WSJ: Grandes petroleras de EE. UU. que intentan entrar en Venezuela se han topado con un muro
Casi siete meses después de la caída de Nicolás Maduro, las grandes petroleras estadounidenses aún no han concretado movimientos significativos en Venezuela.
Según el reporte de The Wall Street Journal, ExxonMobil, Chevron y otras importantes compañías petroleras compiten por un número limitado de los yacimientos más atractivos del país, pero varias negociaciones clave se han estancado en las últimas semanas, según fuentes cercanas a las conversaciones.
La administración Trump esperaba que las grandes compañías firmaran rápidamente acuerdos de inversión para reactivar la producción en el país con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo. El objetivo era aumentar las exportaciones venezolanas para reforzar el suministro energético estadounidense, en un contexto en el que Irán sigue perturbando las rutas marítimas clave de Oriente Medio, que representan cerca del 20 % del petróleo y gas que se comercializa globalmente.
La Casa Blanca presiona a la presidenta interina Delcy Rodríguez para que acelere la recuperación de la producción antes de que termine el segundo mandato de Donald Trump.
Principales obstáculos
Competencia y condiciones: Las grandes petroleras están interesadas en los mismos activos premium, especialmente en la Faja del Orinoco y en Monagas. Buscan las mejores condiciones fiscales y regulatorias posibles.
Terremoto reciente: El sismo del mes pasado ralentizó las conversaciones y visitas técnicas.
Incertidumbre política y deudas pendientes: Ejecutivos temen la inestabilidad futura y aún no se han resuelto las indemnizaciones por las expropiaciones de la era Chávez. ConocoPhillips reclama unos 12.000 millones de dólares y Exxon alrededor de 1.000 millones.
Pocas se están lanzando realmente a la aventura”, resumió José Ignacio Hernández, profesor de derecho y consultor de Aurora Macro Strategies. “Es como organizar una jornada de puertas abiertas muy exitosa con cien interesados y que luego nadie llame”.
Las negociaciones las lidera directamente Pdvsa, que mantiene reuniones bilaterales y hace ofertas privadas. Algunas empresas estadounidenses, acostumbradas a licitaciones públicas transparentes, han pedido mayor intervención de funcionarios de Washington. Hasta ahora, el gobierno interino ha preferido dejar que el proceso siga su curso sin declarar ganadores.
Posiciones de las grandes petroleras
ExxonMobil: Ha mostrado una postura ambivalente. A pesar de que su CEO, Darren Woods, calificó a Venezuela de “no apta para la inversión” en enero, la compañía intentó adquirir varios bloques atractivos, pero se retiró cuando no le ofrecieron el paquete que buscaba. Además, descubrió daños graves en la infraestructura de Cerro Negro, lo que elevaría el costo de reactivación a miles de millones de dólares.
Chevron: Es la única gran petrolera estadounidense activa actualmente. Ha elevado su producción a casi 300.000 barriles diarios mediante mejoras operativas, sin grandes inversiones de capital nuevas. Aboga por crear un marco más competitivo y predecible para atraer inversión extranjera.
En total, la producción venezolana alcanzó 1,07 millones de barriles diarios en junio, frente al promedio de 937.000 barriles del año pasado (datos Opep). Lejos aún del pico histórico de 3,4 millones de barriles diarios de 1998.
Giro hacia las pequeñas y medianas empresas
Ante la cautela de las majors, la administración Trump y el gobierno interino están poniendo mayor atención en compañías independientes más pequeñas y ágiles, varias de ellas cercanas al círculo de Trump: HKN Energy (Ross Perot Jr.), Hunt Oil y Crossover Energy ya han firmado acuerdos preliminares.
El gobierno parece abierto a que cualquiera que quiera invertir, lo haga”, señaló Schreiner Parker, analista de Rystad Energy. Sin embargo, advirtió que los proyectos de crudo pesado de la Faja del Orinoco requieren fuerte inversión de capital, planificación a largo plazo y alta tolerancia al riesgo, similares a los desarrollos en aguas profundas.
Pdvsa distribuyó recientemente una lista con dos docenas de acuerdos de producción compartida. Estos términos resultan más atractivos para las empresas independientes que para las grandes petroleras, que priorizan asegurar grandes reservas a largo plazo.
El peso del pasado
El historial de expropiaciones (1976 y 2007) sigue pesando. “Han sufrido dos reveses”, dijo Francisco Monaldi, del Instituto Baker de Políticas Públicas de Rice University. “Llegará a la junta directiva y alguien preguntará: ‘¿No aprendimos la lección?’”.
A pesar de todo, varios ejecutivos reconocen que las ganancias potenciales son enormes para quien logre posicionarse en los mejores yacimientos, especialmente en crudo pesado de la Faja del Orinoco (preferido por las refinerías estadounidenses) y en los campos de crudo ligero de Monagas, que sirven como diluyente.
