El diario plural del Zulia

Jesús Peñalver | El regreso de un país

Sí, eso quiero. No seguir en esto que vamos siendo y que puede empeorar si no nos atrevemos a evitarlo. Unidad de propósitos, esclarecimiento en la imaginación y el pensamiento de la dirigencia política opositora, y desde luego, hacer a un lado las apetencias personales o individuales por llegar a posiciones de poder a toda costa.
Reconocer el liderazgo de Maria Corina Machado es fundamental, y asumir que es ella la que hoy ostenta la capacidad y las potencialidades para seguir siendo la cabeza visible y ejecutiva de la Plataforma Unitaria Democrática (PUD)  como única instancia política de la legítima oposición democrática en Venezuela. No es hegemonía ni dictadura partidista, y pruebas suficientes hay para sustentar lo que aquí afirmo.
No veo nada malo en que la gente desee un destino mejor, pero la realidad de los hechos nos indica el camino a seguir y la ineludible e impostergable ocasión que tenemos de alcanzar un mejor futuro de la mano y bajo la conducción de MCM. Debemos unirnos en torno a su liderazgo, repito, para lograr superar la pesadilla de más de 27 años que arruina aún más y cada día que pasa, nuestras ya tristes condiciones de existencia.
La generosidad y la solidaridad humanas deben imponerse ante tantos infortunios que vive la humanidad toda, particularmente el país venezolano que tanto nos duele.
No reprocho –no podría hacerlo– a quienes expresan sus buenos deseos y parabienes para que nuestros días sean mejores. ¡Cómo cuestionar un sentimiento de familia o de manifiesta amistad!
Claro que pienso en mi propio bienestar y el de los míos. Pero al propio tiempo, “porque nada humano me es ajeno”, procuro convocar a la esperanza y a los más valiosos principios de la persona para alcanzar propósitos de interés y beneficio colectivo.
Quizá incurra en algo que un poeta llamó “optimismo gafo”. No importa, no me hace mella y respeto la opinión ajena. Me refugio en mi convicción de que las montañas se apartan cuando ven venir la fe.
Quisimos se respetaran los resultados del 28 de julio de 2024. Queda claro, la escandalosa realidad  nos explotó en la cara: el robo, fraude y delito electoral. Todos los poderes concernidos en la mala intención y la terca manía de seguir en el poder a troche y moche, violando para ello todo el ordenamiento jurídico y sobre todo la voluntad de un pueblo esperanzado.
No es mi propósito señalar aquí el rosario de penas y desasosiego; sin embargo, como aquella cuña “aquí estamos y aquí seguimos”. Si bien nos atosigan dos pestes, un régimen corrupto capaz de sostenerse solo en un aparato militar de fuerza, bueno, de fuerza, y sumiso a sus designios, y ahora para más INRI una soberanía tutelada (mayor absurdo idiomático y político), hoy insisto en la esperanza para que ninguna de ellas ni ninguna otra acabe con la Venezuela decente y deseosa de un cambio del estado de cosas en que encuentra.
Y seguiremos deseando que todo mejore y que las generaciones futuras sepan crear soluciones, criar seres nobles sin corazones solitarios y construir escenarios con amor y justicia.
Son veintisiete años de esta desgracia chavista, madurista y de algún otro origen de parecida  naturaleza; de esta maldición inmerecida, este castigo innecesario. Terrible tiempo, tortuoso y dañino de una pesadilla coloreada de un rojo alarmante destruyendo al país. Este dolor debe acabarse. ¡Por Dios!
No se apagarán las luces de la patria, a menos que sea para amarla en silencio y en lo oscuro, y sin embargo. Llegará el día del juicio en que todos entrarán a la sala, la justicia terrena juzgará sus crímenes, se oirán gritos y consignas, otros callarán sus penas y sus culpas, los juzgados harán su trabajo, quizá reos lloren o se burlen al escuchar la sentencia y allí comenzará la reconstrucción
Confío en que se esté apagando la vela en su cabecera. Mi país no merece seguir viviendo esta tragedia, esta desgracia, mala hora que al parecer, hace feliz a los responsables de la peste que la propicia y a su hatajo de cómplices conmilitones aplaudiendo.
Los cuarteles sostenían al usurpador, porque son garrapatas acostumbradas a chupar, parásitos que viven del erario, flojazos en cuyos uniformes exhiben, groseramente, soles y estrellas sin un pedacito de cielo. Otro guindalejo habrá que colgárselo en una nalga. ¡Sinvergüenzas! Hoy la realidad es otra. Nos debatimos entre capitanía, tutela, soberanía intervenida, ni siquiera virreinato.
Os recuerdo que Simón Rodríguez instaló una fábrica de jabón y velas en Valparaíso. Yo digo hoy, velas para la luz entre tantas sombras tenebrosas y jabón para lavar la mugre de la peste que ha ensuciado la República durante casi y treinta años.
Hoy  esperanzado  te siento más cerca, quiero abrazarte como nunca antes, como ha debido ser siempre. Darte el abrazo que mereciste siempre, el que no he debido dejar de darte en todo momento. No me fui de tu lado, y aunque no hice lo suficiente, algo hice para que volvieras y poder tenerte de nuevo.
En ti mis hijos contigo, prometo tratarte mejor. Gracias por volver. ¡Venezuela!
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