El diario plural del Zulia

Rafael Uzcátegui | Venezuela y el disciplinamiento del cinismo

El viernes 9 de octubre, en Ciudad de México, el expresidente colombiano Gustavo Petro opinó sobre lo ocurrido en Venezuela el 3 de enero de 2026. Entre otros comentarios, cuestionó que el petróleo venezolano terminara bajo control estadounidense y afirmó que los 32 cubanos fallecidos durante la operación militar habían sido los únicos que ofrecieron resistencia.

Más allá de la exactitud, su interpretación coincide con la de muchos observadores externos sobre la evolución de la situación en Caracas bajo tutela estadounidense: un modelo de gobierno que durante décadas hizo del antiimperialismo una de sus principales señas de identidad ha dado un giro de 180 grados y, hoy, tiene en la Casa Blanca a su principal aliado para mantenerse en el poder.

Lo relevante del episodio fue la reacción del chavismo. Durante el encuentro, el diputado Jesús Faría interrumpió a Petro a gritos, acusándolo de mentir. Posteriormente, Tania Díaz lo confrontó personalmente y lo llamó “Santander”, en alusión a la supuesta traición a Simón Bolívar. Dentro del país, otros representantes del oficialismo difundieron mensajes cuestionando al exmandatario colombiano.

La molestia mayor parece ser que alguien, considerado ideológicamente cercano al chavismo, describa públicamente una realidad que su dirigencia se resiste a reconocer. El chavismo reacciona como si alguien afirmara que la Tierra es redonda, cuando el movimiento en su conjunto parece haber asumido que, por razones estratégicas, ahora debe y tiene que ser plana.

El cinismo no es nuevo en el chavismo, pero después del bombardeo a Venezuela avanza a una nueva frontera. Solo un ejemplo, de tantos: se habló de “soberanía alimentaria”, mientras en 2007 el propio ministro de Alimentación reconocía que el 70 % de las compras de su principal cadena de distribución de comida provenían del exterior. Ahora, la contradicción es mayor: un movimiento que hizo del antiimperialismo una de sus principales banderas se resiste a reconocer la relación de tutela y subordinación que mantiene con Washington.

¿Cómo explicar que un movimiento político acepte una transformación tan radical de su proyecto histórico sin que se produzca una ruptura entre sus integrantes? ¿Por qué quienes durante décadas defendieron determinadas convicciones hoy parecen dispuestos a justificar decisiones que abiertamente las contradicen? Mi hipótesis es que esta situación de cinismo generalizado no surgió espontáneamente. Ha sido posible gracias a un largo proceso de disciplinamiento político, iniciado bajo Hugo Chávez y profundizado durante el gobierno de Nicolás Maduro, cuyos mecanismos continúan funcionando bajo Delcy Rodríguez.

Cinismo generalizado y disciplinamiento

Según la Real Academia Española (RAE), cinismo es la “desvergüenza en el mentir”. Hay que reconocer que la mentira ha sido una herramienta política desde el inicio de los tiempos. No obstante, hoy la diferencia es la velocidad y magnitud de las mentiras, que se han mostrado eficaces para polarizar sociedades estimulando emociones y (bajas) pasiones. Ante el desfile vertiginoso de mentiras, la imposibilidad de la verificación en tiempo real ha ocasionado que la verdad deje de importar. Por ello, el uso del cinismo se ha viralizado en la sociedad contemporánea. Venezuela constituye un caso particularmente llamativo, pero está lejos de ser el único.

El concepto de disciplinamiento fue desarrollado por el filósofo francés Michel Foucault, que estudió cómo instituciones como las cárceles, las escuelas y los cuarteles conseguían que las personas adoptaran determinadas conductas mediante la vigilancia, las sanciones y la repetición de rutinas. Su conclusión fue que el poder no necesita recurrir permanentemente a la fuerza para conseguir obediencia. También puede lograr que las personas interioricen las reglas y terminen vigilándose a sí mismas.

El disciplinamiento, por tanto, va más allá de cumplir órdenes. Trasladado al terreno político, esto permite comprender cómo los integrantes de una organización pueden terminar reproduciendo determinadas posiciones, incluso anticipándose a las instrucciones de sus dirigentes, y aunque los hechos sean contrarios a la narrativa impuesta.

Un ejemplo de cómo funcionaba el disciplinamiento bajo Hugo Chávez ocurrió en julio de 2012, cuando el mandatario presentó una reconstrucción digital del rostro de Simón Bolívar. La nueva imagen era bastante diferente a los retratos realizados durante la vida del Libertador y mostraba rasgos que algunos consideraron semejantes a los del propio Chávez. A pesar de los cuestionamientos, la imagen fue asumida por el chavismo y comenzó a ocupar un lugar destacado en las instituciones públicas. No hubo una discusión relevante dentro del movimiento sobre su fidelidad histórica. La versión promovida desde la presidencia terminó convertida en símbolo y verdad oficial.

El sociólogo francés Pierre Bourdieu permite ampliar esta explicación mediante su concepto de habitus. Con él se refiere a un conjunto de disposiciones que las personas adquieren a lo largo de su experiencia social y que terminan orientando sus comportamientos, muchas veces sin que sean plenamente conscientes de ello. Por ejemplo, alguien que ha pasado muchos años dentro de una organización política puede aprender a reconocer qué opiniones son aceptables, cuáles es preferible callar y cómo comportarse ante una controversia, incluso antes de que sus dirigentes fijen una posición.

Articulo original tomado de Rialta:  https://rialta.org/venezuela-y-el-disciplinamiento-del-cinismo/

Lea también
Comentarios
Cargando...