Ali Moshiri y su apuesta por revitalizar la industria petrolera venezolana
En un escenario marcado por la incertidumbre, Ali Moshiri, el experimentado ejecutivo petrolero, ha levantado la voz para expresar su frustración ante la lentitud administrativa que enfrenta su proyecto de inversión en la industria energética venezolana. Moshiri, conocido por su papel en la estrategia de Chemron Corp. en el país, ha logrado reunir USD 2.000 millones de unos 15 inversionistas, con la intención de revitalizar la producción y la infraestructura nacional.
Sin embargo, el camino no es fácil. A través de su firma Amos Global Energy, Moshiri ha señalado que la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) avanza con “excesiva parsimonia” en la ejecución de sus proyectos. “No hay un proceso, no hay sentido de urgencia”, lamentó durante su búsqueda de destrabar las negociaciones en Caracas, donde planea reunirse con representantes de la petrolera estatal, incluyendo a la presidenta encargada, Delcy Rodríguez.
El plan de Moshiri incluye un interés estratégico por siete campos petroleros, con una capacidad estimada de 200.000 barriles diarios, lo que representa cerca del 20% de la extracción total del país. Hasta ahora, Amos Global Energy ha firmado un memorando de entendimiento para uno de estos bloques. Además, se contempla una inversión de hasta USD 1.000 millones para la remodelación del Complejo Industrial Petrolero y Petroquímico José Antonio Anzoátegui, que actualmente opera a solo un 40% de su capacidad.
En este contexto, Moshiri destaca la ventaja operativa de su grupo frente a competidores globales, subrayando la disponibilidad inmediata de recursos. “Tengo mis inversionistas ancla y 500 millones de dólares que puedo gastar mañana”, afirmó, enfatizando que su experiencia en la evaluación de los campos venezolanos lo distingue de otras empresas. “No necesito un memorando de entendimiento”, sentenció.
Sin embargo, el panorama no es solo financiero. Moshiri también evaluó el impacto de la administración estadounidense en la búsqueda de estabilidad para atraer inversión extranjera. Aunque reconoció los esfuerzos, cuestionó la visión a corto plazo de las iniciativas recientes hacia empresas norteamericanas, sugiriendo que la reconstrucción del tejido económico venezolano será “como levantar el Titanic del fondo del océano”, una tarea que requerirá un desarrollo estructural profundo.
Por último, el ejecutivo dejó claro su enfoque sobre el modelo legal de los contratos. Moshiri rechazó participar en esquemas de producción compartida, a los que considera vulnerables, y abogó por empresas mixtas con PDVSA aprobadas por la vía legislativa. “Cualquier oportunidad que se adjudique tiene que ser competitiva”, enfatizó, concluyendo que “si no es competitiva, será un desafío para el futuro”.
