La cúpula de Barceló: un fiasco presupuestario en la ONU
El compromiso de España con la ONU en 2007 se ha transformado en un escándalo presupuestario que deja en evidencia la ineficiencia en la gestión de recursos públicos. En aquel entonces, bajo el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, se acordó contribuir con una obra de arte de un artista español y la remodelación de la sala de conferencias en Ginebra, lo que llevó a la creación de la fundación ONUArt.
El proyecto, que se estimó en 3 millones de euros, fue respaldado por entidades como el Ministerio de Asuntos Exteriores, varias cajas de ahorro y empresas privadas. Moratinos, entonces ministro, tomó las riendas del Patronato, mientras Zapatero operaba desde las sombras. En 2024, el expresidente asumió la presidencia de la fundación, pero su renuncia ha sido reciente, según reporta The Objective.
La inauguración de la cúpula y la sala de conferencias, realizada por el rey Juan Carlos y Zapatero, marcó el inicio de un derroche que ha continuado sin tregua durante dos décadas. El costo final del proyecto se disparó a 20 millones de euros, de los cuales más de la mitad provino del Estado. Este incremento desmedido ha despertado la indignación y el desconcierto entre los ciudadanos, que ven en esta obra un claro despropósito.
La cúpula, diseñada por Miquel Barceló, no solo ha costado más de 8 millones de euros —mitad financiados por el Ministerio de Asuntos Exteriores—, sino que ha presentado problemas desde su instalación, comenzando a desprenderse poco después de su inauguración. Según Libertad Digital, la fundación permaneció inactiva entre 2009 y 2014, lo que plantea serias dudas sobre su efectividad y propósito real.
La única función aparente de ONUArt ha sido recaudar fondos para el mantenimiento de la cúpula, lo que ha llevado a cuestionar la transparencia y la gestión de los recursos públicos. Además, el año pasado, la fundación recibió una subvención directa de 1,5 millones de euros aprobada por el actual presidente Pedro Sánchez, lo que añade un nuevo capítulo a esta historia de descontrol financiero.
La cúpula de Barceló, más que un símbolo de arte contemporáneo, se ha convertido en un recordatorio de la falta de responsabilidad en la administración pública y los peligros de una gestión descuidada que se traduce en un galimatías presupuestario sin fin.
