Eleisi Espina // Noventa años del Plan de Barranquilla
Transcurrían las primeras décadas del siglo XX y Venezuela se hallaba sumida bajo la, no menos influyente, figura de Juan Vicente Gómez. Era Venezuela, un país que exportando petróleo, continuaba siendo una nación ruralizada, empobrecida y maltratada por los desórdenes políticos suscitados desde el siglo XIX.
El fenómeno que explica tal obediencia colectiva, descansa sobre la represión política y la inhibición de las libertades individuales fundamentales. El dictador, ante los numerosos enemigos que despierta por toda la república y fuera de ésta, emprende la más dura campaña de persecución a intelectuales, ideólogos así como de cualquier agrupación o asociación que intentase quebrantar los intereses personalistas de su administración.
De igual forma, es importante destacar que el levantamiento estudiantil universitario de 1928, no fue propiamente el resultado de virtuosas voluntades de un puñado de universitarios. Se hallaba la república en esos momentos reaccionando de forma tardía a la gigantesca oleada insurgente que ya había despertado en otros rincones de la América, dejando en Venezuela, el último bastión del despotismo por arrasar. Tras aquel desborde vigoroso que se llamó Reforma Universitaria en Argentina, Perú, Chile y Uruguay; culminación de la Revolución Mexicana, en México y parte del Caribe; e insurgencia obrera y sindical en casi todas partes de América.
En el exilio, Rómulo Betancourt logra perfilar su formación ideológica. Sin clientelismo y con una actitud reactiva a su época, construye un documento que ha de proyectar con basamento en la historia nacional, la realidad venezolana desde las estructuras políticas dispuestas y heredadas desde la colonia. EL PLAN DE BARRANQUILLA, que a juicio propio constituye realmente un manifiesto, se construye y no coincidencialmente en la fase, sino de decadencia del gomecismo, al menos de nuevos despertares para la República, pues para el pesar de las masas, el estoico régimen de los Gómez halla vigencia en la misma prolongación del servilismo político hasta llegada la muerte del dictador en 1935.
El desarrollo de los acontecimientos, tanto de orden interno como externo conducen a Rómulo Betancourt y a un grupo de líderes políticos, entre los que destacan Raúl Leoni, Ricardo Montilla, Valmore Rodríguez y Juan José Palacios a la definición de un plan en el que se precisen las acciones fundamentales a emprender en procura de la transformación social y política del país. Bajo esta premisa, se concibe el PLAN DE BARRANQUILLA.
Este Manifiesto firmado en fecha del 22 de marzo de 1931, constituye una iniciativa de Betancourt y de los integrantes de la Agrupación Revolucionaria de Izquierda (ARDI). Básicamente el plan refleja un programa político de emergencia ante manifestaciones que anticipaban la inminente caída de la dictadura gomecista, pero en otro tanto, éste Plan se ha reconocido como una obra que denota la madurez política de Rómulo Betancourt y su consecuente preocupación por la situación de dependencia que ha regido el destino de Venezuela, a partir de las estructuras políticas y económicas dominantes del sistema mundial. En palabras de Germán Carrera Damas (1994) el verdadero propósito del Plan no fue el de formular una acción revolucionaria sino permitir una práctica y con referencia a un conjunto de proposiciones, el deslinde de las actitudes, pero sobre todo de los propósitos (P.13). Explica el autor, que el interés de Betancourt, tras la exposición de lo que denominó el programa, radicaba en identificar a quienes habrían de ser «los suyos», como condición necesaria para la conformación de un liderazgo político.
Según algunos historiadores, éste Plan estaba destinado a circular en Venezuela y a caquetizar a gente tímida e ignorante cuyo miedo rechazaría la proposición de fórmulas de cambio social. Es posible que Rómulo Betancourt y los miembros del ARDI, presentaran éste proyecto de contenido básico a las masas y guardaran para sí, el proyecto que comentaba los cambios de carácter estructural. En numerosos escritos de Betancourt, deja manifiesta su confianza limitada en la base social, al menos así quedó plasmado en una carta de Rómulo Betancourt (1931) a José Rafael Pocaterra, faltando sólo días para la presentación del PLAN DE BARRANQUILLA, en la cual expresa: "Ese pueblo es aún ignorante, gregario, incapaz de buscarle por sí solo cauces a sus anhelos confusos de dignidad civil, pero está apto para recibir palabras de renovación"
A MODO DE CONCLUSIÓN SE PRESENTA LA PROPUESTA DEL PLAN
(Compilado por Naudy Suárez, 1977)
Precisados en el orden interno y en las relaciones internacionales los factores determinantes de la situación venezolana hemos suscrito un programa mínimo de acción política y social con vistas a esos factores. Presumen espíritus simplistas, viciados de la tradicional indolencia venezolana para ahondar problemas, que asociaciones cívicas y otros remedios fáciles de la misma índole bastarían para promover en el país un movimiento de dignificación civil. Nosotros con criterio más realista y positivo, nutrido de doctrina y de historia, creemos que la elevación del nivel político y social de las masas no pueden lograrse sino sobre bases de independencia económica. Por eso, hemos articulado nuestra plataforma con postulados de acción social y antiimperialista, trascendiendo resuelta y conscientemente las aspiraciones retrasadas de quienes creen que basta moralizar la administración y reformar cuatro o cinco artículos de la Constitución para que Venezuela comience a realizar su destino de pueblo. Hemos dicho programa mínimo, porque el suscrito hoy por nosotros apenas contempla los más urgentes problemas nacionales y porque el contenido mismo de nuestros postulados de acción es apenas reformista. Consecuentes con un método que repudia la sobreestimación de fuerzas, hemos querido considerar sólo las necesidades y aspiraciones populares que creemos más urgentes. La marcha misma del proceso social nos señalará el momento de poner a la orden del día la cuestión de ampliación y revisión del programa.
