Tres meses después de los sismos, familias de La Guaira aún esperan recuperar a sus seres queridos
Han pasado tres meses desde que dos fuertes sismos sacudieron la costa venezolana, pero para algunas familias la tragedia todavía no termina. Entre los restos de edificios como Jurel y Residencias Caribe, continúan las labores de búsqueda de personas que quedaron sepultadas tras los colapsos.
Una de esas historias es la de Cristian Verdú, de 23 años. El joven perdió a su madre, a su hermano y a su primo durante los terremotos. Mientras el cuerpo de su hermano pudo ser recuperado, los restos de su madre y su primo permanecen entre los escombros del edificio Jurel, en Playa Grande.
Verdú no se encontraba en el inmueble cuando ocurrió el terremoto. Había viajado a Naiguatá para participar en las celebraciones de San Juan Bautista. Esa circunstancia, según cuenta, fue la que le permitió sobrevivir.
Nunca la dejé sola estando en vida. El que conoció a mi familia, conoció a mi mamá y sabía que pasara lo que pasara, yo siempre estaba para mi mamá", relató.
El joven pasó cerca de dos meses intentando encontrar a su madre. Incluso instaló una carpa cerca del edificio para mantenerse pendiente de las labores de rescate, luego de que una búsqueda con drones permitiera determinar la ubicación de varios cuerpos.
La periodista Maryorin Méndez difundió en redes sociales un video en el que Verdú pedía ayuda para recuperar los restos de sus familiares. El caso comenzó a recibir mayor atención y voluntarios, entre ellos los Topos Mexicanos, intentaron avanzar en las labores, aunque las condiciones de la estructura representaban un riesgo.
El edificio Jurel, de 12 pisos, quedó severamente afectado. La madre de Verdú se encontraba inicialmente en el octavo piso y terminó entre los niveles inferiores tras el colapso de la estructura.
Casi dos meses después del terremoto, y cerca de su cumpleaños, Verdú anunció que dejaría de publicar sobre la búsqueda debido al agotamiento y la falta de recursos. Sin embargo, asegura que nunca abandonó completamente el objetivo de encontrar a su madre.
Se cerró el caso por redes sociales, pero la búsqueda no ha parado porque aún hay topos que quieren sacarla y quieren ayudarme", explicó.
El joven también mantiene la intención de continuar la búsqueda incluso si el edificio es demolido.
"El día que demuelan el edificio, el caso de mi mamá se reabre", afirmó.
Para Verdú, encontrar los restos de su madre representa la posibilidad de cerrar una historia que quedó inconclusa. Recuerda que antes del terremoto había compartido con ella y que incluso tuvieron una conversación que, con el paso de los meses, considera pendiente.
"Quedaron muchas cosas pendientes. Venía el cumpleaños de mi mamá y había un viaje pautado, pero la vida tenía preparada otra cosa", relató.
La situación se repite en otros puntos de La Guaira. En Residencias Caribe, familiares y voluntarios permanecen cerca de las estructuras colapsadas mientras esperan recuperar a quienes continúan bajo los escombros.
Angie Sojo lleva tres meses esperando por su esposo, Gustavo Adolfo Riascos Gómez, de 51 años. El hombre se encontraba en el segundo piso de la torre B cuando ocurrió el terremoto. Tras el colapso, su cuerpo quedó en el área del estacionamiento.
Sojo, quien también perdió su vivienda, permanece en un campamento instalado junto a las residencias. Allí comparte el espacio con vecinos y rescatistas que continúan participando en las labores.
"Primero dormíamos en un colchón todos y después nos empezaron a traer carpas", contó.
La situación en Residencias Caribe se ha complicado además por la acumulación de agua en los niveles inferiores, lo que ha obligado a utilizar bombas para reducir las inundaciones y facilitar los trabajos.
Sojo recuerda que el 24 de junio se encontraba trabajando en Caracas. Al regresar a La Guaira y encontrarse con el edificio destruido, comenzó a buscar a su esposo entre los restos.
Desde entonces, ella y su hija, de 20 años, esperan alguna señal que les permita recuperar su cuerpo.
Cada vez que los rescatistas logran sacar a otro vecino, Sojo experimenta sentimientos encontrados: alegría por una familia que puede cerrar su duelo y angustia porque todavía espera que llegue su turno.
"Causa ansiedad y a la vez alegría porque es otro vecino que sale", expresó.
Después de tres meses, las historias de quienes todavía buscan a sus familiares mantienen abierta una de las heridas más dolorosas que dejaron los terremotos en La Guaira: la espera de aquellos que aún no han podido despedirse de sus seres queridos.
