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China exhibió su poderío militar con la presencia de Putin y Kim Jong-un

Mientras Europa ha intentado marginar a Putin y reducir su margen de maniobra, la imagen del mandatario ruso rodeado de aliados poderosos ha puesto en entredicho la efectividad de esa estrategia. “Rusia está intentando demostrar que, aunque ha sido aislada del mundo occidental, todavía cuenta con socios y aliados que son países económicamente fuertes", explicó Natia Seskuria, investigadora asociada del Royal United Services Institute (RUSI), citada por CNN

Durante una serie de eventos en territorio chino, el presidente de Rusia, Vladimir Putin se mostró junto a sus homólogos Xi Jinping (China), Narendra Modi (India), Masoud Pezeshkian (Irán) y Kim Jong Un (Corea del Norte) proyectando la imagen de un bloque dispuesto a desafiar la hegemonía occidental y a sostener la guerra en Ucrania.

La presencia conjunta de los mandatarios, según el análisis de CNN, no solo subrayó el respaldo que Moscú recibe de China, India, Irán y Corea del Norte, sino que también ilustró la emergencia de una alianza pragmática que trasciende simpatías personales. Más de tres años después del inicio de la invasión rusa a Ucrania, la capacidad de Rusia para mantener el conflicto depende en gran medida del apoyo financiero de China e India, el suministro de armamento iraní y, en menor medida, de la provisión de personal norcoreano.

El mensaje transmitido desde la cumbre y el desfile militar organizados por China fue inequívoco: la arquitectura de seguridad europea debe adaptarse a una realidad en la que el aislamiento de Rusia por parte de Occidente no ha logrado debilitar su economía ni su capacidad bélica.

Mientras Europa ha intentado marginar a Putin y reducir su margen de maniobra, la imagen del mandatario ruso rodeado de aliados poderosos ha puesto en entredicho la efectividad de esa estrategia.

Natia Seskuria, investigadora asociada del Royal United Services Institute (RUSI), explicó a CNN que “Rusia está intentando demostrar que, aunque ha sido aislada del mundo occidental, todavía cuenta con socios y aliados que son países económicamente fuertes... Y este aislamiento no significa que la economía rusa vaya a colapsar o que Rusia no pueda sostener su esfuerzo de guerra”.

El orden internacional surgido tras la Guerra Fría enfrenta una amenaza tangible de desintegración. Mientras Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump y su política de “America First”, ha reducido su implicación global, Europa lidia con el auge del nacionalismo de extrema derecha y presiones económicas internas. Este contexto ha abierto una oportunidad para que potencias como Rusia, China e India impulsen una reconfiguración del sistema internacional.

John Lough, director de política exterior en el think tank New Eurasian Strategies Centre, señaló a la cadena de noticias norteamericana que “el dominio establecido de la alianza occidental en los asuntos internacionales está retrocediendo, y ellos ven la oportunidad de empezar, de manera seria, a rediseñar el sistema internacional”.

La respuesta de Trump a estos movimientos no se hizo esperar. En un mensaje dirigido a Xi Jinping, escribió: “Por favor, da mis más cálidos saludos a Vladimir Putin y Kim Jong Un, mientras conspiran contra Estados Unidos de América”.

A pesar de la cordialidad exhibida en China, el enfoque de Beijing y Nueva Delhi respecto a la guerra en Ucrania se rige por el pragmatismo. Ambos países mantienen una postura oficial de neutralidad, pero han proporcionado a Rusia un salvavidas financiero al incrementar sus compras de petróleo y carbón rusos, especialmente tras la imposición de sanciones occidentales. Este flujo de recursos ha permitido a Moscú sortear las restricciones y mantener su maquinaria de guerra.

El vínculo no se limita al sector energético. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha identificado que empresas chinas e indias suministran a Rusia tecnologías de doble uso, como chips y equipos de telecomunicaciones, que resultan esenciales para la industria militar rusa ante la escasez provocada por las sanciones.

A pesar de este apoyo, ni China ni India buscan un enfrentamiento directo con Occidente, aunque sí ven con buenos ojos que Rusia promueva una agenda contraria a los intereses occidentales. Según Seskuria, “China está mucho más cerca de Rusia en cuanto a la multipolaridad y la reducción de la influencia occidental en general. Existe una afinidad ideológica y también un interés económico puro”.

Mientras tanto, Irán y Corea del Norte han consolidado su respaldo a Rusia. La teocracia iraní, ya sancionada y aislada por Occidente, aportó conocimientos para mitigar el impacto de las sanciones y, de manera decisiva, suministró el dron Shahed, que ha transformado la estrategia militar rusa en Ucrania. Ambos países han firmado acuerdos de asociación y realizado maniobras militares conjuntas.

No obstante, la alianza tiene límites: Putin no intervino cuando Irán fue atacado por Israel y Estados Unidos, ni cuando el régimen de Bashar al-Assad cayó en Siria.

En el caso de Corea del Norte, la relación con Rusia es eminentemente transaccional. Según Seskuria, “no tienen mucho que perder, en el sentido de que no existe una opinión pública ni resistencia que pueda oponerse a la decisión de Kim de enviar tropas a Ucrania”. Rusia, necesitada de efectivos, encuentra en Pyongyang un socio dispuesto a proporcionar personal en un conflicto marcado por un elevado número de bajas.

El despliegue de poder militar y diplomático en China buscó enviar una señal clara. Lough lo resumió así: “Aquí tenemos este símbolo de un grupo de países que no son necesariamente los mejores amigos, pero que comparten intereses estratégicos comunes y que pueden alinearse para mostrar a Estados Unidos y sus aliados que son una fuerza a tener en cuenta”. Añadió que, aunque la situación resulta inquietante, la sostenibilidad de esta alianza aún está por verse.

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