Jesús E. Mazzei Alfonzo | Políticos y técnicos

El ideal es el político, que debe conocer cuál es el margen, de ritmo, maniobra y tener la pericia adecuada tanto del punto de vista intelectual y de gestión, para tomar decisiones.
Comentaré y analizaré para mis apreciados lectores algunas reflexiones sobre el tema: política, gobierno y técnicos, a raíz del artículo del exsecretario del CLAD Francisco Velásquez “Gobiernos Tecnocráticos y Administración", escrito y publicado un tiempo atrás. En efecto, tomar decisiones, interactuar, cooperar, coordinar y gestionar dentro de una organización pública, entender su cultura organizacional, son elementos complejos en los momentos que corren. Comprender y reflexionar sobre ellos ha sido históricamente uno de los retos de la teoría de la organización aplicada a la política contemporánea en la rama de lo que podríamos denominar la gerencia política. Y, unido a este asunto, además, un artículo muy interesante publicado en la revista Debates del IESA, de Erika Hidalgo sobre habilidades gerenciales, en determinada estructura organizacional. El técnico y su vinculación con el político, puede ejercer una gran influencia de experticia y/o pericia, en el seno de las sociedades actuales, es quien suministra las herramientas conceptuales, las informaciones adecuadas para la toma de decisiones en un ambiente complejo e incierto como el de hoy, el político es quien toma las decisiones o quien esté a la cabeza de las distintas instituciones gubernamentales (Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Administración descentralizada etc).
En efecto, el primer deber de un político en la praxis de gobernar, es saber escoger su equipo de colaboradores, su equipo técnico-político de gobierno, que lo hace en sus diversos momentos de reflexión de donde se hace dos preguntas: con quién se gobierna y para qué se gobierna, para actuar y tomar decisiones, en un ámbito tan complejo como es el estado, el tema no es cualquier cosa, esta es quizás no solamente una cualidad, porque de ello determinará el funcionamiento de la maquinaria del estado y de la acción de gobierno, sino además, el conocimiento que tiene el alto gobernante de la labores de gobierno, es decir, saber calibrar las funciones y competencias de sus diferentes colaboradores en el gobierno.
Algunos aportes científicos, pueden ayudar a entender, por ejemplo, que la política no sólo se mueve bajo la influencia de las políticas, sino también por efectos inesperados, la incertidumbre, el azar es un elemento a tomar en cuenta también. Se requiere, pues, a la hora de gobernar tacto político, capacidad de comunicación, persuasión y un timing especial, para llevar cabo no solamente las tareas normales del día a día de gobierno, sino igualmente, negociar, conversar con los diversos actores con los que se convive y con la influencia del entorno internacional que también influye. Por eso, las labores del técnico y el político deben converger y no diverger, deben engranarse, para mejorar las decisiones que al final de cuentas van al seno de las sociedades democráticas: por lo tanto, el aporte que han realizado los técnicos como consultores, en base a sus capacidades, es muy importante no sólo en esta interacción con sus pares sino la comprensión mutua de los diferentes actores.
Es la gestión y dirección de los asuntos públicos. Tiene que ver, además, con las relaciones de poder en el ámbito público, porque en política se dan cuestiones relativas a la dominación, que se enlazan con la regulación formal e informal en instituciones o estructuras políticas. Si no veamos el caso venezolano en los últimos 26 años, de verdad que Uds. ¿Creen amigos lectores, que hemos tenido equipos técnicos de primer nivel estos años y políticos con auctoritas para tomar decisiones? La respuesta es No.
La gerencia pública actual, puede catalogarse como la más mediocre y limitada intelectualmente hablando en estos 26 años, en materia económica, educativa, sanitaria, infraestructura y en otras políticas públicas en general. Y no ha reunido tres condiciones fundamentales, tener agilidad informativa, para tomar decisiones, otra, habilidad para trabajar en equipo y no de forma autoritaria y personalista y la otra muy importante cultivar la inteligencia emocional y social, eso poco abunda en el entorno público venezolano, por ello, los resultados tan malos en la administración pública venezolano. El político en funciones gerenciales del estado en competencias de liderar, coordinar y estructurar y eso escasea, porque esto es lo pernicioso de un proyecto autoritario e ideológico y se confunde lo partidista con lo público y eso es lo que ha impregnado en los políticos en ejercicio de altas autoridades estatales y su interacción con los técnicos. Falta capacidad de aprendizaje, retroalimentarse y de adquirir conocimiento pluralista y no sólo marxista-leninista, que históricamente se ha mostrado desfasado epocalmente.
Hoy la forma de aprender es diferente que hace unos 30 años, lo digital influye, la globalización y la porosidad de adquirir conocimientos también. Tener humildad en reconocer que no lo están haciendo eficaz y eficientemente, haría un noble servicio al país y rectificar, sin embargo, no me hago ilusiones. Como observamos la gerencia estatal se ha hecho más compleja por los problemas, de cómo es esta relación y además por lo que se avizora al mediano y largo plazo.
El ideal es el político, que debe conocer cuál es el margen, de ritmo, maniobra y tener la pericia adecuada tanto del punto de vista intelectual y de gestión, para tomar decisiones. Por ello, en las democracias para un político gobernar se hace más intrincado ya que se hace bajo varias premisas: arbitrar, articular, consultar, cooperar, coordinar calibrar, sopesar y saber sortear, negociar en crisis (reciprocidades específicas o difusas), capacidad para mantener la centralidad; lograr que estas herramientas se utilicen armónicamente y adecuada, requiere de conocimiento e intuición, y esto lo adquiere con estudio y la experiencia. Habilidad para resolver problemas, manejo de equipos humanos, tener en síntesis un pensamiento creativo. El político debe tener coraje, pero con sentido de responsabilidad. El político atesora un capital que es importante a lo largo de su carrera en función del tiempo y de los nodos en constituir la misma carrera política.
Estamos pues, en pleno desarrollo de una sociedad del conocimiento, en la política se dan dos posibles vías de acción, según el cual las políticas públicas no pueden ser sino el resultado y la ejecución de la decisión política, es decir, el paradigma racional-secuencial o por el contrario pondrán el acento en la dimensión confrontativa-discontinua de la elaboración de las políticas ubicándolas como una de las arenas fundamentales en las que se libra la lucha política.
En suma, conjugar la labor del técnico con la del político es difícil, gobernar es más intrincado, complejo, es optar entre opciones, es saber que se quiere, saber qué se puede y que no se puede hacer, saber cuándo hay que hacerlo y finalmente, cómo hay que hacerlo, y en sociedades postindustriales de carácter democrático, es más complicado en pandemia. El político debe tener iniciativa y clara apreciación estratégica, pero con un sentido de las proporciones del tiempo en que le toca actuar. Que inmenso reto, tiene en este caso Venezuela, de cara al futuro. Gobernantes pésimos y técnicos aún más. Menudo destino tiene ya la nación venezolana en el presente y en el porvenir, en mejorar la calidad de la gerencia pública.