El diario plural del Zulia

Rixio Portillo | La burla del premio Nobel

Posiblemente este texto no llegará a «Navi» Pillay. Ahora que es un personaje tan grande, no leerá un espacio tan pequeño, y menos en español, que podría ser hasta insignificante. Pero, al menos, creo que vale la pena comentar su reacción ante los aplausos.

Parte del problema del mundo que tenemos es que las víctimas son etiquetadas por la ideología de sus verdugos, y así tenemos víctimas malas y verdugos buenos.

La burla, en el fondo, no es hacia María Corina Machado, que no necesita que yo la defienda; en tal caso, que se defienda ella. La burla es hacia las víctimas del país de donde es María Corina Machado, que sí necesitan ser defendidas y merecen respeto. No son víctimas de segunda ni de tercera porque su verdugo sea de izquierda.

Seguramente esa izquierda que hoy aplaude ese premio no hizo nada por los venezolanos y llora más por los barriles de petróleo que por los millones de víctimas, de adentro y de afuera.

El tema de fondo no es el premio, que tiene un valor simbólico importante, sino la crítica al gesto de desprenderse de algo valioso por una cosa mucho más grande y de mayor valía: la libertad.

Sabe, señora «Navi» Pillay, no solo en Palestina tienen derecho a la libertad, ni solo en África. En Venezuela, la gente también tiene derecho a la libertad, y María Corina, objeto de su burla, también lo tiene. Aunque piense distinto a usted o haga cosas con las que usted no está de acuerdo, eso no la hace merecedora de la burla.

Por eso, creo que el tema del respeto es fundamental: respeto como persona, como víctima, como mujer. Palabras que seguramente usted defiende y que fueron las razones de su premio, ahora empañado por su sátira y humor negro.

Las víctimas, le reitero, siempre merecen respeto, no una burla, pues quien se ríe del mal ajeno pone en evidencia el mucho o poco sadismo que lleva dentro.

Espero que pueda disfrutar su premio, que pueda dedicarlo a las víctimas sin ideología y que quizás tenga el gesto magnánimo de desprenderse de él para mostrar que el mayor premio deseado es la libertad de quiénes defiende.

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