PROGRAMA
I. Hombres civiles al manejo de la cosa pública. Exclusión de todo elemento militar de mecanismo administrativo durante el período preconstitucional. Lucha contra el caudillismo militarista.
II. Garantías para la libre expresión del pensamiento, hablado o escrito, y para los demás derechos individuales (asociación, reunión, libre tránsito, etc).
III. Confiscación de los bienes de Gómez, sus familiares y servidores y comienzo inmediato de su explotación por el pueblo y no por jefes revolucionarios triunfantes.
IV. Creación de un Tribunal de Salud Pública que investigue y sancione los delitos del despotismo.
V. Inmediata expedición de decretos protegiendo las clases productoras de la tiranía capitalista.
VI. Intensa campaña de desanalfabetización de las masas obreras y campesinas. Enseñanza teórica-industrial y agrícola. Autonomía universitaria funcional y económica.
VII. Revisión de los contratos y concesiones celebrados por la nación con el capitalismo nacional y extranjero. Adopción de una política económica contraria a la contratación de empréstitos. Nacionalización de las caídas de agua. Control por el Estado o el Municipio de las industrias que por su carácter constituyen monopolios de servicios públicos.
VIII. Convocatoria dentro de un plazo no mayor de un año de una Asamblea Constituyente, que elija gobierno provisional, reforme la Constitución, revise las leyes que con mayor urgencia lo reclamen y expida las necesarias para resolver los problemas políticos, sociales y económicos que pondrá a la orden del día la revolución.
Los que suscriben éste plan se comprometen a luchar por las reivindicaciones en él sustentadas y a ingresar como militantes activos en el partido político que se organizará dentro del país sobre sus bases.
RÓMULO BETANCOURT
Pedro A. Juliac, Mario Plaza Ponte, Simón Betancourt, Ricardo Montilla, Carlos Peña Uslar, Rafael Ángel Castillo, P. J. Rodríguez Berroeta, Valmore Rodríguez, Raúl Leoni V., Juan J. Palacios y César Camejo.
Cierra compilación de Naudy Suárez.
Pocos después se añadieron al Plan otros exiliados:
Carlos D'ascoli, Jóvito Villalba, Gonzalo Carnevalli, Alberto Ravell, Luis Villalba Villalba, Mariano Picón Salas, Germán Herrera Umérez, Hermann Nass, Carlos Irazábal, Joaquín Gabaldón Márquez, J.C. Sotillo Picornell, Antonio García, Manuel Felipe Rugeles, Isaac Pardo Soublette, Héctor de León, Francisco Rivas Lázaro.
Como bien se podrá detallar fue un muy concebido y vigoroso Plan, bien diríamos nosotros, la Plataforma Doctrinaria y Programática de nuestro Glorioso Partido del Pueblo, ACCIÓN DEMOCRÁTICA y de los Gobiernos de transformación de las estructuras políticas, económicas y sociales de la Venezuela Contemporánea, de la única y verdadera Revolución que sacó a nuestro País del oscurantismo, el atraso y la opresión, típicos de las montoneras y botas militaristas que mantuvieron vejados al pueblo venezolano hasta la mitad del siglo XX.
Este PLAN DE BARRANQUILLA, se comenzó a materializar, una vez que esos jóvenes, 14 años después, obtuvieron con sobrados esfuerzos y sacrificios, llegar a la Presidencia de la República el 18 de Octubre de 1945. Allí se empezó a cumplir esa Plataforma Programática en todos sus puntos. Al cabo de un año revolucionaron el país con lo estipulado en el punto VIII, en la Constitución de la Asamblea Constituyente, dirigida por el Poeta del Pueblo, Andrés Eloy Blanco y como Vice Presidente el Dirigente Sindical de los zapateros artesanales de Caracas, Augusto Malavé Villalba. Votando todo venezolano mayor de 18 años, anteriormente prohibido a los analfabetas y a las mujeres.
Hoy y en lo que va de siglo 21 Venezuela ha caído a los más oscuros niveles de atraso de los que vivió la Nación hace más de 90 años. Situación en la cual estamos todos obligados a acudir a ese coraje y valentía que tuvo aquel puñado de jóvenes para transformar a Venezuela. Nos corresponde a nosotros recuperar todo ese legado, que ya se está librando con tanto riesgo, esfuerzo y lucha a través de nuestra dirigencia política nacional, encabezadas por Henry Ramos Allup, Carlos Prosperi, Andrea Parra, Williams Dávila, Edgar Zambrano, Nelson Guillén, Alberto Betancourt, Adonai Ochoa, Blanca de Benaim, Aixa López, Lilian Arvelo y destacados dirigentes políticos y sindicales de todo el país que en Unidad con los diferentes partidos políticos luchan por todas las calles de Venezuela construyendo las mejores estrategias, a través de la presión interna, para derrotar ésta tiranía.
Desde éste Movimiento Sindical de los Trabajadores de ACCIÓN DEMOCRÁTICA en el Estado Zulia, seguimos ayudando en esa misma dirección y, desde hace más de un año, estamos trabajando de manera Unitaria todos los Secretarios Sindicales Regionales de 12 partidos políticos que tenemos estructura en todos los sindicatos del Estado, a través de nuestra Plataforma Unitaria, la UNIDAD DE TRABAJADORES DEL ZULIA EN DEFENSA DE SUS DERECHOS "UTDZ".
Conscientes del épico trabajo, seguiremos desvelados en la construcción de la Unión estratégica para salir de esta catástrofe.
