El diario plural del Zulia

Editorial: El Álvaro Uribe que conocí

Llegó a la Presidencia en 2002. Y aterrizaba en Nariño con un plan hilado finamente para neutralizar a la guerrilla, darle seguridad a los colombianos y meterlos de lleno como un país moderno y epicentro de turismo en el concierto internacional. 

Sin duda el hombre que cambió la historia de Colombia. Un fenómeno político de los que nace uno cada 100 años.

Para llegar a esta conclusión es importante estudiar la historia y podemos evidenciar que, con el Presidente Uribe Vélez, hay un antes y un después en las páginas que reseñan la vida de la hermana República

Llegó a la Presidencia en 2002. Y aterrizaba en Nariño con un plan hilado finamente para neutralizar a la guerrilla, darle seguridad a los colombianos y meterlos de lleno como un país moderno y epicentro de turismo en el concierto internacional. 

Todo pasaba por un enorme esfuerzo de alianzas y de una operación sin parangón desde lo militar y lo político.

Pero además tenía el torrente del apoyo popular que vio en él ese potencial de estadista que podía tomar el mando.

Y también sumaba, decretada de antemano, la amenaza real de un enemigo público como las Farc, que además, según su familia y él mismo, le habían marcado para siempre con el asesinato de su padre. 

Así, con todo ese universo de fuerzas, Uribe Vélez inició su recorrido para dejar una huella en una Colombia que recuerda, hoy más que nunca, que las Farc fueron desalojadas de los centros urbanos, y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) terminaron prácticamente desmovilizadas.

Tuvimos la oportunidad de analizar proyectos para acuerdos binacionales con él en 2018.  Años después de su salida, siendo Iván Duque Presidente de Colombia, se auspició una jornada en Maracaibo para la creación de una “Unidad Económica Zulia-Atlántico”.

Recordamos que el hoy Gobernador del Zulia, Luis Caldera, participó en aquel acercamiento estratégico siendo alcalde de Mara.

“Convertiremos a la Guajira en un Wall Street” decía una de las frases que proyectaba el calibre de los planes para esa zona.

Se diseñó un documento potente que luego entregaríamos personalmente a las autoridades de la Guajira colombiana, a la alcaldía de Barranquilla y que llegaría a las manos del propio Duque.

Uribe tuvo conocimiento del plan y, gracias a las gestiones de la senadora María Fernanda Cabral, el presidente Uribe nos recibió en su despacho del Senado para analizar las propuestas y debatir por más de una hora en una charla enriquecedora y directa. 

La respuesta de Uribe Vélez en aquel encuentro fue clara: “Hay que esperar que Venezuela cambie”, dijo.

Pero la desgracia estaba a la vuelta de la esquina para la propia Colombia con la llegada del comunismo de Petro, hoy aliado irrestricto de Nicolás Maduro y protector del modelo destructor de democracias.

La violencia y el empoderamiento de la guerrilla ha regresado. Bombazos en las capitales dan cuenta de ello. La polarización abre brecha en el país.

Aquella estrategia política-militar librada por Uribe para acabar con el terrorismo guerrillero de 70 años liderado por Manuel Marulanda, con la cual logró los avances más significativos hasta la fecha, reduciéndolas hasta casi su desaparición, hoy es vilipendiada por un Petro comunista, afín a las prácticas y los métodos de las Farc y con un ADN profundamente narcoguerrillero. 

Petro actúa en consecuencia como un resentido social. 

Su mayor expresión es haber nombrado como Ministro a un actor gay. Esto es una bofetada al colombiano que, independientemente de su posición partidista, es un hombre culto, honorable y de valores. 

Pero en el fondo es abanderado igualmente de la mentalidad franquiciada por Cuba y el castrismo, autoritario e interventor hasta la médula en el Estado, las copias modernas de un Luis XIV de Francia con la hipertrofia del poder: “El Estado soy yo”.

Petro ha logrado, como todo comunista en el poder, reventar instituciones e implosionar su independencia. Su mayor logro hasta ahora, controlar la administración de Justicia. Y así, con ese manejo, se llega a la sentencia de Álvaro Uribe. Esto no se trata de justicia, se trata de una venganza, muy personal además.

Esto es lo que está pagando el hombre que cambió la historia de Colombia, que llevó la seguridad a un nivel que nunca antes, en más de 40 años, habían sentido los colombianos. La modernización de la educación, la salud y las relaciones internacionales que impulsaron a Colombia como un polo hemisférico.

Sus indicadores socioeconómicos hablan por sí solos. 

La cultura cívica y democrática de Álvaro Uribe Vélez fue tan grande que entendió su tiempo y su espacio. Intentó buscar un tercer mandato en 2010, pero la Corte puso freno, y él terminó aceptándolo sin descargar el grandísimo poder que concentraba para destruir a la institución.

Los años habrán terminado de convencerle de que fue una decisión adecuada, aunque hoy el juego democrático, al igual que ocurrió en Venezuela, le haya dado lugar a sus propios destructores, o vea con, no poca reflexión, la tentativa de Bukele en El Salvador, para enquistarse en la presidencia aún con toda la modernidad y seguridad que este ha llevado a su país.

Sin temor a equivocarnos Uribe Vélez recibe hoy más una sentencia política que jurídica y por ello, desde la calle, estará recibiendo el apoyo en contra de esa sentencia que lo lleva por 12 años a un régimen de casa por cárcel.

Carlos Alaimo
Presidente Editor

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