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Elecciones en Brasil: la batalla más reñida en tres décadas

Más de 158 millones de brasileños están llamados a votar en unas elecciones históricas, donde la diferencia entre Lula y Bolsonaro es mínima. La posibilidad de un balotaje se asoma en el horizonte.

Más de 158 millones de votantes están habilitados para acudir a las urnas este domingo en Brasil, donde las elecciones se presentan como las más ajustadas de la historia democrática del país. Las mesas abrieron a las ocho de la mañana, hora local, y cerrarán a las 17, con un adelanto del ganador poco después. Esta es la primera vuelta y las encuestas sugieren que habrá un balotaje entre el presidente Luis Inácio Lula da Silva y el candidato conservador Flávio Bolsonaro, programado para el próximo domingo 25.

Además de los dos principales contendientes, hay otros diez postulantes que, aunque sin posibilidades, jugarán un papel crucial si se llega a un balotaje. También se votará por gobernadores, la renovación de la Cámara de Diputados y dos tercios del Senado, lo que convierte esta jornada en un evento decisivo para el futuro político del país.

Lula ejerció su derecho al voto en San Pablo, en Sao Bernardo do Campo, el lugar donde comenzó su carrera política. Con la bandera de Brasil en mano y acompañado de su vice Geraldo Alckmin, el exministro de Hacienda Fernando Haddad y la ministra de medio ambiente Marina Silva, se mostró confiado y aseguró que "los electores deberán elegir entre fortalecer el régimen democrático y la barbarie".

Por su parte, Bolsonaro votó inmediatamente después de la apertura de las mesas en su distrito de Río de Janeiro. Ante la prensa, declaró que su objetivo es "liberar al país" y que Brasil necesita un cambio para salir de "la era de atraso".

Las encuestas más recientes reflejan un panorama incierto. Un estudio de Datafolha publicado el sábado muestra a Lula con el 45% de los votos válidos, mientras que Bolsonaro lo sigue de cerca con 42%. Esta diferencia de solo tres puntos porcentuales es la más estrecha registrada entre los candidatos principales desde las elecciones de 1989, cuando se restauró la democracia en Brasil. Para la posible segunda vuelta, la ventaja de Lula se reduce aún más, a apenas un punto, según la misma consultora.

Otro sondeo de Atlas/Bloomberg confirma la tendencia: Lula tiene el 47% de los votos válidos frente al 44% de Bolsonaro. De continuar así, el balotaje sería inevitable, y el escenario se vuelve aún más apretado, con Lula liderando por solo 0,2 puntos porcentuales en un posible balotaje.

La elección se lleva a cabo con máquinas de votación, un sistema que ha estado en uso durante tres décadas, aunque cuestionado recientemente por el ex presidente Jair Bolsonaro. Sin embargo, un problema que inquieta a ambos candidatos es la creciente abstención, que podría perjudicar a Lula, ya que se ha observado que los sectores de menores ingresos son los que menos participan. A pesar de que el voto es obligatorio, las sanciones son simbólicas, y muchos votantes sienten que no habrá un cambio significativo, independientemente de quién gane. En la última elección, la abstención superó el 20% del electorado, y se teme que esta vez pueda ser similar o incluso mayor.

La campaña de 2026 se distingue por la menor movilización desde el regreso a la democracia y por ser la primera sin debates entre los principales candidatos. Una encuesta de Datafolha revela que el 47% de los encuestados se siente menos interesado en la contienda electoral. Para contrarrestar esto, el oficialismo ha instado a los mayores de 70 años, un sector conservador que apoya a Lula, a participar, aunque no están obligados a votar como en Argentina.

A nivel internacional, Estados Unidos parece apostar por la victoria de Bolsonaro, quien cuenta con el apoyo de su padre, Jair Bolsonaro, y mantiene un vínculo estrecho con la administración estadounidense. El secretario de Estado Marco Rubio ha expresado públicamente su respaldo al candidato conservador, criticando la gestión de Lula.

La Casa Blanca busca un control sin fracturas en la región. Desde la llegada de Donald Trump al poder, las elecciones presidenciales en América Latina han favorecido a candidatos alineados con Washington. Brasil, como la segunda economía del hemisferio, es clave para esta estrategia geopolítica, con influencia en la región gracias a sus fronteras con diez países.

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