David Morán Bohórquez | La falacia del Merey 16 en la Reserva Estratégica de EE. UU.
En el debate político estadounidense ha vuelto a emerger una narrativa que confunde la geopolítica del petróleo con la ingeniería de una reserva estratégica: la idea de que la Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos (Strategic Petroleum Reserve, SPR) podría reponerse utilizando crudo venezolano, particularmente Merey-16, la principal corriente de exportación de Venezuela y una de las más representativas de la producción de la Faja Petrolífera del Orinoco.
La afirmación puede resultar atractiva desde el punto de vista político, pero no resiste un examen de las especificaciones técnicas de la SPR ni de los mecanismos mediante los cuales el Departamento de Energía de Estados Unidos (DOE) adquiere y administra su inventario.
El punto de partida es una distinción fundamental que suele perderse en el debate: el crudo que puede ser económicamente atractivo para una refinería de la Costa del Golfo no es necesariamente el crudo que cumple las especificaciones para ser almacenado en las cavernas de la SPR.
Y el Merey-16 es un excelente ejemplo de esa diferencia.
1. El Merey-16 no cumple las especificaciones de la SPR
La SPR no almacena un único tipo de petróleo. El DOE clasifica los crudos de la reserva en dos grandes categorías: sweet y sour. Para la SPR, el crudo sweet contiene un máximo de 0,50 % de azufre en peso, mientras que el sour puede contener hasta 1,99 %. Además, la clasificación operacional de la reserva contempla, para estas categorías, crudos generalmente comprendidos entre 30° y 45° API. El DOE señala expresamente que los crudos destinados a la reserva deben cumplir sus especificaciones de calidad.
El Merey-16 venezolano está muy lejos de esos parámetros.
La Energy Information Administration (EIA) lo caracteriza con aproximadamente 15,9° API y 2,7 % de azufre. La misma fuente señala que su procesamiento requiere unidades de coquización (coking units) y refinerías complejas.
La comparación resulta contundente:
Merey-16: 15,9° API / 2,7 % de azufre
SPR — crudo agrio (sour): aproximadamente 30–45° API / máximo 1,99 % de azufre
El problema no es una cuestión de percepción ni de geopolítica. Un Merey-16 típico está fuera de especificación para la categoría sour de la SPR tanto por gravedad API como por contenido de azufre.
Y esos no son los únicos parámetros considerados. Las especificaciones de adquisición de la SPR incluyen, entre otros, límites para punto de fluidez, sal, viscosidad, presión de vapor, número de acidez, agua y sedimentos y características de destilación.
Hay aquí una precisión importante. Decir que el Merey-16 no cumple las especificaciones de la SPR no equivale a decir que ningún crudo venezolano podría hacerlo.
La propia EIA registra una diversidad importante de corrientes venezolanas. Santa Bárbara, por ejemplo, aparece con aproximadamente 39,3° API y 0,48 % de azufre; Mesa-30, con 29,1° API y 1,08 % de azufre; y Hamaca, con 26° API y 1,55 % de azufre.
Además, conocer la calidad de una corriente no equivale a conocer su disponibilidad. Venezuela no publica actualmente un desglose confiable de su producción por segregación. Mesa-30, por ejemplo, no es simplemente un crudo disponible para cualquier destino: una parte de esa corriente se utiliza para mezclar el crudo extrapesado de la Faja y producir Merey-16. Por ello, antes de hablar de "crudo venezolano disponible para la SPR", habría que determinar cuánto volumen de cada corriente existe realmente, cuánto se consume internamente, cuánto se utiliza como diluyente y cuánto queda disponible para exportación.
La conclusión técnicamente correcta es, por tanto, precisa: el Merey-16 no es un candidato directo para la SPR bajo las especificaciones publicadas por el DOE.
2. Estados Unidos dispone de una enorme oferta doméstica
El segundo argumento es económico y estratégico.
Estados Unidos produjo un promedio récord de aproximadamente 13,6 millones de barriles diarios de crudo durante 2025, consolidándose como el mayor productor mundial.
Esa abundancia doméstica tiene una consecuencia evidente: Estados Unidos no necesita al Merey-16 venezolano para abastecer su Reserva Estratégica.
Las recientes compras directas del DOE lo ilustran. En 2024, el Departamento adjudicó contratos para adquirir millones de barriles de crudo producido en Estados Unidos. Posteriormente, en 2025, volvió a solicitar crudo para la reserva mediante procesos competitivos.
El dato es relevante, y debe formularse correctamente: la SPR no está limitada al petróleo estadounidense. El propio DOE reconoce que a lo largo de su historia ha adquirido crudo de numerosos países y que la reserva contiene crudos tanto domésticos como extranjeros.
Pero una cosa es que el petróleo extranjero pueda ser admisible y otra muy diferente que un determinado crudo extranjero sea técnicamente elegible o necesario.
En el caso del Merey-16, ninguna de esas premisas está demostrada.
