Rodrigo Rivera Morales | Visión cristiana del trabajo
Ya llegamos a un nuevo 1º de mayo y la clase trabajadora ha padecido el mayor maltrato de los últimos 100 años. Los trabajadores tuvieron una ley en 1936 que reconocía un conjunto de derechos, muy cercanos los propuestos por la Doctrina Social de la Iglesia. Precisamente, fue el joven Rafael Caldera el ideólogo de esa Ley del Trabajo. Desde ese momento los trabajadores crearon sus sindicatos y vías democráticas para plasmar mejoras de todo tipo para el trabajador y su familia: salarios dignos, becas para la prole, comedores, aguinaldos y vacaciones, planes y créditos para vivienda. Con la contratación colectiva en muchas empresas iba a más. Pero, llegó al poder quienes se autocalificaban de defensores de los trabajadores y lo que ha hecho es hundirlo. Salarios de hambre, cero contratación o discusión colectiva, cero becas, cero comedores, en fin, cero para los trabajadores.
En los actuales momentos los indicadores señalan que enfrentamos una grave crisis social. Inflación, devaluación, desempleo, salarios y pensiones infames. El país en bancarrota. No obstante, la camarilla gobernante para seguir bailando pegado con míster Trump, le han pedido que usa autorice el pago de honorarios por la defensa de Maduro y Cilia, pues, con eso callaran a mucha gente chavo-madurismo. Esto es indignante para los trabajadores y el pueblo venezolano han sufrido y sufren la corrupta gestión de esa camarilla.
Los que profesamos en el humanismo cristiano creemos que esos nuevos ingresos petroleros se destinen a mejorar los salarios y pensiones, el servicio de seguridad social de salud, educación con calidad, sueldo suficiente a profesores y becas y comedores para los estudiantes, años sabáticos y becas a profesores para postgrado. Se respetaba el derecho a la libre asociación.
En el primer capítulo del Génesis, el trabajo se presenta como un encargo divino por el que el ser humano se asocia a la misma actuación de Dios: «Creced y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla» (Gn 1,28). El ser humano es invitado a transformar la realidad para servirse de ella, mostrándose así su superioridad sobre el resto de la creación. El trabajo pertenece a la condición originaria del hombre y precede a su caída; no es, por ello, ni un castigo ni una maldición, Más tarde por la avaricia, la ambición, el egoísmo los que se fueron erigiendo poderosos consideraron que el trabajo era tarea propia de las clases inferiores y de los esclavos, mientras que el ocio se valora como la actividad de las clases superiores. Esta realidad nos muestra la avaricia, egoísmo, ambición) introduce un factor de profunda tensión en la experiencia humana y en la relación hombre-naturaleza. En nuestra patria lo vemos como la sordidez y ambición de una camarilla corrupta ha sumido a la población venezolana a la pobreza.
Los humanistas cristianos creemos el trabajo debe ser honrado porque es fuente de riqueza o, al menos, de condiciones para una vida decorosa, y, en general, instrumento eficaz contra la pobreza, En su predicación, Jesús enseña a apreciar el trabajo. Él mismo “se hizo semejante a nosotros en todo, dedicó la mayor parte de los años de su vida terrena al trabajo manual junto al banco del carpintero, en el taller de José” (cf. Mt 13,55; Mc 6,3), al cual estaba sometido (cf. Lc 2,51). El trabajo representa una dimensión fundamental de la existencia humana no sólo como participación en la obra de la creación, sino también de la redención. El trabajo humano tiene una doble dimensión: objetiva y subjetiva. En sentido objetivo, es el conjunto de actividades, recursos, instrumentos y técnicas de las que el hombre se sirve para producir, para dominar la tierra, según las palabras del libro del Génesis. El trabajo en sentido subjetivo, es el actuar del hombre en cuanto ser dinámico, capaz de realizar diversas acciones que pertenecen al proceso del trabajo y que corresponden a su vocación personal.
En Venezuela vemos con indignación que la camarilla gobernante quienes han demostrado hasta la saciedad su avaricia y ambición de poder no les importa el destino de los venezolanos, obviamente, les importa un bledo la vida de los trabajadores y su familia, menos la suerte de los pensionados. Ahora de negocios con el mero imperio del capital, ni por asomo tiene presente que el trabajador merece un salario digno y los pensionados lo suficiente para vivir bien su final La doctrina social de la Iglesia ha abordado las relaciones entre trabajo y capital destacando la prioridad del primero sobre el segundo, así como su complementariedad. Queremos que se recuerde esta enseñanza y en estos momentos de aguda crisis social se le prioridad al trabajo. Es una total desconsideración de la de Delcy Rodríguez, encargada por Trump, afirmar que abre aumentos de sueldos con prudencia. Los trabajadores y su familia, ni los pensionados, comen con ingresos de prudencia. La canasta alimentaria para una familia esta en 650 dólares USA, en la bodega, en el abasto o en mercado no reciben prudencia sino dólares, euros o en la frontera también pesos. La lucha por salarios y pensiones dignas es una lucha de todos, pero no quedarnos en esto solamente, la lucha final es la libertad, retorno a la democracia y construir un Estado al servicio del bienestar general, mediante elecciones libres con árbitros imparciales. Versión Final y su gente acompañan estas luchas con decisión. ¡Hasta el final!
