La Meca estuvo en la mira de los rebeldes hutíes de Yemen
La ciudad más sagrada del islam, La Meca, estuvo en la mira de los rebeldes hutíes de Yemen, respaldados por Irán, en un intento de ataque que desató una ola de condenas en la región. Sin embargo, estas reacciones se han quedado en palabras vacías, sin señales de un respaldo militar efectivo para Arabia Saudita, un aliado clave de Estados Unidos. El reino ha subrayado que la seguridad de La Meca es una "línea roja", en un contexto donde se intensifica la guerra abierta con Irán.
El coronel Turki al Maliki, portavoz de la coalición liderada por Riad, informó que las defensas aéreas interceptaron y destruyeron un dron antes de que pudiera ingresar al espacio aéreo restringido sobre la ciudad. Por su parte, los hutíes negaron haber lanzado proyectiles hacia La Meca, afirmando que sus objetivos eran instalaciones petroleras y bases militares saudíes, situadas a 1.100 kilómetros de la frontera yemení.
Para comprender la gravedad de la situación actual, es esencial recordar el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel llevaron a cabo una ofensiva conjunta contra Irán, con el objetivo de frenar su programa nuclear y de misiles. Este bombardeo resultó en la muerte del líder supremo Ali Khamenei y otros altos mandos. Aunque se alcanzó un alto el fuego el 8 de abril, la tregua no detuvo la escalada de los actores alineados con Teherán en la región, incluidos los hutíes.
El intento de ataque contra La Meca marca el segundo episodio de este tipo desde que los rebeldes dispararon un misil balístico hacia la ciudad en 2017. Sin embargo, las circunstancias han cambiado radicalmente. Los hutíes han tomado el control de varias islas en el estrecho de Bab el-Mandeb y están hostigando el tráfico marítimo en el mar Rojo, además de atacar la infraestructura energética saudita. Mientras tanto, Irán continúa dirigiendo ataques contra buques en el estrecho de Ormuz.
Las reacciones de condena llegaron rápidamente, pero sin gestos de acción conjunta. El primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, expresó su solidaridad "inquebrantable" con Riad, y el canciller turco rechazó cualquier indiferencia ante el ataque, según la agencia estatal Anadolu. La Organización de Cooperación Islámica, que agrupa a 57 países de mayoría musulmana, también denunció la violación de la "santidad de los lugares sagrados".
Sin embargo, estas declaraciones contrastan con la inacción del recién firmado Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca, que estipula que un ataque armado contra cualquiera de los tres países firmantes debe considerarse un ataque contra todos. Fuentes turcas y paquistaníes confirmaron que Riad no ha solicitado apoyo formal en respuesta a la escalada hutí, y un funcionario turco señaló que el pacto aún necesita "institucionalizarse" antes de ser operativo.
La dimensión energética añade presión sobre el reino, ya que un oleoducto clave permanece cerrado tras un ataque atribuido a milicias iraquíes vinculadas a Irán. Esto ha llevado a Arabia Saudita a buscar rutas alternativas para su crudo en un momento en que también necesita refuerzos militares. El precio del petróleo se mantiene por encima de USD 100 el barril, y el flujo por el estrecho de Ormuz, que oscila entre 5 y 7 millones de barriles diarios, sigue siendo menos de la mitad de lo que era antes del inicio del conflicto.
Según funcionarios regionales, Arabia Saudita ha solicitado a Francia, Reino Unido, Pakistán y Egipto el despliegue de equipos de defensa antiaérea para compensar el agotamiento de su arsenal de interceptores, afectado por el conflicto con Estados Unidos e Irán. A pesar de esto, un segundo funcionario indicó que la prioridad actual es "dar una oportunidad a la diplomacia", con Omán y Egipto como mediadores.
Estados Unidos, por su parte, mantiene una postura de bajo perfil. El vicepresidente JD Vance afirmó que Washington ha mantenido "contacto constante" con Riad y ha tenido conversaciones directas con los hutíes. Mientras tanto, el Mando Central estadounidense (Centcom) confirmó la existencia de un grupo de trabajo dedicado a reforzar el intercambio de inteligencia con las fuerzas sauditas, aunque sin detallar un compromiso mayor.
En un plano paralelo, el canciller iraní, Abas Araqchi, se reunió esta semana en China con su homólogo Wang Yi, quien pidió contención a Washington y Teherán y reclamó la reapertura plena del estrecho de Ormuz. Araqchi habló de un diálogo regional en marcha "para restaurar la calma", en sintonía con la propuesta del presidente chino, Xi Jinping, de contribuir a poner fin a la guerra.
