El diario plural del Zulia

Editorial | La lección de De Gaulle para Venezuela

Cuando las tropas aliadas desembarcaron en Francia en junio de 1944, Estados Unidos no veía todavía al gobierno encabezado por Charles de Gaulle como la autoridad legítima del país. Washington había preparado una administración militar aliada (el sistema conocido como AMGOT) y había impreso sus propios billetes, denominados en francos pero emitidos por el Tesoro norteamericano bajo autoridad militar estadounidense, para utilizarlos en los territorios liberados. Francia corría así el riesgo de pasar de la ocupación alemana a una forma de tutela aliada, liderada por Estados Unidos

De Gaulle se opuso frontalmente. Rechazó aquella moneda, instaló inmediatamente autoridades francesas en los territorios liberados y obligó a los aliados a reconocer que Francia no era un territorio conquistado, sino una nación soberana que se liberaba a sí misma. No expulsó a un aliado: le impuso límites. Su grandeza consistió en comprender que la libertad nacional podía perderse incluso entre quienes afirmaban venir a restaurarla.

Venezuela enfrenta hoy un dilema comparable, aunque no idéntico. Tras la caída de Nicolás Maduro, Washington ha adquirido una influencia determinante sobre la transición, ha respaldado a las autoridades provisionales y ha promovido negociaciones en las que María Corina Machado podria, si los venezolanos no lideran la lucha por su legitimidad, quedar parcialmente marginada o incluso excluida. Al mismo tiempo, la líder democrática, desde la posición estratégica, pragmática y progresista que la caracteriza, continúa considerando a Estados Unidos un aliado fundamental.

Por eso, el papel histórico que podría corresponderle a María Corina Machado de la mano de sus aliados y de la población general, no es únicamente el de vencer al chavismo 2.0 liderado por Delcy Rodríguez. Es también el de impedir que Venezuela cambie una dependencia por otra: que pase de la tutela cubana, rusa o iraní a una subordinación política, petrolera y estratégica frente a Washington.

Ser la De Gaulle venezolana exigiría agradecer la ayuda exterior sin entregar la soberanía; aceptar aliados sin reconocer tutores; y recordar que los recursos, las instituciones y el futuro del país pertenecen a los venezolanos. La verdadera liberación no consiste en cambiar de amo, sino en recuperar la capacidad nacional de proyectar y decidir, desde la democracia representativa, el futuro de los venezolanos.

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