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Macron promete castigos tras disturbios y saqueos durante protestas masivas en Francia

La movilización nacional contra el aumento del costo de vida se descontrola en Francia, con 1.200 detenidos y cientos de heridos. La violencia y los saqueos marcan una jornada de protestas que pone en jaque al gobierno de Macron.

Un anciano con máscara antigás simboliza la desesperación de un país en crisis. Francia enfrenta una jornada de movilización nacional que se ha tornado violenta, marcada por saqueos, incendios y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. Las protestas, impulsadas por el aumento del costo de vida, han reunido a cientos de miles de personas en diversas ciudades, pero los incidentes han desviado la atención hacia el caos en las calles.

El último balance de la jornada, que aún está por confirmarse, reporta 1.200 detenidos y 150 policías y gendarmes heridos. Los disturbios han causado daños a edificios públicos y comercios, con el ayuntamiento de Limoges sufriendo un incendio devastador y daños en dependencias municipales en Marsella y Lille.

En París, las escenas de violencia son alarmantes: vehículos quemados y tiendas saqueadas. Grupos de manifestantes intentaron acercarse a zonas clave, como los Campos Elíseos y el entorno del Elíseo, la sede presidencial. Emmanuel Macron ha dejado claro que los responsables de estos ataques enfrentarán la justicia, advirtiendo que quienes han destrozado y saqueado serán perseguidos y castigados.

El ministro de Justicia, Gérald Darmanin, ha exigido una respuesta judicial "extremadamente firme" contra los autores de los disturbios, pidiendo a los fiscales que soliciten prisión preventiva para aquellos que ataquen a las fuerzas de seguridad y edificios públicos. Calificó la violencia urbana como de una gravedad excepcional y reiteró sus instrucciones ante la continuidad de los incidentes.

La protesta, convocada en redes sociales bajo el lema "Amarillos y Jóvenes", busca unir a los chalecos amarillos de 2018 y 2019 con estudiantes, agricultores y activistas. Según el Ministerio del Interior, la participación alcanzó las 550.000 personas, mientras que los organizadores elevan la cifra a 800.000.

El descontento por la pérdida de poder adquisitivo se suma a las demandas de los estudiantes de secundaria, que protestan desde septiembre por la falta de profesores y las deficiencias educativas. Las alzas en los precios de los carburantes, exacerbadas por la guerra en Oriente Medio, han intensificado la presión sobre los hogares. Franck, un funcionario que participó en una concentración en Guéret, expresó: "A finales de mes ya no me queda nada, los precios suben pero los salarios no. No podemos más, nos ahogamos."

El primer ministro, Sébastien Lecornu, ha defendido que el Gobierno no se dejará intimidar y ha señalado a La Francia Insumisa (LFI), el partido de Jean-Luc Mélenchon, como instigador de la movilización. Por su parte, Mélenchon ha rechazado cualquier vínculo entre los manifestantes y los saqueos, cuestionando la gestión policial de las manifestaciones. El alcalde de París, Emmanuel Grégoire, ha denunciado la destrucción de "calles enteras" en la capital.

Las protestas se producen en un contexto crítico para el Gobierno, que intenta aprobar los presupuestos de 2027, que incluyen un ajuste fiscal de 54.000 millones de euros. La convergencia de la indignación estudiantil con el descontento general por los precios y los servicios públicos plantea un nuevo desafío para el Ejecutivo a solo seis meses de las elecciones presidenciales.

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