Atentado en Cali: una red criminal detrás de la tragedia
El atentado en la base aérea Marco Fidel Suárez en Cali, ocurrido el 21 de agosto de 2025, dejó un saldo devastador: seis muertos, entre ellos un adolescente de 17 años, y más de 70 heridos. La explosión de uno de los dos vehículos cargados con explosivos no solo arrasó con vidas, sino que también causó daños a viviendas en las cercanías, revelando la gravedad del ataque que las autoridades atribuyen a la red urbana del frente Jaime Martínez, disidencia de las Farc bajo el mando de Iván Mordisco.
La investigación, divulgada por El Tiempo, sugiere que el ataque no fue un acto aislado, sino el resultado de una meticulosa planificación. La operación habría requerido una red de apoyo que se encargó de vigilar las rutas de ingreso, trasladar los camiones bomba desde el norte del Cauca y preparar la salida de los responsables que dejaron los vehículos frente a la guarnición militar.
Los furgones con explosivos partieron de la zona rural de Corinto, en el norte del Cauca. Los coordinadores del traslado, Carlos Steven Obando, alias El Mono, y Walter Esteban Yonda Ipía, jugaron papeles clave en la ejecución del plan. Yonda Ipía, tras conducir uno de los vehículos hasta el perímetro de la base, intentó huir después de la detonación, pero fue retenido por los habitantes de la zona. En tanto, alias Gramo, señalado como determinador del ataque, fue capturado posteriormente en Risaralda mientras intentaba viajar a España.
La Policía identificó a Sebastián Torres Caicedo, conocido como Black Woob, como el encargado de recoger a los conductores tras el ataque. El plan incluía llevarlos a un apartamento en Cali, previamente dispuesto para mantenerlos ocultos mientras las autoridades disminuían la presión. Por su parte, Sebastián Rojas Becerra, alias Shaggy, tenía la misión de recorrer en motocicleta las rutas de los furgones, alertando sobre patrullas y controles de seguridad.
Ambos operaban bajo la fachada de un negocio de gota a gota, lo que les permitía realizar seguimientos a los movimientos de la Fuerza Pública y verificar la seguridad de infraestructuras estratégicas en la región. Las capturas de Torres Caicedo y Rojas Becerra se llevaron a cabo durante allanamientos de la Sijín en Cali, donde se confirmó su pertenencia al frente Jaime Martínez, que recibe órdenes directas de Iván Mordisco.
Un fiscal de la Dirección Especializada contra las Organizaciones Criminales les imputó múltiples cargos, incluyendo concierto para delinquir agravado, terrorismo y fabricación de explosivos. Ambos acusados no aceptaron los cargos y un juez ordenó su prisión preventiva. En el transcurso de la operación, también fue detenida Erly Tatiana Montoya Quintero, compañera sentimental de Torres Caicedo, a quien se le hallaron dosis de estupefacientes, y fue imputada por tráfico de drogas.
La red de apoyo detrás de este atentado no solo revela la complejidad de las operaciones de las disidencias, sino que también pone de manifiesto la urgente necesidad de fortalecer la seguridad en la región para prevenir futuras tragedias.
