El paro muta de Trancazo a encierro
En La Curva de Molina, al oeste de Maracaibo, los comerciantes informales salieron a trabajar. No era la mayoría, pero el grupo fue más nutrido que el miércoles, primer día del paro de 48 horas que convocó la Mesa de la Unidad
Democrática (MUD) contra la Asamblea Constituyente del presidente Nicolás Maduro.
“La mañana ha estado movida, mejor que la de ayer (miércoles)”, sopesa Javier, un vendedor de plátanos. Detrás de esos tarantines, se dejaban ver las santamarías de los locales comerciales formales. Minimercados, tiendas de repuestos y farmacias cerradas. La gente buscaba comida.
El transporte público estuvo prácticamente paralizado. Tres carros de La Limpia estacionados esperaban a los pocos y potenciales pasajeros. A pocos metros, unos 10 mototaxistas también cazaban clientes. “Esto está muerto, papi, pa’l Centro no hay vida”, comenta uno.
La Limpia era transitable de punta a punta. En medio de la vía quedaban los restos humeantes de las barricadas. Ramas chamuscadas y sofás descansaban sobre la acera que divide los dos canales. Los bancos abrieron sus puertas y afuera se hacían modestas colas. El tráfico de vehículos particulares también aumentó respecto al primer día del paro.
El flujo de carros, sin embargo, disminuía entre el centro comercial Galerías—cerrado— y el edificio Miranda de Pdvsa, diagonal a Makro, también cerrado.
El Centro
En el casco central, tal como lo describió el mototaxista, “no había vida”. Era una suerte de 1º de enero injertado en el 27 de julio. Todo el comercio formal se plegó a la huelga; la mayoría del sector informal, también. Alrededor de la Basílica, cuyas puertas permanecieron trancadas en la mañana, todo era silencio.
“Esto está muerto, pero veo más movimiento que ayer (miércoles). Yo vengo de San Francisco. Allá no está pasando nada, pero el transporte no sirve”, comenta Julio, un vendedor de jugos que con dificultad pudo abrir su pequeño local cercano al edificio del antiguo Inavi, incendiado en tres ocasiones desde que comenzaron las protestas.
Ningún local de Las Playitas abrió. Al otro lado de la calle, en la acera, unos ocho carretilleros vendían plátanos y frutas. “La venta ha estado buena”, comenta Manuel, de unos 50 años de edad, y enseguida aclara: “pero nunca como en un día normal”. No dice si está de acuerdo o no con el paro, sólo se guía por la regla básica del que vive del dinero que hace cada día: “si no trabajo, no como”.
En Las Pulgas el ausentismo fue casi total, con la excepción de un par de ventas de frituras. Decenas de maracaiberos se resignaban a caminar de regreso a sus hogares, otros se aventuraban a esperar los pocos autobuses y carros por puesto que pasaban.
GNB en El Milagro
En la avenida El Milagro había grupos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) cada 30 metros. Unos hablaban por teléfono o dormían en los camiones; otros, permanecían de pie, atentos, con los escudos de plástico apoyados sobre las botas. El tráfico, dominical: ligero, sin bullicio. Santamarías abajo en los centros comerciales Lago Mall también.
En la avenida 5 de Julio no había una sola barricada. Tampoco locales abiertos. Ni siquiera las farmacias. En los bancos del bulevar —exceptuando los del Estado— sólo trabajaron los cajeros automáticos. Algunas estaciones de servicio. Filas medianas de gente y de vehículos en busca de dinero en efectivo y gasolina.
En el sector Indio Mara quedaban los restos de las “guarimbas” del día anterior. Los choferes trataban de sortearlas ante la vista de dos muchachas de entre 16 y 19 años, que se aprestaban a cerrar la vía una vez más rompiendo grandes frascos de vidrio en la carretera.
La calle 72 sí permaneció cerrada en varios tramos. Pero las barricadas se concentraron en barrios y urbanizaciones, donde es más sencillo y rápido resguardarse. El paso en las Torres del Saladillo estaba trancado con restos de árboles y escombros en la mañana. No había gente protestando.
Los manifestantes que se atrevieron a trancar otras vías principales en la mañana comentaron que en los operativos de limpieza de la ciudad, ahora en manos de la Gobernación, no sólo hay GNB escoltando los camiones de aseo sino miembros de colectivos infiltrados, que en equipo arremeten contra todo el que se oponga al despeje de las carreteras. También les ponen trampas.
“Ahorita vino un camión a ofrecer escombros pa’ la barricada, y cuando tiraron los escombros se bajaron a unos tipos armados pa’ agarrar a los que pudieran. Agarraron a una chama por el pelo y se la llevaron”, narra un hombre de unos 35 años, en Bella Vista. No se identifica. Ninguno de sus compañeros quiere hablar. “Mirá las luces de la patrulla allá, ve”. Detonaciones a lo lejos. Humo lacrimógeno. Otra refriega. Y en la tarde, los opositores comenzaron a cerrar La Limpia.
