Deportaciones desde EE. UU. empujan a migrantes a regresar al sur en rutas inesperadas
A media mañana en Ciudad de Guatemala, un avión de la aerolínea Eastern Air Express aterriza en la pista de la Fuerza Aérea. En silencio, descienden cerca de 50 personas escoltadas por personal del Instituto Guatemalteco de Migración. Son guatemaltecos deportados desde Estados Unidos, muchos aún con el uniforme gris y pantuflas de los centros de detención migratoria.
Uno de ellos es Olinda, de 31 años, originaria del norte del país. Cubre su rostro con la capucha y llora en silencio. Hace apenas unos meses vivía en Maryland, donde trabajaba con su esposo en una empresa de remodelación. Un control policial acabó con su vida allá: ambos fueron arrestados por no tener papeles
. Desde entonces, no ha vuelto a ver a su hija de 13 años. “Solo pude llamarla desde el centro de detención. Al principio pedí que la deportaran conmigo, pero desistí. No quería que pasara por esto”, dice entre sollozos, reseñó el País.
En el Centro de Recepción de Retornados, les dan comida, orientación legal y ayuda para iniciar de nuevo. Aunque el objetivo es hacer del retorno algo menos traumático, muchos, como Olinda, apenas logran contener el dolor.
Micaela, de 45 años, también fue deportada. Vivió 12 años en Estados Unidos, donde nacieron sus tres hijos. “Me detuvieron en mi casa. No entiendo cómo supieron que no tenía papeles”, comenta. Ahora, separada de ellos, solo piensa en cómo volver a reunirse. “No sé leer ni escribir. Todo será más difícil aquí”.
Aunque autoridades estadounidenses han hablado de un repunte en las deportaciones, los datos muestran otra realidad: entre enero y el 16 de julio de 2025, Guatemala recibió a 24.139 deportados, una reducción significativa frente a los 61.680 del año anterior. Sin embargo, el número de vuelos se ha mantenido alto, aunque muchos no viajan con el cupo completo. Analistas apuntan que podría tratarse de una estrategia del gobierno de Trump para dar la impresión de que las expulsiones siguen en aumento.
El perfil del deportado también ha cambiado: ahora, la mayoría son personas detenidas dentro del país, y no en la frontera. En mayo, por ejemplo, las detenciones en la frontera suroeste cayeron más de un 90 % respecto al mismo mes de 2024.
El país, tradicionalmente expulsor de migrantes, hoy también se convierte en lugar de paso hacia el sur. Es el caso de David, un joven venezolano de 16 años que llegó con su madre Marisol tras fracasar en su intento por alcanzar Estados Unidos. Vivieron ocho meses en las calles de Ciudad de México y ahora trabajan limpiando vidrios y vendiendo dulces en el centro histórico guatemalteco.
“Nos devolvimos porque no aguantábamos más”, explica Marisol. Su esperanza de obtener asilo se esfumó tras la cancelación de CBP One y el parole humanitario. Como ellos, miles de migrantes de América Latina ahora dan marcha atrás, enfrentando nuevas barreras y viejos temores.
