Editorial | ¿Por qué Delcy y no María Corina?
Esta es una interrogante que, desde el primer día, todos los venezolanos nos hicimos.
Vimos la “extracción” de Maduro, y era un escenario anunciado. El resultado fue de película. Una estrategia militar, con el menor daño colateral, lo hizo posible.
Hoy observamos que ese bisturí militar se traslada al campo político.
Los acontecimientos avanzan a pasos agigantados. En menos de un mes, en Venezuela hay una nueva Ley Orgánica de Hidrocarburos y una Ley de Amnistía.
Y ya nadie puede negar el diseño de semejantes instrumentos por la mismísima administración de Donald Trump, el presidente que extrajo no solo a Maduro, sino también el cáncer del régimen cubano de las arcas nacionales y su control en Miraflores.
A Maduro tan solo le faltó invitar al dictador de Corea del Norte, Kim Jong-un, al país para marcar aún más su afiliación al eje del mal.
Ese quiebre hoy nos da un respiro como nación libre, hoy bajo el tutelaje de la Administración Trump.
Es una deuda impagable del pueblo venezolano con los EE. UU.
Cerrando este episodio, sin fanatismo ni superficialidad en el análisis político sobre el acontecer inmediato y de mediano plazo, los venezolanos debemos preguntarnos:
¿por qué Delcy Rodríguez fue la operadora política designada por Donald Trump y no María Corina Machado?
Luego de ese análisis, tendríamos otra interrogante: ¿cuánto durará este período de la interina?
La Asamblea Nacional hoy está transformada. Los revolucionarios del PSUV votaron como “corderitos” por la reforma a la Ley Orgánica de Hidrocarburos y la Ley de Amnistía.
Sobre estas dos interrogantes, la ciudadanía debe buscar respuestas sin caer presa de los laboratorios de desinformación y manipulación que pagan en redes tanto el oficialismo como la seudooposición corrupta y negociada con el régimen, que manejó presupuestos con la mayor opacidad.
¿Será por eso que Trump optó por Delcy Rodríguez y no por María Corina Machado?
¿El antecedente de Juan Guaidó y sus 40 ladrones lo dejó marcado?
En aquella ocasión, la Casa Blanca, aun con todo el apoyo que brindó a aquel interinato, no pudo controlar los títeres de Leopoldo López, quien hoy aún pretende liderar a Venezuela.
María Corina Machado entregó su vida a la Nación y ella misma, en su interiorización, debe formularse esa pregunta y tener una o varias respuestas.
De ello podría depender incluso la estadía de Delcy Rodríguez en Miraflores.
Venezuela debe romper con una cultura política del mesianismo que tanto daño ha hecho.
Eso no es democracia.
Esa idiosincrasia propia de Latinoamérica tan solo ha traído miseria y corrupción.
Hay que romper con ese modelo atrasado para abrazar la esencia de la democracia en sus valores de pluralismo, alternabilidad, diálogo, alianzas y respeto a los ciudadanos.
Creemos firmemente que se ha aprendido la lección tras años de devastación. Repetirnos sería un pecado que nos aniquilaría.
En Venezuela, al día de hoy, podemos prefigurar que habrá una mejora económica real, no controlada por Miraflores.
Estamos próximos a entrar en otro orden que puede garantizar progreso social si hacemos las cosas bien.
La tutela anticaos la dirige el secretario de Estado, Marco Rubio, designado por Donald Trump, pero nos preguntamos desde esta casa editorial: ¿será suficiente?
¿Dónde está el aporte de nosotros como venezolanos?
Nos toca cambiar nuestra óptica para seleccionar políticos y estudiar con profundidad sus propuestas reales, el modelo político que quieren construir de sociedad y Nación. Eso pasa por debatir ideas, formular propuestas y lograr que nuestra ciudadanía tenga claridad y profundidad en el análisis político para una toma de decisión tan importante como es entregar una nación a un liderazgo.
¿Está preparada María Corina Machado para esta modalidad de hacer política, más allá del monopartidismo, y evaluar el entorno que la rodea?
Es la hora de un proyecto país con una “visión compartida y dirección colegiada”.
Es el momento de entregarle el poder a los ciudadanos, y eso pasa por sustituir el presidencialismo por el parlamentarismo; es devolverle valor y hacerle justicia a los Estados, rompiendo con el asfixiante centralismo que viene desde Caracas, controlando los destinos e incluso la operatividad administrativa de los más lejanos y pequeños municipios.
La administración Trump, además de velar por los intereses económicos, sabrá evaluar los movimientos de los actores políticos que, en tiempos de crisis, siempre generan nuevos liderazgos.
Esa es la historia; se trata de sociología política, y Venezuela renacerá con plenitud y autonomía como nación cuando todos, como ciudadanos, estemos formados en una nueva forma de hacer política.
Hay una deuda de la política: la capacidad probada de entrega y honestidad. En esa carrera se viene a servir y no a ser servido, siguiendo el mejor ejemplo de Cristo.
Esto es lo que determinará el lapso de tiempo del período de Delcy Rodríguez y quién, en el mañana, podría sustituir su figura.
Confiemos en Dios, que nos conceda luz y sabiduría a todos para ese histórico momento político que anhelamos.
Carlos Alaimo
Presidente-Editor
