Editorial | ¿Es la Plataforma Unitaria excluyente o insuficiente?
Muchos políticos siguen de espaldas al país; han sido incapaces de tomarle el “pulso” a la ciudadanía.
Perdieron ese “olfato” social de las generaciones del 28 y del 36, donde se apuñalaron las ideas modernas para el país, desde la educación, la economía, política y que luego debieron enfrentar la dictadura de Marco Pérez Jiménez.
Las mismas que fueron capaces de construir un modelo democrático una vez caído el régimen en 1958. Esos líderes no necesitaban de encuestas para saber qué aspiraba la gente, manteniendo una coherencia intelectual y política por el resto de sus vidas.
Hacían a su vez, ejercicio político intelectual, y ejercicio político físico, en la calle, en la plaza, cercanos siempre.
El intento de unidad política de oposición que hoy se establece no ha entendido en su justa y real dimensión cómo evalúa la ciudadanía a los partidos políticos.
En casi 80 años, los partidos siempre estuvieron sembrados en el corazón de las comunidades; los modelos organizacionales de AD y Copei fueron ejemplo de ello, pues en cada barrio o urbanización existía un “comité de base”, como lo identificaban los copeyanos, o una “casa del pueblo” para los adecos.
Pero esa estructura cercana, ese espacio de debate de primerísimo contacto, se “perdió en el camino”; peor aún, la gente le cierra las puertas a los políticos que van a hablarles de un partido que en el pasado representaba y usufructuaba la vocería de la oposición.
Ahora la confianza en los políticos es prácticamente nula y se incrusta como un error civil en el ideario nacional. Hay que reconsiderar ese pensamiento.
Con una oposición en ese estado, es poco lo que la única líder legitimada en primarias puede recibir del llamado G4 y la Plataforma Unitaria.
La “columna vertebral” de la democracia son los partidos y la participación ciudadana.
Por ello, es urgente restablecer las reglas democráticas reales en el Consejo Nacional Electoral, que se comiencen a abrir espacios a nuevos partidos y movimientos sociales, sin excluir la participación electoral de las iniciativas independientes.
Pero mientras ese tiempo llega, es imperativo que la propia María Corina Machado se coloque al frente de la estructura política de oposición y la extienda hacia lo social, donde puedan incorporarse sectores gremiales, sindicales, universitarios e iglesias.
Debe trascender a Vente Venezuela, su partido. Ella es premio Nobel de la Paz.
Y así como lideró a la oposición, hoy le tocará innovar con una estructura que haga política real para estar preparada ante la próxima contienda electoral una vez definido el momento.
Nuestra línea editorial está clara: siempre ha sido honesta, coherente y vertical. Soñamos con recuperar el país mediante un modelo de democracia transparente y sólida, que defienda las libertades y sostenga el estado de derecho que perdimos.
Las guías y las propuestas son variadas.
Citamos, por ejemplo, la necesidad de una Reforma Constitucional que haga posible una democracia bicameral, con doble vuelta electoral y una sola reelección, una posición clara contra la deformación horrenda de la reelección indefinida legada por Hugo Chávez, un primer paso lógico para construir las bases de un modelo político fuerte y de amplia base que sea capaz de enfrentar en el mañana a nuevos proyectos autoritarios que surjan del chavismo-madurismo que busquen sobrevivir con inventes recursos y hambre de poder y, así mismo, reconstruir una Nación con el modelo de una República Federal con regiones autónomas que permitan levantar la economía de los estados y, con ello, hacer más próspera a la nación.
