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Cálido recibimiento en Miraflores a cerebro en captura de Maduro atornilla relación Trump-Rodríguez

Tanto para María Corina Machado como para la presidenta (e), el respaldo —o al menos la sintonía— del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, resulta clave. El mandatario tiene en sus manos la capacidad de aliviar o endurecer las sanciones que asfixian la economía venezolana y ya demostró hasta dónde está dispuesto a llegar cuando ordenó la extracción de Maduro y su traslado a una prisión federal en Nueva York el pasado 3 de enero

Dos semanas después del operativo estadounidense en Caracas que culminó con la captura de Nicolás Maduro, la disputa política por el futuro de Venezuela comienza a definirse en torno a dos figuras femeninas con visiones opuestas del país. De un lado está la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, identificada con la continuidad del chavismo, aunque ahora alineada con los intereses geopolíticos de Washington; del otro, la líder opositora María Corina Machado, quien insiste en una transición hacia la libertad y la democracia “cueste lo que cueste”.

Para ambas, el respaldo —o al menos la sintonía— del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, resulta clave. El mandatario tiene en sus manos la capacidad de aliviar o endurecer las sanciones que asfixian la economía venezolana y ya demostró hasta dónde está dispuesto a llegar cuando ordenó la extracción de Maduro y su traslado a una prisión federal en Nueva York el pasado 3 de enero, informa CNN.

Machado estuvo en el centro de la atención mediática la semana pasada tras su visita a la Casa Blanca, donde entregó a Trump la medalla de su Premio Nobel de la Paz. El encuentro, sin embargo, dejó más imágenes que compromisos: una sesión de fotos, una bolsa de obsequios y ninguna promesa concreta de apoyo político. Mientras tanto, los movimientos recientes en Washington y Caracas apuntan a que Rodríguez ha comenzado a ganar terreno en esta nueva etapa del pulso por el poder.

Trump sorprendió a observadores venezolanos al revelar que sostuvo una llamada telefónica con la presidenta encargada y al referirse a ella como una “persona magnífica”, un gesto significativo en un líder que suele privilegiar las relaciones personales en su diplomacia. Hasta hace poco, Machado parecía llevar ventaja en ese terreno, respaldada por años de contactos con funcionarios estadounidenses y una relación cercana con el secretario de Estado, Marco Rubio. Ahora, Rodríguez también exhibe un canal directo con el inquilino de la Oficina Oval.

La sintonía se ha extendido al ámbito energético. El 9 de enero, Trump convocó a ejecutivos petroleros para discutir posibles inversiones en la golpeada industria venezolana. Aunque el interés fue limitado y el propio CEO de Exxon, Darren Woods, calificó a Venezuela como “no invertible” bajo las condiciones actuales, Rodríguez reaccionó con rapidez y anunció una reforma a la Ley de Hidrocarburos. La iniciativa, que Maduro había postergado durante años, fue presentada en cuestión de días como una señal de disposición a atender las demandas de Washington.

Ese mismo día, Caracas recibió al director de la CIA, John Ratcliffe, en una visita inédita en más de una década para un alto funcionario del Gabinete estadounidense. Las imágenes del encuentro mostraron un ambiente distendido y marcaron el inicio de un acercamiento en materia de inteligencia. Ratcliffe también se reunió con el nuevo jefe de la Guardia Presidencial, Gustavo Enrique González, apenas semanas después de un operativo estadounidense que, según el ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López, dejó decenas de guardias presidenciales y agentes cubanos muertos. Washington no ha confirmado ni desmentido esos hechos.

A este escenario se sumó la reanudación de los vuelos de deportación desde Estados Unidos hacia Caracas. El viernes aterrizó el primer avión desde el 10 de diciembre, con 231 migrantes expulsados desde Arizona. Las deportaciones habían sido suspendidas por razones de seguridad ante la actividad militar en el espacio aéreo venezolano, pero su rápida reactivación subraya la importancia que Trump concede al tema migratorio. Mientras Rodríguez garantice cooperación para recibir a los deportados, su relación con los círculos de poder en Washington parece destinada a fortalecerse.

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