La Chinita desciende en una emotiva y multitudinaria Bajada dedicada a Venezuela
Dieron las 7:06 de la noche y el corazón zuliano se estremeció de emoción. Era la venerada reliquia de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, que comenzaba a descender de su camarín para reecontrarse, una vez más, con la grey que la ama y lucha, canta y ora.
Bajo una lluvia deslumbrante de pétalos de rosas y en un altar de elegancia austera y sencilla, Monseñor José Luis Azuaje, arzobispo de Maracaibo, recibió la sagrada imagen para ser posada solemnemente sobre su trono.
Engalanada con el manto verde "Consuelo de los Afligidos", La Chinita quedó lista para que los Servidores de María solicitaran el tradicional permiso de alzarla sobre sus hombros.
Al unísono de un conteo regresivo, el cielo marabino se iluminó con fuegos artificiales, una lluvia de papelillos y un clamoroso aplauso que acompañó el canto celestial de Los Chiquinquireños, quienes ofrecieron su serenata a la Reina Morena.

Así, la Dama del Saladillo dio inicio a su procesión por las calles del casco central, arropada por arreglos de flores blancas, la custodia de sus fieles Servidores y el amor incondicional de un multitudinario pueblo.
Durante la Eucaristía, Monseñor Azuaje Ayala instó a los venezolanos a superar las divisiones y a trabajar unidos en la edificación de una nación fundamentada en el reencuentro y el desarrollo humano.
Enfatizó que el verdadero fervor mariano exige un compromiso genuino con la solidaridad y la justicia social, destacando la necesidad imperiosa de construir un país incluyente donde "todos somos necesarios".
