Hospitales de La Guaira sirven de refugio temporal para familias del personal médico damnificado
A una semana del doble terremoto de magnitudes 7,2 y 7,5 que causó estragos en el país, el Hospital Naval Raúl Perdomo Hurtado de Catia La Mar refleja una tensa calma tras haber atendido el ingreso de 450 heridos y 100 fallecidos durante las primeras horas de la emergencia.
Actualmente, los pasillos del centro asistencial muestran una realidad particular: sirven de refugio temporal para los hijos y familiares de los propios médicos de la institución que resultaron damnificados tras perder sus viviendas.
A pesar de que el suministro eléctrico fue restituido en el centro de salud, el hospital opera con severas restricciones en el servicio de agua potable y carece de capacidad técnica para sumarse a las brigadas de inmunización extramuros.
"Hemos aplicado 700 dosis de vacuna antitetánica a pacientes que han acudido, pero no tenemos capacidad para salir en campaña de vacunación porque no tenemos el equipo para garantizar la cadena de frío", detalló un médico bajo estricta reserva de su identidad.
Esta misma limitación logística la comparte el hospital militar de campaña instalado por el contingente de Brasil al borde de la carretera, el cual depende exclusivamente de plantas eléctricas temporales.
La situación es especialmente compleja en los campamentos improvisados de La Guaira, donde se agolpan más de 15.000 damnificados en condiciones de hacinamiento. El panorama ha llevado a la Organización Panamericana de la Salud (OPS) a solicitar de urgencia 24 millones de dólares para contener el riesgo inminente de brotes epidemiológicos.
Paralelamente, delegaciones de Francia y Estados Unidos también han levantado puestos de socorro médico avanzados para descentralizar la presión hospitalaria.
En zonas con alta devastación estructural como Caraballeda, cerca de la playa Los Cocos, la respuesta civil organizada ha ganado terreno. Un grupo de seis médicos y veterinarios voluntarios procedentes de Valencia y Barquisimeto adaptó un antiguo local comercial para ofrecer asistencia sanitaria prehospitalaria y psicológica de emergencia.
Las brigadas no solo atienden traumatismos en el sitio, sino que recorren las edificaciones parcialmente afectadas para suministrar medicamentos y soporte emocional a personas de la tercera edad con patologías crónicas que se niegan a abandonar sus hogares.
