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Canadá busca una alianza sin precedentes con Europa ante la presión de EE.UU.

En medio de tensiones comerciales, líderes europeos y canadienses se reúnen en Montreal para discutir una asociación que podría redefinir sus lazos económicos y de defensa. Sin embargo, la propuesta de “miembro asociado” enfrenta resistencia interna en la UE.

En un contexto de creciente tensión comercial, el primer ministro canadiense Mark Carney ha convocado a líderes europeos en Montreal, donde la propuesta de una alianza sin precedentes busca estrechar lazos en un mundo donde la dependencia de EE.UU. se vuelve cada vez más cuestionable. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, están allí para una cumbre de dos días que busca profundizar los vínculos comerciales y de defensa entre Canadá y Europa.

Von der Leyen, en declaraciones realizadas el jueves, alertó sobre el uso de las relaciones económicas como herramientas de presión, una dinámica que, aunque no mencionó directamente a Donald Trump, resuena con las políticas del presidente estadounidense. “Cuando el comercio se convierte en una herramienta de presión económica, son las familias las que pagan el precio”, afirmó, enfatizando cómo la soberanía nacional está bajo amenaza en este nuevo orden mundial.

El temor a la dependencia de un único proveedor de energía o recursos críticos se hace palpable, y Von der Leyen planteó la necesidad de una cooperación más robusta entre naciones de confianza para salvaguardar la seguridad económica. Sin embargo, la propuesta de designar a Canadá como “miembro asociado” de la UE enfrenta resistencia de varios Estados miembros, quienes cuestionan tanto la estructura como el nombre de esta nueva asociación.

A pesar de la oposición, Von der Leyen se mantiene firme. “Canadá no puede convertirse en un miembro de pleno derecho de la Unión Europea por razones geográficas, pero ambos queremos llevar nuestra relación al nivel más alto posible”, insistió, describiendo la propuesta como una “asociación sin adhesión” que podría acercar a Canadá más que cualquier acuerdo previo con un país no miembro.

El asesor especial del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, Anand Sundar, señaló que la resistencia de países como Francia y Alemania podría complicar la designación, lo que podría no sobrevivir a la cumbre. “El hecho de que los Estados miembros hayan rechazado la formulación de la membresía asociada es muy embarazoso para von der Leyen”, afirmó.

Carney, por su parte, se mostró optimista sobre las futuras negociaciones. “No importan los nombres específicos ni la nomenclatura”, declaró. “Lo que importa es la diferencia que marcará en la vida de los canadienses.” La asociación, según él, podría abrir nuevas oportunidades para estudiantes, empresas e investigadores canadienses y fortalecer la soberanía del país.

Se anticipa que la cumbre sirva como plataforma para lanzar una “Alianza para el Futuro”, un marco que busca una cooperación más estrecha en comercio, defensa y tecnología. Von der Leyen anunció que se firmará un acuerdo que permitirá a empresas e investigadores canadienses acceder a una red europea de supercomputadoras, reforzando así la cooperación en inteligencia artificial.

El contexto global está cambiando, y Canadá se posiciona como un actor clave en la reconfiguración de los vínculos económicos y de defensa. Sin embargo, el camino hacia una cooperación más profunda no está exento de obstáculos. La presión de Francia por imponer reglas estrictas de “Hecho en Europa” podría limitar el acceso de empresas canadienses a futuros gastos de defensa de la UE, mientras que Alemania aboga por una mayor inclusión.

Con un acuerdo de libre comercio ya en marcha, conocido como CETA, que eliminó la mayoría de los aranceles entre ambas partes, la cumbre de Montreal podría allanar el camino para un futuro más interconectado, aunque el desafío de diversificar las cadenas de suministro y reducir la dependencia de EE.UU. sigue siendo monumental.

La ventana política se abre, pero no hay atajos fáciles. “No existe un atajo mágico para reducir rápidamente la dependencia de Europa y Canadá de la economía y el ejército de Estados Unidos”, advirtió Tobias Gehrke, investigador del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. “Pero ahora, la ventana política está completamente abierta para dar un paso mucho mayor de lo que antes era concebible”.

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