León XIV confiesa que no quería ser Papa: "Cuando el Señor llama hay que decir “sí”
La histórica visita del papa León XIV a Cataluña vivió este miércoles uno de sus momentos más emotivos y sociales en pleno corazón de Barcelona, durante un encuentro con entidades de caridad y asistencia diocesanas en la iglesia de Iglesia de Sant Agustí, en el barrio del Raval.
Ante unas 400 personas, el Pontífice puso en valor el trabajo de quienes atienden a los más vulnerables y destacó el “esfuerzo y dedicación” de estas organizaciones, subrayando que su labor resulta esencial porque la caridad, dijo, constituye el mayor mandamiento social.
El momento más conmovedor de la jornada se produjo durante un diálogo con los más pequeños. Un niño de seis años, identificado como Renzo, tomó la palabra para leer una carta que conmovió al auditorio por la sinceridad de sus preguntas, en las que abordó desde inquietudes personales hasta cuestiones sociales de gran calado, reporta El Mundo, de España.
¿Por qué hay gente que le pasan cosas malas y a otros no? ¿Por qué hay tantas personas que viven en la calle? Nadie los ve, nadie los ayuda. ¿Cómo podemos ayudar? ¿Dios quiere que haya pobres y ricos? ¿Por qué hay tantos abuelos solos? ¿Hay que perdonar siempre?”, preguntó el menor ante la atenta mirada del Pontífice.
El papa respondió con cercanía y un tono distendido, incluso con momentos de humor al ser consultado sobre su vocación. “No quería ser Papa ni de joven ni de viejo, pero cuando el Señor llama… hay que decir ‘sí’”, expresó, al tiempo que explicó que su camino estuvo ligado a la orden de San Agustín y que lo esencial, por encima de cualquier cargo, es ser “amigo de Jesús”.
Durante el encuentro, el Pontífice aprovechó las preguntas sobre los mayores para lanzar un mensaje firme contra la soledad y el abandono de los ancianos. Subrayó que los abuelos cumplen un papel clave en la transmisión de valores y en la formación de las nuevas generaciones.
Tengamos nuestro corazón abierto a todos ellos; y aunque no sean nuestros abuelos, no permitamos que se sientan solos ni desprotegidos. Si no queremos la soledad para nosotros, tampoco debemos permitirla a los demás”, afirmó de manera tajante.
En el cierre del acto, el papa instó a las entidades eclesiásticas a convertirse en “testimonios creíbles de la esperanza cristiana”, en un contexto en el que, según advirtió, se estaría perdiendo el “sentido de la dignidad sagrada del ser humano”. Asimismo, llamó a las comunidades a acercarse con delicadeza y perseverancia a las heridas de los más pequeños, reafirmando que la caridad evangélica constituye la base de la identidad cristiana.
