Editorial: Los banqueros venezolanos no van al paraíso (IV)
En Venezuela cuando se toca el tema de malversación y distracción de fondos públicos y/o cualquier otra modalidad de corrupción solo nos remitimos a políticos, funcionarios públicos, a empresarios pero casi nunca revisamos el rol de la banca en este particular.
Escasamente a un banquero se les investiga y se les lleva a los tribunales.
El caso más notorio fue el de Víctor Vargas Irausquin en el sonado caso del Banco Occidental de Descuento (BOD). Hizo grande fortuna con una ingeniera financiera opaca extendida al Caribe y Panamá.
El hombre fue sagaz y su escuela influenció a otros.
Tanto movió tentáculos que el quebrado Nodus Bank de Puerto Rico, fue capaz de seguir emitiendo dinero para su colega y principal accionista, Tomás Niembro Concha, incluso después que la entidad fuera intervenida por el Estado tras la insolvencia y posterior quiebra que dejó sin ahorros a más de 3500 personas.
Los fondos que debieron resarcir los daños, se trasladaron a otros países donde tenían operaciones los mayoritarios del Nodus.
Y el poder de Vargas Irausquin le valía incluso para articular la famosa quiebra del Banco Orinoco NV en Curazao, propiedad de la matriz BOD. Quiso engañar a la justicia de Curazao, pero lo detectaron y obligaron a subsanar a los afectados por el desfalco con su propio patrimonio. El proceso sigue y hay causa penal.
Aquella banca de marca venezolana se había comenzado a expandir a países cercanos luego de que Chávez decretara el control cambiario.
Pero, ¿acaso el daño ocasionado al sector financiero se limita solo a esa entidad bancaria?
¿Es posible que se hayan evaporado 980 mil millones de dólares del saqueo a la nación sin la complicidad del modelo bancario diseñado por el Banco Central de Venezuela y la operatividad de todo el sistema bancario venezolano?
¿Qué rol jugó un Rodrigo Cabezas?, que fue un inútil en su papel como economista en el Ministerio de Finanzas.
Una ficha obediente a las instrucciones de Hugo Chávez Frías...
Abundaron los socialistas de “pacotilla y de café”.
Ese saqueo, entre aliados, testaferros hoy perseguidos y señalados en el mundo y un sistema corrupto, terminó por herir profundamente no sólo las arcas de la Nación, sino a las propias familias que vieron cómo su economía doméstica se hizo pólvora.
No hubo protección y la gran operación criminal nos legó un país sin salud, sin seguridad y sin estabilidad. Desaparecieron empresas asfixiadas en la hiperinflación, se depreció el salario, se desmejorado todo.
Y al final, más de 9 millones de venezolanos terminaron huyendo del horror.
Nuestro éxodo representa el 30% de la población, siendo porcentualmente el más grande del hemisferio y uno de los mayores del mundo entero.
Una eventual transición no debe dejar de incluir en la agenda la justicia para el crimen, ni olvidar a los victimarios.
Venezuela debe instaurar un cinturón sanitario contra los banqueros que han hecho posible semejantes fraudes y siguen usando su poder para saltarse leyes y escapar una y otra vez. Basta ya de impunidad para esa casta criminal.
Varios han quedado al descubierto por el periodismo de investigación aguerrido, hay que seguir nombrándolos y señalándolos.
Carlos Alaimo
Presidente-Editor