3. Merey-16 tiene otro destino económico
La verdadera fortaleza del Merey-16 aparece aguas abajo, en la refinación.
Se trata de un crudo pesado y altamente sulfurado cuya transformación requiere instalaciones de conversión profunda. La EIA señala expresamente que el Merey-16 requiere unidades de coquización y refinerías complejas, y lo identifica como una corriente que puede resultar atractiva para determinados refinadores estadounidenses.
Aquí está la diferencia fundamental:
Una refinería compra un crudo por el valor que puede extraer de él mediante su procesamiento.
Una reserva estratégica adquiere crudo que debe cumplir especificaciones de calidad que permitan almacenarlo, manejarlo y posteriormente introducirlo en el sistema de refinación.
No son el mismo problema.
Para una refinería de alta conversión de la Costa del Golfo, un crudo pesado y sulfurado puede tener valor precisamente porque dispone de las unidades necesarias para convertir ese residuo en productos de mayor valor.
Para la SPR, en cambio, esa misma característica se convierte en una desventaja cuando el crudo está fuera de las especificaciones de calidad de la reserva.
Por eso, Merey-16 puede ser una alimentación atractiva para una refinería y, al mismo tiempo, ser inadecuado para la SPR.
4. La SPR tampoco se gestiona únicamente mediante compras
Existe además otro elemento que suele desaparecer del debate político: el DOE no gestiona la reserva exclusivamente mediante compras directas.
En marzo de 2026, el Departamento inició una gran operación de intercambio de petróleo (exchange). En la primera fase, adjudicó contratos para entregar aproximadamente 45,2 millones de barriles de la SPR y recibir posteriormente 55 millones de barriles, incluidos barriles adicionales como prima, sin costo para los contribuyentes.
Posteriormente se produjeron nuevas rondas de intercambio. En abril, el DOE anunció otra operación de hasta 10 millones de barriles y, posteriormente, lanzó nuevas solicitudes para intercambios de grandes volúmenes.
Esto demuestra que reducir la política de la SPR a la fórmula "el Gobierno extiende un cheque y compra petróleo extranjero" es una simplificación.
La gestión de la reserva combina compras, intercambios y otros mecanismos contractuales, sujetos a las condiciones de cada convocatoria y, sobre todo, a las especificaciones del crudo requerido.
5. La SPR no necesita al Merey-16
Los números actuales ayudan a poner el asunto en perspectiva.
Al 20 de agosto de 2026, la SPR registraba aproximadamente 294,1 millones de barriles, distribuidos entre 101,8 millones de barriles de crudo sweet y 192,3 millones de crudo sour. Su capacidad autorizada de almacenamiento es de 714 millones de barriles.
El asunto no es si Estados Unidos necesita petróleo. Obviamente que lo necesita.
La cuestión correcta es otra:
¿Qué crudo cumple las especificaciones de la SPR?
¿Qué crudo resulta económicamente conveniente para las refinerías estadounidenses?
¿Y mediante qué mecanismo contractual puede adquirirlo el Gobierno de Estados Unidos?
Son tres preguntas diferentes.
Y confundirlas conduce a conclusiones equivocadas.
Concluyendo
El debate sobre el supuesto papel del Merey-16 venezolano en la reposición de la Reserva Estratégica de Estados Unidos mezcla tres mercados distintos: el mercado internacional de crudo, el mercado de alimentación de las refinerías de la Costa del Golfo y el sistema de almacenamiento estratégico del Gobierno estadounidense.
El Merey-16, con aproximadamente 15,9° API y 2,7 % de azufre, no cumple las características básicas publicadas por el DOE para el crudo sour de la SPR, cuyo rango general se sitúa en torno a 30–45° API y cuyo contenido máximo de azufre es de 1,99 %.
Eso no significa que Venezuela carezca de crudos que puedan, eventualmente, satisfacer determinadas especificaciones de la SPR. Significa algo mucho más concreto y técnicamente demostrable:
El Merey-16 no es un candidato directo para llenar las cavernas de la Reserva Estratégica de Estados Unidos.
Su lógica económica está en otro lugar: las refinerías complejas de la Costa del Golfo capaces de procesar crudos pesados y altamente sulfurados mediante coquización y otras unidades de conversión profunda.
La discusión, por tanto, debería dejar de formularse en términos de "El crudo de Venezuela llenará la SPR" y comenzar por una pregunta mucho más sencilla:
¿Es el crudo venezolano del que estamos hablando técnicamente compatible con la reserva que supuestamente va a llenar?
En el caso del Merey-16, la respuesta es clara: no.
La geopolítica puede cambiar los flujos comerciales, las licencias y los contratos. Pero no puede cambiar los grados API ni reducir por decreto el contenido de azufre de un barril de petróleo.
David Morán Bohórquez es ingeniero industrial, miembro de la Comisión de Energía de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat de Venezuela y del Consejo Directivo de Cedice Libertad.
