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Reencuentro en Chile con su madre 30 años después: lo robaron en dictadura cuando era bebé

Su caso refleja una práctica que afectó a miles de familias chilenas entre las décadas de 1970 y 1980. Investigaciones y estimaciones oficiales señalan que más de 20.000 menores fueron separados de sus padres, principalmente de sectores vulnerables e indígenas, y enviados al extranjero mediante redes de adopción fraudulentas

Más de tres décadas después de haber sido separado de su familia biológica, Kyle Adler logró reencontrarse con su madre en Chile y comenzar a reconstruir una historia marcada por una de las heridas más profundas de la dictadura de Augusto Pinochet: las adopciones ilegales de miles de niños.

Adler, quien reside actualmente en Denver, Estados Unidos, descubrió hace pocos años que había sido sustraído cuando era un bebé y entregado en adopción de manera irregular a una familia estadounidense. Tras una larga búsqueda impulsada por pruebas de ADN y organizaciones dedicadas a la reunificación familiar, pudo abrazar por primera vez a su madre biológica, Ana María Navarrete, en Santiago de Chile, reseña Infobae.

Su caso refleja una práctica que afectó a miles de familias chilenas entre las décadas de 1970 y 1980. Investigaciones y estimaciones oficiales señalan que más de 20.000 menores fueron separados de sus padres, principalmente de sectores vulnerables e indígenas, y enviados al extranjero mediante redes de adopción fraudulentas.

Cuando Kyle tenía apenas nueve meses de nacido, una cuidadora lo entregó a una pareja estadounidense con la intermediación de un sacerdote local. Su madre, Ana María Navarrete, tenía 19 años y trabajaba largas jornadas en Coronel, una localidad pesquera del sur de Chile.

Al regresar a casa un día, descubrió que su hijo había desaparecido.

Durante décadas, Navarrete buscó respuestas sin obtener justicia. Mientras tanto, Kyle creció en los suburbios de Chicago sin conocer los detalles de su origen.

Según relató a la agencia AP, sus padres adoptivos, Mike y Connie Adler, desconocían las irregularidades que rodearon la adopción y lo criaron con afecto.

Mis padres no me robaron. Ellos me dieron amor y me ayudaron a convertirme en quien soy”, expresó.

La muerte de sus padres adoptivos en 2022 llevó a Adler a profundizar en la búsqueda de sus raíces. Años antes había iniciado un proceso personal para comprender su identidad, apoyado por terapia e investigaciones genealógicas.

En 2017 contactó a la organización chilena Nos Buscamos, especializada en localizar a personas separadas de sus familias por adopciones irregulares. Poco después, la entidad logró identificar a su madre biológica y organizó un primer encuentro virtual entre ambos.

La confirmación definitiva llegó gracias a una prueba genética facilitada por organizaciones como Connecting Roots y la plataforma MyHeritage, que corroboró el vínculo familiar.

El esperado reencuentro ocurrió en el aeropuerto de Santiago. Madre e hijo se abrazaron entre lágrimas después de más de 30 años de separación.

Estoy tan feliz de conocerlo por fin. Se cumplió mi sueño”, afirmó Navarrete.

Durante una semana recorrieron lugares clave de su historia familiar, incluyendo la ciudad de Coronel, el hospital donde nació Adler y la vivienda desde donde fue sustraído. También recuperaron documentos originales y compartieron fotografías, recuerdos y objetos que habían conservado durante años.

Aunque Kyle no habla español, la ayuda de traductores y herramientas tecnológicas facilitó la comunicación con su familia.

Entidades como Connecting Roots, Nos Buscamos y Grafting Hope han desempeñado un papel fundamental en la identificación de víctimas de adopciones ilegales y en la reunificación de familias separadas durante la dictadura.

Mediante bases de datos, investigaciones genealógicas y pruebas de ADN gratuitas, estas organizaciones han logrado reunir a cientos de personas con sus familiares biológicos y visibilizar una problemática que todavía busca respuestas judiciales.

Tyler Graf, fundador de Connecting Roots y también víctima de una adopción irregular durante la dictadura, acompañó a Adler durante su viaje a Chile.

Ahora es momento de reparar estas familias y devolverles la posibilidad de saber de dónde vienen”, señaló.

Las investigaciones apuntan a la participación de diversos actores en estas redes de adopción, incluidos funcionarios públicos, jueces, médicos, enfermeras y representantes de instituciones religiosas.

Sin embargo, pese a la magnitud de los hechos, las víctimas denuncian que el Estado chileno aún no ha establecido mecanismos integrales de reparación ni ha sancionado a la mayoría de los responsables.

Para Ana María Navarrete, el reencuentro con su hijo significó recuperar parte de lo que le fue arrebatado, aunque el dolor por los años perdidos permanece.

Quiero justicia. No solo para mí, sino también para él”, afirmó.

Adler, por su parte, resumió el significado de esta nueva etapa con una frase que emocionó a su familia: “No soy solo el hijo que perdiste. Soy el hijo que encontraste y ahora vuelvo a ser tu hijo”.

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