmente cruel, devastadora y asfixiante”, sostuvo.
Finalmente, González calificó como un acto de crueldad y una forma de tortura psicológica el “jugar con la expectativa de libertad” de los detenidos y de sus familiares. En ese sentido, hizo un llamado a respetar la dignidad humana y a garantizar un trato basado en la humanidad y el cuidado, tanto para las personas privadas de libertad como para quienes esperan su regreso con “el corazón en vilo”.
